boca de pozo
Nuestra Tierra: el gobierno no la vio y el desconcierto es total
El clima político en el que se cocinó la derrota del oficialismo con la ley de tierras rurales.
La primera escena del documental Nuestra Tierra, de Lucrecia Martel, y la foto de Lo Celso con la bandera de las Malvinas, debió ser suficiente para intuir la trama cultural en la que iba a transcurrir la discusión sobre la reforma de la ley de tierras rurales. Se trata de un debate sobre la defensa de la soberanía; no sobre la pertinencia de otra flexibilización y las presuntas inversiones que eso conlleva.
Con la brújula desmagnetizada y totalmente desangelados en sus intervenciones públicas, el elenco que parecía abrirse paso a fuerzas de twittazos, ahora se limita a llorar presuntas violencias simbólicas de una comediante y organizar desmentidas contra Laura Di Marco.
Con la sesión del jueves en el Senado ya agendada y sin los votos para aprobarlo, La Libertad Avanza tuvo que sacar el capítulo de extranjerización del proyecto de propiedad privada. Es la quinta vez que el texto de Sturzenegger no llega al recinto entero. ¿Quién lo bajó? En la última milla fueron los gobernadores dialoguistas, pero el caldo empezó a cocinarse un 9 de julio 1816 y amalgamó un sentimiento transversal en torno a la defensa de la soberanía que atraviesa desde Victoria Villarruel a Emilia Mernes. No la vieron.
El oficialismo estiró la definición hasta último momento, esperando algún guiño de los gobernadores aliados. El guiño no llegó: este miércoles, uno por uno, salieron a mostrar las cartas y ordenaron votar en contra. Sin los 37 votos necesarios para el capítulo tres, la Casa Rosada decidió quitarlo del proyecto para no arriesgar el resto de la sesión de este jueves.
Uno a uno
Misiones. Fue el primero en salir. Horas antes de la reunión que terminó de sellar la caída del capítulo, Hugo Passalacqua difundió un video con la frase que resumió el clima de la semana: «Lo que amamos no se vende». El gobernador misionero fue tajante con sus senadores: no acompañarían «ninguna iniciativa que facilite la extranjerización» de las tierras de la provincia.
Tucumán. Osvaldo Jaldo desmarcó a sus dos senadoras, Sandra Mendoza y Beatriz Ávila, de la posición oficial. Ávila estaba anotada en el conteo de Patricia Bullrich como uno de los votos asegurados. Jaldo lo explicó con la épica de manera tan simple como sorpresiva: «Que vengan a invertir, no a apropiarse».
Salta. Gustavo Sáenz hizo lo mismo con Flavia Royón, otra senadora que Bullrich daba por segura. Pero el salteño también leyó que el clima social era demasiado adverso para avanzar con la iniciativa y no quiso pagar el costo.
Neuquén. Rolando Figueroa grabó su rechazo desde Varvarco, en el interior de la provincia, y lo bajó a un plano bien local: Neuquén ya le había mandado su propia ley a la Legislatura provincial para que las tierras sean «para los argentinos».
Era una jugada ambigua: mientras proponía una ley de tierritas con impacto local, a su Senadora Julieta Carroza la anotaban a favor del proyecto de extranjerización. Así lo había anticipado Nadia Márquez en el streaming LOOP. Pero el neuquino es más resbaladizo que la tierra que le da cobijo a la cuenca de Vaca Muerta, y del silencioso respaldo que esperaban recibir los libertarios pasó a un sonoro rechazo.
El 25% que no alcanzó
Bullrich no llegó a esta semana con las manos vacías. Había convencido a Sturzenegger de establecer un tope a la extranjerización, un gesto pensado exactamente para estos gobernadores. No alcanzó. La discusión, para cuando llegó el miércoles, ya no era técnica, era política, y el gobierno ya la había perdido antes de empezar.
Porque el debate no es en torno a la pertinencia de una ley de desregulación de la propiedad de las tierras que impulse las inversiones, sino sobre la defensa de la soberanía nacional. La oposición al proyecto de Sturzenegger catalizó un reclamo por la defensa de la soberanía y el Gobierno no puede ni imaginar lo que significan esos conceptos.
La interna que nadie apagó
Del otro lado del mostrador libertario tampoco hubo una sola voz. Sturzenegger, autor original del proyecto, ya había hecho fracasar una sesión anterior por no querer ceder terreno frente a los reclamos de los gobernadores. Esta vez se guardó las objeciones públicas, pero puertas adentro la resistencia fue real: en la UCR, bloque que el oficialismo necesita para el quórum, la mayoría tampoco estaba dispuesta a acompañar el capítulo tal como llegó. Bullrich terminó negociando con las dos manos —hacia afuera, con los gobernadores; hacia adentro, con su propio ministro— y ninguna de las dos negociaciones cerró a tiempo.
Muchas caras largas, cabildeo y pocas luces para defender públicamente la iniciativa.
El proyecto de propiedad privada llega igual al recinto este jueves, pero desarmado de uno de sus capítulos más filosos. Sobreviven los cambios al Código Civil sobre desalojos, la ley de Manejo del Fuego y las restricciones a expropiaciones. La extranjerización, en cambio, vuelve al freezer por quinta vez en el año.




