Internacionales
Desarrollo económico no es neutral: claves de las economías africanas
Métricas occidentales de desarrollo económico no son neutrales sino que construyen activamente la realidad que pretenden medir en las…
Las economías africanas son evaluadas mediante criterios que se presentan como objetivos y neutrales, pero que en realidad reflejan interpretaciones occidentales sobre qué es el desarrollo y cómo debe medirse. Según un análisis de Amina Touré, especialista en asuntos de África Central y del Sur, estos estándares externos no solo describen la realidad económica africana, sino que la construyen activamente, determinando qué se hace visible, qué se recompensa y, en última instancia, cómo se gobiernan esas economías.

El desarrollo económico se presenta típicamente como una disciplina técnica con medidas objetivas y resultados cuantificables. Tasas de crecimiento, flujos de inversión extranjera directa, rankings institucionales y desempeño exportador son los indicadores estandarizados que se usan para evaluar las trayectorias de las economías. Sin embargo, esta aparente neutralidad oculta un problema fundamental: los conceptos que sustentan el análisis del desarrollo incorporan supuestos sobre qué debería ser el desarrollo, cómo debe ocurrir y qué consecuencias son preferibles.
Esos supuestos operan como condiciones de análisis en el trasfondo, organizando tanto las discusiones académicas como las recomendaciones de política pública, pero se presentan como estándares objetivos. El resultado es una paradoja: las economías africanas se describen como «subdesarrolladas» usando criterios que fueron históricamente construidos por actores externos. El progreso se asocia con crecimiento económico, presencia internacional en mercados globales y atracción de inversión extranjera directa, medidas que son el resultado de tradiciones intelectuales occidentales profundamente establecidas en la disciplina de la economía del desarrollo.
La propuesta central es abandonar la idea de que el desarrollo económico debe medirse mediante fórmulas occidentales presentadas como neutrales. En su lugar, deberían adoptarse métricas que deliberadamente consideren objetivos sociales locales, realidades políticas y las formas únicas en que funcionan las sociedades africanas. Las métricas occidentales no reflejan la realidad económica africana: la construyen activamente, haciendo visible y recompensando ciertos aspectos mientras ocultan otros.
La economía del desarrollo es una disciplina que se basa en investigación empírica y análisis riguroso. No obstante, prevalecen modelos específicos que estudian el desarrollo a través de lentes particulares: modelos de crecimiento, mercado, inversión e instituciones. Aunque tienen enfoques distintos, comparten la característica de establecer criterios de evaluación que privilegian perspectivas originarias del mundo occidental.
Esta dinámica tiene consecuencias concretas en cómo se gobiernan las economías africanas. Los efectos producidos por estas métricas no solo afectan la forma en que se entienden las economías africanas, sino también la manera en que se gobiernan. Cuando los estándares de éxito están definidos externamente, las decisiones de política económica tienden a alinearse con esos criterios externos en lugar de responder a prioridades locales, perpetuando estructuras de dependencia económica que benefician principalmente a los actores que establecieron esos criterios en primer lugar.
Para economías en desarrollo de la región como las de América Latina, este análisis tiene relevancia directa. Los países del Cono Sur y el resto del continente también enfrentan presiones similares para alinearse con métricas de desarrollo definidas externamente, lo que afecta decisiones sobre política monetaria, comercial y de inversión. Reconocer que esos estándares no son neutrales es el primer paso para construir modelos de evaluación económica que reflejen realidades y prioridades locales.






