boca de pozo
Adorni y Milei en su patio de las palmeras
El Gobierno ante el riesgo de creer en sus aplausos.
El Gobierno profundiza su desconexión con la realidad y se expone al riesgo que conlleva contratar reidores y después creerse gracioso.
Manuel Adorni se presentó en Diputados como si fuese el mismísimo Presidente. Si bien su presentación en el Congreso es una formalidad prevista en la Constitución Nacional, la cita de ayer cautivó más atención de la habitual por las sospechas de enriquecimiento ilícito que lo empujaron a las sombras y la cantidad de interrogantes que abrieron sus adquisiciones inmobiliarias y los viajes de trabajo y placer que lo involucran tanto a él como a su esposa.
El dispositivo de seguridad y el respaldo en pleno del Gabinete, con foto incluída, mostró a Adorni en un lugar atípico de centralidad: mientras él juraba honestidad, el presidente lo aplaudía desde el palco.

Aunque tuvo que leerlas, el Jefe de Gabinete hasta pudo lanzar chicanas contra el kirchnerismo.
Además del Gabinete, la escena estuvo adornada con hinchas y militantes que aplaudieron desde las gradas cada chicana que el ministro leyó a sus adversarios.
En la oposición, tal vez con algo de inteligencia, eligieron la prudencia y evitaron los escándalos. No querían crear una situación que le abra al Jefe de Gabinete un margen que lo habilite a irse ofendido.
Así, lo dejaron exponer durante siete horas. En esas siete horas, soporíferas por momentos, se tomó todos los cuartos intermedios que pudo para que los guionistas hagan tiempo de escribirle las respuestas a las preguntas que hacían los diputados de la izquierda y el peronismo, leyó todas y cada una. Desde las chicanas al kirchnerismo hasta su ratificación en el cargo. Quedará para más adelante analizar si en algún cuarto intermedio el Ministro no metió otro viaje o compró alguna que otra propiedad.
Mal aconsejados
Pero la tribuna de aplaudidores junto a la capacidad del ministro para leer de corrido lo exponen al riesgo de creerse que la realidad es el microclima que recrearon ayer en el recinto. Algo de ese microclima parecía a punto a romperse cuando algunos diputados supieron usar con inteligencia el tiempo que tenían para preguntar. Pero no hay que subestimar la capacidad de negación del bicho humano.
Ya le pasó al kirchnerismo cuando, asediado por un relato adverso en algunos medios, Cristina eligió ignorar esa discusión, golpear la mesa y levantar la voz en el patio de las Palmeras. La militancia coreó, aplaudió y la vivó; la oposición se indignó largamente y la dinámica empezó a generar tanto fastidio que la palabra de la presidenta se devaluó al ritmo de la moneda, o viceversa.
Apenas salió Javier Milei del hemiciclo tuvo un golpe de realidad cuando un periodista le preguntó si el Vocero en Jefe del Gabinete es corrupto. El Presidente contestó desde el síntoma: «los chorros son ustedes«. Más tarde, continuó con la misma prédica en la ExpoEFI 2026.
No tan mal
Más allá de las singularidades, que a veces tienen más que ver con el lugar que ocupa el inconsciente en el discurso oficial que con la puesta en común de la política pública, el oficialismo hizo ayer un movimiento de lo más clásico en la política.
El Gobierno desplegó recursos simbólicos y materiales para respaldar a un funcionario fuertemente cuestionado. Hizo toda una demostración que busca dar cuenta de un grado solidez y verticalidad interna de la que careció la administración anterior.
A su vez, los libertarios que saben «leer», deberán interpretar que en el karinismo la pertenencia se retribuye con lealtad. Ya no más a esa excentricidad de que al que roba el Presidente le corta la mano. Quien besa el anillo, recibe protección, lo demás no importa nada.




