boca de pozo
Fuerte advertencia García Cuerva a la dirigencia política
El arzobispo de Buenos Aires habló en la Misa de San Cayetano.
El arzobispo de Buenos Aires Jorge Ignacio García Cuerva encabezó este viernes la Misa de los Trabajadores en el santuario de Liniers y no esquivó la coyuntura. Con la Plaza de Mayo esperando la marcha de organizaciones sociales y sindicales por «Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo» —a diez años de la primera movilización de Los Cayetanos— y a solo un día de los incidentes con la policía en las inmediaciones del Congreso, el arzobispo describió a un pueblo «cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida«.

El sermón
García Cuerva construyó la homilía sobre un contraste explícito: de un lado, un pueblo que «a pesar de las dificultades no pierde la fe» y sigue acercándose a pedir «pan, paz y trabajo»; del otro, una dirigencia que —según sus palabras— pone «toda su energía en descalificaciones y debates estériles que no resuelven la vida de nadie» en lugar de ocuparse de la solución concreta a los problemas económicos y sociales.
El eje del mensaje fue la dignidad del trabajo, con una cita directa al Papa León XIV: la mejor ayuda para una persona pobre, dijo el arzobispo, es «promoverla a tener un buen trabajo» para que pueda desarrollar sus capacidades y vivir de su propio esfuerzo. En esa línea, cuestionó dos fenómenos que atraviesan la administración libertaria: la necesidad de «dos o más empleos para llegar a fin de mes» y la «trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias«.
La bendición de las herramientas
Después de la misa, en la tradicional bendición a los trabajadores que se acercaron con las herramientas de su oficio, García Cuerva insistió con la misma idea desde otro registro, más cercano y menos discursivo. Dijo que el trabajo «nos reconstruye como personas» y nos hace «protagonistas» de la propia vida, y le pidió a San Cayetano que ayude a la gente «a no bajar los brazos». Buscó, además, una imagen que conectara el gesto litúrgico con el lenguaje de los barrios: comparó la bendición con el «bien ahí» que se dicen los pibes entre ellos, y se lo atribuyó directamente a Dios como respaldo a quienes llegaron «con sus manos, con su corazón» a reconstruir la vida de sus familias y la del país.
La misa se dio horas después de que la policía reprimiera una protesta en las inmediaciones del Parlamento —donde el oficialismo intentaba destrabar la Ley de Propiedad Privada— y en la previa de una marcha que, con la UTEP a la cabeza, terminará frente a la Casa Rosada bajo la misma consigna de «tierra, techo y trabajo» que atraviesa buena parte de la agenda social del año.
No es la primera vez que García Cuerva usa el 7 de agosto para marcar la cancha: en 2023, meses después de asumir, ya había dicho que «no se puede vivir a polenta y arroz». Dos años y otro gobierno después, el diagnóstico —trabajo precario, salario que no alcanza, dirigencia lejana— es, en lo sustancial, el mismo.




