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boca de pozo

Tras los ataques de Milei a Lula, Quirno lamenta que Brasil haya rebajado al mínimo la relación diplomática

Brasil retiró a su embajador y la cancillería Argentina asegura que es una decisión unilateral.

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La crisis diplomática entre la Argentina y Brasil escaló este martes a un punto que no se veía en décadas. El gobierno de Lula da Silva decidió rebajar el vínculo bilateral al nivel de «encargado de negocios» y posponer sin fecha el regreso de su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli. La medida implica que la embajada brasileña quedará sin un diplomático de carrera al frente, la señal más fuerte antes de una ruptura formal de relaciones.

La decisión fue comunicada al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, a quien el canciller Mauro Vieira le entregó una nota de protesta formal. El gobierno brasileño mantendrá la representación diplomática en el nivel de encargado de negocios, una decisión que implica una fuerte rebaja en la relación bilateral y que refleja el deterioro del vínculo entre ambos países. Desde Itamaraty fueron explícitos sobre la condición para revertirla: mientras subsistan las agresiones de Milei, Bitelli no vuelve.

El detonante fue la seguidilla de insultos del presidente argentino. Durante su reciente visita a San Pablo, donde respaldó abiertamente la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro, Milei se refirió a Lula en duros términos, lo tildó de «ladrón, corrupto y presidiario» y añadió que salió de la cárcel «por un error administrativo». A eso se sumaron sus cuestionamientos al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes. Esas declaraciones fueron el detonante final de la decisión que se tomó en Itamaraty.

La respuesta argentina

El canciller Pablo Quirno salió a responder en conferencia de prensa y marcó la posición del Gobierno: no llevar el conflicto al terreno diplomático. «Es una decisión unilateral de Brasil que lamentamos. Son diferencias políticas e ideológicas. Argentina ha decidido no llevar esto a una instancia diplomática. Entendemos que hay otro camino», expresó. Llama la atención la respuesta del Canciller, cuya principal tarea es la defensa de los intereses argentinos desde un abordaje diplomático.

Quirno buscó equilibrar la balanza recordando gestos previos que, según su lectura, la Argentina no cuestionó. «Lamentable que se quejen de injerencias en procesos electorales cuando el presidente Lula, previo a las elecciones del año pasado, visitó a Cristina Kirchner en su prisión domiciliaria y no hubo de nuestra parte ningún tipo de problemas ni quejas. Son las reglas del juego«, sostuvo. El Canciller también afirmó que Lula «ha proferido insultos» a Milei «que no han sido contestados» a nivel diplomático.

El funcionario apuntó además a un antecedente que considera más grave: la representación argentina en Venezuela. «Fuimos informados a cinco días de que Maduro fuera retirado del poder en Venezuela que Brasil dejaba la representación nuestra en Venezuela, cuando Argentina tenía ciudadanos presos políticos en riesgo de vida», dijo Quirno, atribuyendo esa decisión a la molestia brasileña por una foto que Milei reposteó. «Eso es mucho más grave que cualquier cosa que haya pasado hasta ese momento», agregó en otro llamativo giro.

En su momento, Argentina retiró su embajada en Venezuela de manera unilateral, dejando a muchos argentinos sin cobertura, y es por ello que Brasil había asumido esa responsabilidad.

Un conflicto que excede a la Argentina

En su defensa, Quirno intentó despersonalizar el episodio y enmarcarlo en un patrón de la política exterior brasileña. «Brasil viene teniendo conflicto con varios países como Paraguay», señaló, para concluir que «esto no es una cuestión solo con Argentina», sino «una decisión de Brasil de escalar temas» que, para el Gobierno, deberían «permanecer en el ámbito ideológico y político de una contienda electoral donde estamos claramente enfrentados en el deseo de los resultados«.

Pero para algunos analistas, el trasfondo no tiene que ver con el deseo de los funcionarios argentinos, que, después de todo debería ser un asunto para que trabajen en otro ámbito, sino un objetivo de la política exterior norteamericana, o, dicho en los términos de Pablo Quirno, un deseo de Donald Trump, que interviene en el proceso electoral brasilero y en la política regional a través del gobierno de Javier Milei.