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boca de pozo

Milei agita el fantasma kirchnerista mientras Caputo intenta convencer al mercado de que no vuelven más

La política y la economía a dos velocidades.

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El Presidente presenta a la oposición como una amenaza permanente para el programa económico, mientras su ministro de Economía asegura ante empresarios que “pase lo que pase” el kirchnerismo no volverá al poder. La contradicción expone dos necesidades distintas del oficialismo: polarizar para ordenar la política y tranquilizar a los inversores para sostener el plan.

Un Gobierno a dos velocidades

Javier Milei y Luis Caputo parecen hablarle a públicos distintos. El Presidente mantiene al kirchnerismo en el centro de su estrategia política: lo presenta como amenaza, como riesgo de desestabilización y como fuerza capaz de dañar el rumbo económico desde el Congreso o desde la oposición lisa y llana. Su ministro de Economía, en cambio, necesita decir exactamente lo contrario ante los inversores: que el kirchnerismo no tiene ninguna chance real de volver al poder.

La tensión quedó expuesta en las últimas declaraciones de Caputo. En un evento de la Cámara de Comercio, Industria y Servicios Argentino Brasileña, el jefe del Palacio de Hacienda aseguró que “pase lo que pase, el kirchnerismo no es opción porque la gente sabe que es el infierno” y remató con una frase directa contra el gobernador bonaerense: “Kicillof nunca va a ser presidente de la Argentina pase lo que pase”.

El ministro fue incluso más lejos en otras intervenciones públicas. “Puede haber un shock externo, puede haber una guerra mundial o una invasión extraterrestre, que Kicillof no va a ser presidente nunca en su vida en la Argentina”, afirmó, y pronosticó que Milei ganará en 2027 “por paliza en primera vuelta”.

El problema para la narrativa oficial es evidente. Si el kirchnerismo no puede volver “pase lo que pase”, como sostiene Caputo, entonces pierde fuerza el argumento de Milei cuando advierte que la oposición representa una amenaza institucional y económica permanente. La construcción de un enemigo vigente se vuelve imprescindible para una gestión que no tiene resultados para mostrarle a la gente de a pie y que, como un deudor escurridizo, cada vez pospone un poco más el tiempo de buena ventura.

La expresidenta Cristina Kirchner, seguramente lea esta necesidad de Milei y por ello se mantiene en silencio, mientras de reojo, debe observar cómo su imagen mejora en un sentido inversamente proporcional a su protagonismo en la discusión pública, en una dinámica que incomoda a Axel Kicillof.

Milei necesita un enemigo a la vista

El Presidente volvió a cargar contra la oposición en el Latam Economic Forum, donde afirmó haber sido víctima de un “intento de golpe de Estado” por proyectos impulsados en el Congreso que, según su mirada, buscaban romper el equilibrio fiscal. En esa misma línea, defendió el ajuste y planteó que la Argentina será uno de los países que más va a crecer en los próximos años.

Milei viene usando al kirchnerismo y a sectores opositores como punto de contraste para ordenar su propio discurso. La advertencia sobre “la casta”, el riesgo de volver al pasado, la acusación de desestabilización y la idea de que cualquier freno legislativo equivale a poner en peligro el programa económico funcionan como herramientas de cohesión interna y como justificación ante las plegarias que, aunque vengan de su propio electorado, no atenderá.

Si la economía no termina de llegar al bolsillo, si el consumo sigue débil o si la actividad se mueve en serrucho, el Presidente puede señalar a la oposición, a los medios o al Congreso como factores que buscan bloquear la recuperación. Decir que puede hacerlo, no es como decir que pueda prodigarse triunfos a caballo de esa táctica, que a su vez, parece empantanarle el camino a Luis Caputo.

Kicillof, entre la negación de Caputo y las encuestas

La apuesta de Caputo también choca con un dato político que el Gobierno no puede ignorar. Aunque el peronismo continúa fragmentado y con dificultades para ordenar una candidatura nacional, Kicillof aparece como una de las figuras con mayor proyección dentro de la oposición.

Distintos dirigentes peronistas buscan construir una alianza amplia de cara a 2027 y Kicillof encabeza menos conversaciones de las que quisiera para ordenar una coalición opositora, pero ahí está.

Algunas encuestas muestran un escenario competitivo, con La Libertad Avanza y el peronismo en empate técnico, y con Kicillof entre los posibles candidatos con mejor imagen frente a Milei.

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Eso no significa que el gobernador bonaerense tenga asegurado un camino presidencial. Pero sí relativiza la seguridad absoluta de Caputo. El ministro construye un mensaje de confianza y barricada para un auditorio que necesita creer que el programa económico tendrá continuidad.

Entre la mansedumbre y el desahogo

La contradicción entre Milei y Caputo revela una dificultad más amplia del Gobierno. La administración libertaria necesita sostener una épica de combate para ordenar la política, pero también necesita transmitir estabilidad. Necesita denunciar enemigos, pero también convencer de que esos enemigos ya no pueden hacer daño. Necesita polarizar para ganar elecciones, pero despolarizar para atraer inversiones.

Caputo intenta cerrar esa tensión con una fórmula: «la economía se llevará puesta a la política». Es decir, el crecimiento será tan fuerte que neutralizará a la política. Pero esa promesa todavía convive con indicadores desparejos, consumo débil, actividad en serrucho un mercado que sigue mirando con atención la sucesión de conflictos internos y legislativos y una sociedad civil que cavila entre la mansedumbre y el desahogo.

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