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boca de pozo

El Gobierno celebra la baja en la morosidad pero la deuda dejó una herida abierta en los hogares

En mayo había alcanzado el nivel más alto desde 2001.

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Después de 19 meses de subas ininterrumpidas, la morosidad de las familias argentinas finalmente pisó el freno. Pero el nivel en el que se frenó es tan alto que difícilmente se pueda interpretar como un alivio: en mayo de 2026, la irregularidad del crédito de las familias con los bancos alcanzó el 12,3% —el nivel más alto desde la crisis de 2001—, y si se suman las billeteras virtuales, la mora del conjunto del sistema trepa al 15,5%. Significa que de cada $100 que los bancos prestaron a familias, más de 12 están en mora. Medido por el otro lado —el de las personas—, el cuadro es todavía más elocuente: de los 20,9 millones de argentinos con alguna deuda registrada, 5,8 millones son morosos. Es decir, casi uno de cada cuatro de quienes tomaron un crédito no lo está pudiendo pagar.

Los datos surgen del último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado sobre la base de la Central de Deudores del Banco Central. Y aunque el freno de junio —que las consultoras privadas ya confirmaron— parece una buena noticia, la letra chica sugiere que el problema está lejos de resolverse.

Un freno con asterisco

En junio, la mora total del sector privado —siempre medida sobre los montos prestados— bajó apenas una décima, del 7,7% al 7,6%, y la de las familias cedió del 12,8% al 12,7%.

Hay una lectura todavía más cruda, que comparten varios economistas críticos: la baja de la mora también responde a que los bancos están sacándose de encima a sus peores deudores. Entre abril y mayo, las entidades bancarias redujeron en 281.377 la cantidad de clientes en «situación 5» —la categoría de deuda irrecuperable—, un movimiento que el informe atribuye a la venta de carteras de incobrables a fideicomisos y empresas de cobranza. Dicho de otro modo: si sacás del cálculo a los que ya nunca van a pagar, el promedio mejora. No porque la gente pague más, sino porque los que no pagaban desaparecieron de la estadística.

Préstamos personales y tarjetas: la trampa cotidiana

El corazón del problema en las familias tiene dos nombres: préstamos personales y tarjetas de crédito. Juntos explican el 73% de toda la deuda en mora de los hogares. La irregularidad de los préstamos personales saltó del 3,3% en octubre de 2024 al 14,9% en abril de 2026; la de tarjetas, del 1,6% al 12,5% en el mismo período.

No es difícil entender por qué. Según el propio Banco Central, en abril de 2026 la cuota mensual de las deudas de las familias se comió el 24,1% de la masa salarial —casi una cuarta parte de todo lo que cobran los argentinos se va en pagar deudas—, y cerca del 80% de esa mochila son, justamente, préstamos personales y plásticos. Cuando el sueldo no alcanza, y la insuficiencia se perpetúa, la capacidad de endeudamiento deja de ser un salvavidas y se convierte en un lastre.

Las billeteras: tasas de usura y un pozo del que cuesta salir

Si el panorama bancario es malo, el de las billeteras virtuales es directamente alarmante. La mora de las familias con estas plataformas pasó del 7,3% en noviembre de 2024 al 29,6% en mayo de 2026, perforando incluso el récord de la pandemia (27,1% en mayo de 2020). Casi un tercio de todo lo que prestan las billeteras está en mora.

El problema tiene una explicación estructural: estas plataformas cobran tasas mucho más altas que los bancos, e incorporan herramientas que elevan la tasa según el perfil financiero del cliente. Ahí se genera el círculo vicioso. Cuanto más frágil es la situación financiera de los usuarios, mayor es el precio que tienen que pagar por el dinero. El informe releva ratios de irregularidad que en algunas firmas resultan escandalosos.

Los jóvenes, en la primera línea del derrumbe

Ningún grupo la pasa peor que los jóvenes. Entre los deudores de hasta 24 años, cuatro de cada diez créditos están en mora (40,9%), y en la franja de 18 a 34 años la proporción de deudores morosos llega al 38,4%. Los montos que deben son bajos —el segmento de 18 a 24 años explica apenas el 3,8% de la deuda irregular total— pero representan el 10% de las personas en mora, y ocho de cada diez de esas deudas son con billeteras virtuales. Los pibes se endeudan poco en plata, pero con una facilidad y una tasa que los hunde rápido.

La grieta del diagnóstico

El Gobierno tiene su explicación de la mora, y la fue construyendo con varias voces. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, la atribuyó al desconocimiento financiero de quienes tomaron créditos, a los bancos que prestaron mal y a las tasas altas empujadas por la «irresponsabilidad» electoral de la oposición.

La vocera oficiosa Julieta Tarrés fue más lejos: descartó que la pérdida de poder adquisitivo tenga algo que ver, y habló de «gente que se endeudó sin pensar que la macroeconomía iba a cambiar». El otrora jefe de Gabinete Manuel Adorni sumó que las billeteras prestan más a trabajadores informales con ingresos volátiles.

El CEPA contrapone a ese relato un dato duro: la escalada de la mora coincide punto por punto con el desplome del salario real. Desde que asumió Milei, el salario registrado cayó 8,7% según el IPC oficial, pero la caída trepa al 18,7% si se corrige la medición con una canasta más actualizada. El endeudamiento, sostiene el informe, no refleja consumos irresponsables sino una insuficiencia estructural de ingresos: la gente no se endeuda para darse grandes lujos, sino que financia sus gastos más básicos.

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Hay dos datos más que erosionan la versión oficial. Primero, la mora empezó a subir en el último trimestre de 2024, mucho antes de la campaña electoral que el Gobierno señala como culpable. Segundo, en julio de 2025 el Ejecutivo desarmó las LEFI y liberó unos $10 billones de liquidez que los bancos salieron a colocar en préstamos, en un contexto de tasas reales altísimas y salarios deprimidos. Es decir: cuando el Gobierno mandó a los bancos a «laburar de bancos», la mora ya era un problema y la decisión terminó de inflarla.

Un mapa federal del ahogo

El deterioro no es parejo. Las provincias más golpeadas están en Cuyo y el NOA: La Rioja (22,8%), San Luis (20,1%) y Catamarca (20,0%) encabezan el ranking de morosidad. En el otro extremo, La Pampa (9,1%), CABA (10,1%) y Santa Fe (12,4%) resisten mejor. Apenas tres jurisdicciones —CABA, Neuquén y Santa Fe— tienen menos del 25% de sus deudores en situación irregular.

La deuda también dejó una marca de concentración: apenas seis entidades explican más de la mitad de todos los préstamos en mora del sistema, con Banco Galicia, el Banco Nación y el Santander a la cabeza.

El vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, anticipó un nuevo ciclo de crédito «más saludable y selectivo», lo que en la práctica significa que las entidades van a dejar de prestarle a quien viene refinanciando deudas. Traducido: sin una política gubernamental que actualice las tasas a las que se endeudaron por unas que no sean de usura, como el de algunas billeteras que estiran el costo financiero total hasta el 800 por ciento, para millones de familias que hoy sobreviven rotando créditos el camino hacia el desendeudamiento será escarpado o no será.

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