Neuquén
El delivery se come las ganancias: los gastronómicos de Neuquén buscan la salida
Comisiones que superan el 27%, precios atados a los algoritmos de las apps y consumo en caída. Los dueños de restaurantes empiezan a hacer las cuentas y los números no cierran.
Pedir comida por el celular se convirtió en algo tan cotidiano que casi nadie se detiene a pensar qué hay detrás del precio que aparece en la pantalla. Pero del otro lado de esa transacción, los dueños de restaurantes en Neuquén están haciendo cuentas que no les cierran. Las plataformas de delivery cobran comisiones que rondan el 27% —y en algunos casos más— por cada pedido, y ese porcentaje se lleva una parte del margen que muchos negocios ya tienen al límite. La situación llegó a un punto en que algunos comercios empezaron a preguntarse si el delivery digital les conviene o si, directamente, les está costando plata.
Marcos Ferreyra, gerente de Franz y Peppone —una de las pizzerías más reconocidas de la ciudad—, lo dijo sin rodeos en una entrevista radial: las comisiones obligan a trasladar costos al precio final, y eso genera una brecha visible entre lo que sale pedir desde la app y lo que cuesta el mismo producto en el local. Esa diferencia no pasa desapercibida para los clientes, que muchas veces no entienden por qué el mismo plato les sale más caro si lo piden por el teléfono. La respuesta está en las tarifas de las plataformas, aunque las apps no se encargan precisamente de explicarlo.

El dilema de los precios: mostrarte o desaparecer
Acá aparece otra vuelta de tuerca que complica todavía más el panorama. Las plataformas no solo cobran comisión por cada venta: también condicionan la política de precios de los comercios. Si un restaurante decide cobrar más caro en la app que en su local para compensar la comisión, la plataforma lo penaliza bajándole la visibilidad. Menos visibilidad equivale a menos pedidos. Es decir, el comercio queda atrapado entre absorber el costo o perder posición en el ranking interno de la app.
Este esquema genera una dependencia que muchos gastronómicos describen como difícil de manejar. Las reglas las pone la plataforma, y el que no las sigue, simplemente deja de aparecer. Para los negocios más chicos, esa dinámica es especialmente dura: no tienen el volumen ni el músculo financiero de las grandes cadenas para bancar promociones o aguantar márgenes magros durante mucho tiempo.
El regreso del delivery propio y la búsqueda de alternativas
Frente a este panorama, algunos comercios empezaron a tomar decisiones concretas. Uno de los movimientos más llamativos es la vuelta al reparto propio, algo que había quedado prácticamente en desuso cuando las apps se instalaron con fuerza en el mercado. La lógica es simple: si la comisión se come la ganancia, mejor recuperar el control del servicio aunque implique reorganizar la operación.
Al mismo tiempo, en el sector se están abriendo conversaciones para explorar plataformas alternativas con comisiones más bajas. La idea es encontrar un modelo que no ponga a los comerciantes en una situación tan apretada. No es una solución inmediata, pero refleja que el sector está buscando salidas antes de que el problema se agrave.
El contexto económico tampoco ayuda: la caída del consumo es una variable que presiona desde otro ángulo. Con menos gente comprando, cada venta importa más, y perder rentabilidad por comisiones resulta todavía más difícil de tolerar. Por eso muchos locales están apostando a diversificar: eventos, presencia en redes sociales, propuestas que generen una experiencia y no solo un plato de comida. La idea es construir una relación con el cliente que vaya más allá del algoritmo de turno.
El delivery llegó para quedarse, eso está claro. Pero la forma en que funciona el negocio hoy está generando un malestar que ya no se puede ignorar. Los gastronómicos neuquinos no piden que desaparezcan las apps. Piden, básicamente, que las reglas sean un poco más justas.



