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boca de pozo

Desde Israel, Milei agitó el clima de guerra y afirmó que “con determinadas culturas no se puede convivir”

«Para qué te traje».

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Mientras crecen las presiones diplomáticas para abrir negociaciones de paz definitivas que frenen la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, Javier Milei eligió pararse en el extremo opuesto. Desde Tel Aviv, tras recibir un diploma Honoris Causa de la Universidad de Bar-Ilan, una de las más importantes de Israel, el mandatario argentino pronunció una frase flamígera: “Con determinadas culturas no se puede convivir”.

La declaración no apareció en un contexto menor. Fue pronunciada en plena escalada regional, en un escenario en el que distintas potencias y organismos internacionales intentan evitar una ampliación aún mayor del conflicto. En lugar de aportar prudencia, Milei volvió a optar por una intervención cargada de alineamiento ideológico y de confrontación que deja una pregunta: Si con determinadas culturas no se puede convivir ¿qué queda por hacer con ellas?

“Nosotros defendemos la vida y ellos nos van a querer matar”

Durante su exposición, el Presidente profundizó ese tono al afirmar: “Con determinadas culturas no vamos a poder convivir, porque nosotros defendemos la vida y ellos nos van a querer matar”, asumió el presidente argentino, como si su representación estuviese embargada por otros intereses.

La formulación no sólo endureció su respaldo a Israel, sino que además corrió la discusión hacia un terreno civilizatorio y cultural, con una generalización que atiza aún más el clima de guerra. En un momento en que la comunidad internacional intenta al menos contener la expansión del conflicto, el jefe de Estado argentino eligió un discurso de trinchera.

El auditorio respondió con aplausos de pie. Claro, entre los presentes había académicos y referentes culturales alineados con la ofensiva israelí y con la avanzada sobre los territorios palestinos.

El Presidente volvió a atacar al periodismo

Como ya ocurre de manera recurrente en sus intervenciones, Milei también aprovechó el escenario para volver a cargar contra los medios y los trabajadores de prensa. “Gran parte del periodismo juega para las fuerzas del mal”, lanzó.

Luego agregó una referencia directa a Benjamin Netanyahu: “Charlando con el queridísimo Bibi hablamos de cómo debemos soportar calumnias e injurias del periodismo de manera violenta”.

Incluso en un viaje internacional atravesado por una guerra de alcance regional, pero con impacto en el mundo entero, Milei vuelve a incluir en el centro de su discurso la confrontación con el periodismo, al que presenta no como actor crítico de una democracia sino como enemigo político y moral. La grandeza del Presidente ya se mide en micrones.

Religión, moral y política exterior

El discurso también tuvo un fuerte tono religioso. Milei sostuvo que la Torá fue el antídoto contra las ideas de izquierda, calificó al marxismo como “satánico y opuesto al programa de Dios” y volvió a cuestionar la justicia social, a la que definió como una visión “profundamente injusta que siempre termina en desastre”.

Más adelante insistió con esa lógica al afirmar: “Hemos sido expulsados del paraíso, pero si obramos acorde a las leyes, el paraíso va a venir a nosotros. Cuando uno diseña políticas acordes a valores éticos y morales, uno diseña políticas justas y esas son eficientes”.

La intervención deja ver otra vez una marca propia del ideario mileísta: la mezcla entre dogma económico, referencias religiosas y descalificación moral del adversario. En este caso, además, ese registro fue usado para justificar una posición internacional frente a una guerra en desarrollo.

Rock, Boca y la presentación de su nuevo libro

La ceremonia tuvo momentos tan llamativos como el propio discurso. De fondo sonó una versión rock and roll de “Libre”, mientras Milei también deslizó una referencia al triunfo de Boca Juniors sobre River Plate en el superclásico.

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“Tengo un ministro hincha de River que se queja, pero bueno alguna vez toca”, bromeó en alusión al canciller Pablo Quirno.

Más tarde leyó un fragmento de “Capitalismo, la divina maquinaria del paraíso”, epílogo de su nuevo libro, en el que vuelve a desarrollar su interpretación moral del capitalismo y su combate ideológico contra la izquierda.

La escena condensó un rasgo ya conocido del Presidente: la conversión de actos institucionales en puestas personales donde se mezclan doctrina, espectáculo, religión, cultura pop y provocación política.

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