boca de pozo
Dante Gebel suma aliados en la Patagonia y ya piensa en 2027
Dirigentes de Neuquén y Tierra del Fuego ya trabajan en un armado territorial que busca posicionar al comunicador como candidato presidencial.
Dante Gebel ya no es solo el tipo que llena estadios en California. El comunicador, influencer y ex pastor evangélico tiene gente trabajando en Neuquén para construirle una base política pensando en las elecciones de 2027. No es un rumor: hay nombres, hay estructura y hay movimiento.
La primicia la tiró la periodista Nieves Villanueva, y los datos son concretos. En la provincia ya está en actividad Juan Monteiro —ex funcionario de la gestión de «Pechi» Quiroga y candidato a intendente en 2019— junto a referentes del partido Encuentro Republicano Federal, la estructura neuquina vinculada al diputado nacional Miguel Ángel Pichetto. Desde lo regional, el esquema lo coordina Gustavo Ventura, un dirigente fueguino que se presenta como «emprendedor» y milita en el espacio Arraigo y Renovación. La intención es clara: tejer una red patagónica que le dé volumen territorial al proyecto.
El operador político detrás de todo esto es Yamil Santoro, abogado liberal y director de la Fundación Apolo, que viene articulando el armado en distintos puntos del país. Santoro no es un recién llegado: tiene recorrido en el espacio libertario y supo construir redes antes de que Milei llegara al poder. Ahora apuesta por Gebel como figura presidencial y está trabajando en los territorios.
Lo que se está armando no es un partido nuevo ni una coalición consolidada. Es una estructura embrionaria, de esas que empiezan antes que nadie y que, dependiendo de cómo evolucione el escenario, pueden crecer o desvanecerse. Pero el hecho de que ya haya referentes activos en una provincia como Neuquén dice algo sobre la seriedad con la que se está encarando.
De California a la Casa Rosada, el salto más improbable
Gebel vive en Estados Unidos desde hace años. Tiene su propio estadio en California, donde da conferencias que mezclan motivación, humor y algo de fe, con convocatorias que en Argentina harían envidia a más de un político. Durante mucho tiempo se definió como pastor evangélico, pero hoy prefiere que lo llamen «comunicador», y la diferencia no es menor: hay una construcción de imagen detrás de ese cambio.
A fines de 2025 y comienzos de este año, su nombre empezó a aparecer en encuestas junto a presidenciables como Milei, Kicillof o Macri. No ganaba, obviamente, pero que las consultoras lo midieran ya era un dato. En un país donde la política tradicional genera cada vez más desconfianza, figuras con llegada masiva y sin pasado partidario cotizan distinto.
El interrogante que nadie puede responder todavía es si Gebel realmente quiere meterse en esto o si el armado avanza por iniciativa de quienes lo rodean. Esa diferencia, llegado el momento, va a ser determinante.
Por ahora, en Neuquén hay gente trabajando, hay reuniones y hay expectativa. Si eso se traduce en una candidatura real en 2027 es algo que el propio escenario político —siempre impredecible en la Argentina— irá definiendo.
Religión y política: antecedentes al fenómeno Gebel
En Argentina
Cynthia Hotton es el caso más parecido al de Gebel dentro del país es el de esta dirigente evangélica, hija de un exembajador, que hizo su carrera en el partido Recrear antes de aliarse con el PRO. Participó como candidata a diputada provincial en 2003 y 2005 sin resultados positivos, hasta que en 2007 logró una banca en el Congreso Nacional, favorecida por el sistema de cupo femenino y el caudal de votos del PRO. Una vez legisladora, fundó la agrupación Valores para mi País (VPMP), cuya transformación en partido político llevó el slogan «Votá Valores Cristianos». En las elecciones de 2011 obtuvo 18.335 votos, insuficientes para mantener una banca en la legislatura porteña. Su caso ilustra con claridad los límites de intentar construir un espacio estrictamente confesional en Argentina: la transferencia de fieles a votos no funciona de manera automática.
En el Congreso argentino ocupan bancas actualmente 9 legisladores que pueden considerarse parte de la comunidad evangélica: dos en el Senado (Nadia Márquez y Vilma Bedia) y siete diputados. La mayoría de ellos ingresó a la política a través de La Libertad Avanza. Ninguno llevó una agenda religiosa propia sino que se plegó a la de Milei. Es decir, son evangélicos en la política, pero no hacen política desde lo evangélico.
En el conurbano bonaerense, pastores pentecostales de mediano tamaño, de no más de cincuenta años, abandonaron la orientación anti-política que había caracterizado a sus predecesores y se lanzaron a la arena electoral, articulándose con fuerzas peronistas. Su lógica era territorial: el trabajo social de las iglesias evangélicas en los barrios populares generó capital político que luego intentaron convertir en votos con resultados dispares.
En América Latina
Jair Bolsonaro: El caso más resonante de la región. Bolsonaro era católico pero fue «bautizado» en el río Jordán por un pastor neopentecostal y adoptó como lema de campaña «Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos», titulando su programa de gobierno «el camino de la prosperidad», en referencia directa a la teología de la prosperidad de los pastores neopentecostales. No era pastor, pero construyó una alianza explícita con el mundo evangélico para ganar en 2018. La bancada evangélica brasileña tenía más de 90 diputados en el Congreso y los evangélicos representan cerca del 20 por ciento de la población.
Fabricio Alvarado (Costa Rica): En 2018, el diputado evangélico Fabricio Alvarado ganó la primera vuelta electoral en Costa Rica con un discurso netamente religioso y moral. Aunque no llegó a la presidencia, su performance en primera vuelta sacudió al sistema político costarricense y mostró que un candidato de perfil pastoral podía movilizar a sectores amplios de la sociedad.
Jeanine Áñez (Bolivia): Otro ejemplo de cruce entre fe y poder. En la crisis que terminó con el gobierno de Evo Morales, Áñez asumió la presidencia interina y llamó a rebelarse contra lo que denominó «tradiciones indígenas satánicas», con un discurso fuertemente asociado al conservadurismo cristiano. Las iglesias evangélicas bolivianas se alinearon con su gobierno.
Nayib Bukele (El Salvador): El caso más complejo: no era pastor, pero construyó una narrativa mesiánica alrededor de su figura. Antes de ser presidente recibió la visita de pastores que le comunicaron que sería presidente; ya en el poder, relató cómo el Espíritu Santo había anunciado su elección a pastores evangélicos antes de los comicios. Con el tiempo, usó esa relación de manera instrumental: su primera aparición pública al inicio de la campaña de reelección fue ante una convención de pastores evangélicos de más de 20 países, donde autoproclamó su gobierno como un «milagro de Dios».




