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Política

Cómo se inventó Perón: Amor y revolución

Desde la estadía de Perón en Italia hasta el golpe del GOU, en la tercera entrega de la edición especial a 50 años de su muerte.

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El Tte. Coronel Perón permanecerá en Europa casi dos años. Estuvo principalmente en Italia que fue su primer destino, pero también en España y Alemania. Fue enviado a conocer los pormenores de la guerra que se avecinaba.

Recordará Perón que lo convoco el Ministro Márquez y le dijo “…Vea, Perón, la guerra mundial se nos viene encima. No la evita nadie. Hemos hecho todos nuestros cálculos, pero la información de que disponemos es insuficiente. Nuestros agregados militares nos dan cuenta de lo que pasa en su esfera, pero en la próxima guerra el 99 por ciento corresponderá a la parte civil, a los acontecimientos de política internacional. Es un asunto de los pueblos, no ya de los ejércitos. Usted es profesor de estrategia, guerra total, historia militar. Me parece el hombre adecuado para enviarme los datos que necesito”.

Perón toma contacto directo con la realidad Europea y particularmente con el fascismo italiano y sus efectos sociales, políticos, comunitarios y militares. Analiza con detalle las posibilidades de la guerra y tiene un pormenorizado análisis político y social del proceso que Europa está viviendo. Esto se desprende también de su correspondencia y de las conferencias que brinda a su retorno, en que hace hincapié en un hecho del que, entiende, ya no hay retorno. No hay retorno a las democracias imperiales del siglo XIX, sino a las democracias populares del siglo XX. Los pueblos han obtenido efectiva participación -a través de sus organizaciones- en las decisiones más troncales de las naciones y el mundo se encamina progresivamente a ello.

Ese análisis profundo no se detiene particularmente en las formas represivas de esos tipos de gobierno y estado, ni tampoco en la calidad de las organizaciones o el financiamiento corporativo de esos procesos; pero claramente no los replicará posteriormente, de forma que parece evidente que los juzga -al menos- erróneos. Pero sí se detiene fundamentalmente en aquel fenómeno político – social del que juzga con gran acierto que no habrá retorno: los pueblos han adquirido progresivamente libertad y la utilizan siempre que se garantice su efectiva participación y representación directa en las decisiones de su destino.

En Italia se entrevistará con el Santo Padre Pio XII y también con el Ducce Benito Mussolini. Ambas entrevistas cordiales, breves, pero de impacto para el Tte. Coronel.

Un amor italiano

Paralelamente, Juan inicia una relación con una joven italiana, Giovanna dei Fiori. El idilio dura algunos meses y algunas fotografías lo dejan ver. Viajan juntos a España y, ya enterado de su retorno a Argentina, demora su vuelta una semana en Zaragoza donde se despedirá finalmente de esa joven a quien no volvió a ver. Transcurridos muchos años, el empresario y amigo de Perón, Jorge Antonio, fue en busca de aquella mujer por pedido del propio General, pero no halló rastros de ella. Juan estaba seguro que al despedirse, ella estaba embarazada. Nunca lo sabremos. Si se puede juzgar que fue una persona muy importante para el, todavía joven viudo oficial en ascenso.

Ella tenía poco más de 20 años y él mas del doble de esa edad. En sus posteriores relaciones se replicaría esa tendencia que, en la época, era bastante común. De Giovanna no se volvió a saber nada, pero cuando Juan la despidió estaba en marcha una de las guerras mas sangrientas de la historia de la humanidad y tenía como escenario el lugar donde esta joven vivía. Todo pudo haber pasado.

Argentina. Instabilis pax

En enero de 1941, Perón pisa territorio argentino nuevamente. En su estadía en Europa vio todo aquello, analizó y se formó en la situación europea y todo lo que pudiera servir para nuestra patria, pero no perdió contacto con los aconteceres domésticos. Tanto que Homero Manzi, cada vez que FORJA – Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, organización de la que participara el propio Manzi, Arturo Jauretche, Raul Scalabrini Ortiz, Luis Delepiane y demás intelectuales y militantes Yrigoyenistas- imprimía documentos o panfletos, le llevaba algunos a dos oficiales de apellido Quiroga y Sarmiento, que vivían en el piso inferior al suyo y estos se los enviaban a Italia a un tal Perón, según contaba Don Arturo Jauretche.

A su regreso de Europa la actividad militar del Coronel se intensifica y se mezcla cada vez más con la política.

Desde siempre, pero en particular desde el “gobierno de facto” de 1930 – eufemismo que encontró la Corte Suprema de Justicia para legitimar el golpe de estado contra Yrigoyen- las intrigas al interior de las fuerzas han cobrado relevancia entre la oficialidad y la década infame se debatió fundamentalmente entre el fraude, la ignominia, la entrega más descarada y las intrigas y asonadas militares, siempre con el pueblo como espectador.

Producto de aquellas internas militares, y casi como un alejamiento forzado, al Coronel lo destinan a Mendoza. El Coronel brinda algunas conferencias en las que pone de manifiesto los sucesos europeos y da un pormenorizado – aunque particularmente discutido por distintos sectores- análisis de lo que sucede y puede suceder, tanto en el desarrollo de la guerra como de los pueblos en el futuro. Una de esas conferencias en particular, generó polémica entre algunos oficiales.

En aquella conferencia el Coronel había explicado el proceso vigente en Europa y las posibilidades de la guerra y habían algunos sectores tanto pro-aliados como pro-eje que lo tildaron poco menos que de comunista.

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En Mendoza pondrá en valor sus aptitudes montañistas, lo aprendido en alpinismo y trabará amistad con un hombre que se transformará en vital dentro del proceso que viene: Edelmiro J. Farrel, que también había vivido en Italia aunque años antes que Juan Perón.

Claramente el Coronel había comprendido no solo la participación efectiva de los pueblos en las democracias del Siglo XX sino también, y a pesar del poderío que manifestaba el eje, las posibilidades de que los aliados pudieran vencer en el conflicto bélico. En términos militares nada estaba dicho. En términos populares, no había retorno. El Coronel había salido del país pensando en un nacionalismo militar sin pueblo y había vuelto pensando en un proyecto nacional y popular.

La logia, el golpe de estado y la revolución como horizonte

Dijimos que, casi como un castigo, se lo envía a Mendoza producto de aquella conferencia (y otras de similar tenor), pero su prédica no ha caído en saco roto. Al poco tiempo está de regreso en Buenos Aires.

“Cuando vuelvo a Buenos Aires – recuerda – me encuentro con una serie de jefes y oficiales que me dicen: hemos escuchado sus conferencias y estamos total y absolutamente con usted. Pensamos que el proceso que usted ha descripto es indetenible y que en nuestro país estamos abocados a un nuevo fraude electoral que lo entregará a las fuerzas más regresivas. Nosotros no estamos con eso”.

En otro testimonio afirmará: “Era una revolución en marcha. Pero lo que querían hacer era lo de siempre: un golpe de estado, que es un momento de la revolución, pero nunca la revolución”. En ese mismo testimonio reconocerá a Avalos, Fragueiro, Anaya y otros, pero ubicará como capitaneando ese movimiento a Domingo Mercante, otro hombre que será fundamental en los momentos por venir.

“No hemos perdido el tiempo, -me dijeron-. Hemos organizado en el Ejército una fuerza con la cual podemos tomar el poder en 24 hs.”. “Cuando los escuché les dije: Cuidado, muchachos, despacio, porque tomar el gobierno para fracasar es mejor no tomarlo (…) No se puede improvisar una revolución como la que hay que hacer en la Argentina. Es necesario prepararlo y estudiarlo muy bien. Denme diez días y en ese lapso yo voy a oler todo esto. Después nos juntamos y les doy mi parecer”. Estaba naciendo el GOU. Grupo de Oficiales Unidos o Grupo Obra Unificación. Columna central de la revolución de 1943, que pondrá fin a la década infame e inaugurará el proceso de la Argentina desde entonces hasta nuestros días.

Es curioso cómo tanto intelectuales como militantes peronistas ponen poco énfasis en el estudio de los sucesos de 1943, en el GOU, en la revolución en sí misma y en sus consecuencias. Ciertos sectores han tratado de apropiarse de la democracia liberal como un valor en sí mismo y por ello pretendieron que alejemos a nuestra historia de un golpe de estado – primer paso de la revolución que se avecinaba- en algunos casos y en otros pretendieron alejar a Perón de toda cuestión castrense – como si eso se pudiera hacer con un General de la Nación cuya profesión era la de Conductor-.

En fin, por las razones que fueran, más o menos válidas, más o menos compartidas, diremos que lo más serio que se encuentra en la materia específica proviene de sectores antiperonistas como algunos que hemos consultado, en particular a Díaz Araujo, aunque siempre está a mano el amigo Norberto Galasso para chequear algunas informaciones. También por supuesto José María Rosa es vital en el conocimiento preciso de la época.

Nombrar a algunos autores no es en balde toda vez que la mayor ambición de este trabajo es que el lector pueda ir a nutrirse más y mejor que el autor, de estos y otros historiadores.

Los hechos que desencadenaran en la revolución de 1943, son muchos y gran parte de ellos se enhebran por la casualidad. Pero como ya se ha dicho, la suerte es el momento en que la preparación se encuentra con la oportunidad y la logia que se había conformado dentro del Ejército estaba preparada.

Las fuerzas armadas estaban, como en toda su historia, cruzadas en su interior por diversas líneas y facciones.

Pero en medio de una guerra mundial, en un país semi colonial, el tema que los podía unir o separar tenía particularmente que ver con aquel acontecimiento.

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Igual que en la política, se encontraban los sectores partidarios de romper la neutralidad a favor del sector aliado y a instancias de EEUU y los sectores nacionalistas dentro de los cuales estaban los partidarios de sostener la neutralidad como una muestra clara de apoyo al Eje y los partidarios de sostener la neutralidad por considerar a la guerra un acontecimiento extraño y claramente inter imperial. Dentro de la oficialidad del Ejército, era más propia esta tercera postura.

El Ministro de guerra, General Ramírez, no solo era un miembro del Ejército sino también un neutralista.

Para no abundar en demasiado detalle diremos que a la enfermedad seguida de muerte del Presidente Ortiz (abogado de los ferrocarriles ingleses y Presidente producto del “fraude patriótico”) lo sucede el vicepresidente Castillo.

Este había llegado a la fórmula presidencial por gestión del empresario norteño y representante de la oligarquía más enquistada, Robustiano Patrón Costa quien se desempeña como Senador. El Presidente Castillo debe ese favor y está dispuesto a pagarlo con la candidatura de Patrón Costa a la presidencia en las futuras elecciones.

El GOU comienza a operar para evitar el fraude, apunta reuniones particularmente con radicales – para entonces también divididos entre rupturistas y unionistas-.

El caudillo cordobés Yrigoyenista Amadeo Sabbatini es del agrado de la logia, pero no pasa por el sector unionista.

El unionismo en una cena y en presencia del Ministro de Guerra Ramírez lo propone como el candidato que pasaría internamente en el radicalismo. Con un apoyo castrense decidido, el radicalismo y sectores afines y la imposibilidad de Castillo de hacerle fraude a su propio Ministro de Guerra, estarían dadas las condiciones para que se garantice el reencauzamiento democrático no fraudulento.

Enterado Castillo, pide explicaciones a su Ministro, no tanto por una eventual candidatura sino por las razones de estar debatiendo estrategias electorales con la oposición sin su conocimiento. Ramírez ensaya una desmentida ambigua. Castillo apura una encerrona y consultado por la prensa sobre una eventual renuncia del Ministro, declara que Ramírez no ha renunciado TODAVÍA.

Al decir de Cesar – o de lo que Suetonio nos hizo llegar del emperador, en ocasión del cruce del Rubicon-… las cartas están echadas. Las intrigas al interior del gobierno, como al interior de las fuerzas armadas están desatadas.

Las conspiraciones abundan. Solo falta una chispa para que se quiebre la calma.

Y la chispa llegó el 3 de junio por la mañana cuando un periodista acreditado en casa de gobierno, hizo circular la versión de que el Presidente tenía ya un decreto que reemplazaba al Ministro y ponía en su lugar a un hombre de la Marina. Esta versión era lógicamente intolerable para el Ejército, que no aguardó su confirmación y puso en marcha el inicio de la revolución.

Por pedido del propio Ramírez, de avanzar con una revolución, debía ser un General quien la encabece y todo estaba diagramado para el General Gras.

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Gras se excusa con sus camaradas y con los miembros de la logia debido a una cuestión sanitaria sobreviniente. Pero ya había entrado en juego un viejo conspirador, el Gral. Rawson que, puesta en marcha la revuelta, ve por fin su oportunidad. No era el hombre del GOU por muchas razones. Las dos más importantes son que era un aliadófilo y que preparaba un gabinete “oligárquico”. Pero era un General, y el control efectivo y real del movimiento lo tenía la logia.

El 4 de junio de 1943 se produce el golpe de estado que depone al presidente Castillo y comienza un proceso que termina con el fraude y la entrega nacional. A partir de allí, la historia será otra.

Nuestro hombre, Juan, que había tenido una formación militar rigurosa, destinos estratégicos y amores inolvidables, se empieza a enfrentar poco a poco con su destino.

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