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Internacionales

Huione, Camboya y los límites del combate al lavado de dinero

Huione operó como centro de lavado de dinero durante años en Camboya, blanqueando 4.

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Huione, Camboya y los límites del combate al lavado de dinero

En diciembre de 2025, el Banco Nacional de Camboya revocó la licencia de Huione Group y liquidó sus activos, cerrando lo que las autoridades estadounidenses identificaban como uno de los mayores centros mundiales de lavado de dinero criminal. El grupo había operado a la vista de todos durante años como proveedor de pagos autorizado, pero tras una investigación del New York Times en marzo y el posterior listado negro del Tesoro de Estados Unidos, se reveló que había blanqueado más de 4.000 millones de dólares en ganancias ilícitas desde agosto de 2021.

La pregunta incómoda es por qué tardó tanto. Huione no era una operación clandestina sino una institución financiera pulida y bien establecida en Camboya, con subsidiarias en pagos, mercados de criptomonedas y otros negocios. La actividad legítima era la tapadera. Detrás operaba una red encubierta de centros de lavado, plataformas y mercados en línea que funcionaban como una «tienda única» para limpiar dinero sucio. Su cierre se celebra como una victoria, pero también funciona como un acta acusatoria contra un sistema de combate al lavado de dinero construido casi por diseño para no detectar exactamente este tipo de instituciones.

El alcance de la operación era industrial. FinCEN determinó que Huione había blanqueado al menos 37 millones de dólares vinculados a robos cibernéticos realizados por hackers de Corea del Norte, decenas de millones más provenientes de estafas de criptomonedas, y ganancias de esquemas de fraude en línea conocidos como «pig-butchering». Su mercado interno solo fue vinculado a más de 26.000 millones de dólares en transacciones de criptomonedas desde 2021. La firma de análisis Elliptic lo describió como el mayor mercado ilícito en línea del mundo.

El esquema funcionaba porque Huione operaba en la grieta entre regulaciones nacionales débiles y la incapacidad de sistemas internacionales para detectar flujos de dinero que se mueven a través de instituciones financieras formales. Camboya, como muchos países del sudeste asiático, enfrenta presiones geopolíticas contradictorias: la necesidad de atraer inversión extranjera y mantener relaciones comerciales con potencias globales versus el fortalecimiento de mecanismos de control financiero que podrían ahuyentar capital privado. Huione operó en esa tensión durante años sin que las autoridades locales actuaran de forma decisiva hasta que la presión estadounidense se hizo inevitable.

El caso expone un problema estructural del combate global al lavado de dinero: los sistemas de detección están diseñados para identificar operaciones clandestinas, no instituciones financieras legales que funcionan como canales de blanqueo. Una vez que una empresa obtiene una licencia regulatoria, la supervisión tiende a volverse rutinaria. Huione aprovechó esa brecha. Operó en plain sight, presentando balances, cumpliendo con trámites administrativos, mientras sus redes internas procesaban dinero de ciberataques norcoreanos y estafas masivas de inversión.

Para la región latinoamericana, el caso de Huione es un recordatorio de que el lavado de dinero no respeta fronteras geográficas. Ganancias de operaciones criminales en América Latina fluyen hacia centros asiáticos de blanqueo como este, donde encuentran menos fricción regulatoria. Argentina y otros países de la región que buscan fortalecer sus propios mecanismos de control financiero enfrentan el desafío de que sus esfuerzos locales resultan insuficientes si los destinos finales del dinero sucio operan sin supervisión efectiva.

El cierre de Huione llegó solo después de que investigación periodística y presión estadounidense forzaran la mano de Camboya. Eso sugiere que sin escrutinio internacional y cobertura mediática, la operación habría continuado indefinidamente. El sistema de combate al lavado de dinero no falló porque careciera de herramientas técnicas, sino porque los incentivos políticos y económicos para aplicarlas de forma rigurosa simplemente no existían en Camboya hasta que el costo político de no hacerlo se volvió insostenible.

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