Cultura
Se murió el Indio, loco
Terminada la primera parte de una jornada laboral de 12 horas me levanté del escritorio, agarré la correa y llamé a la perra. Eran las 9 de la mañana, un día húmedo y gris en la ciudad de Buenos Aires, de esos que no le gustan a nadie. Hasta ese momento, el 5 de junio estaba signado por el cumpleaños de mi amigo Pichi y de Martha Argerich, de quien pensaba escribir una nota para publicar esa misma tarde.
Le solté la correa a Mora y caminamos por el barrio como hacemos cada mañana. Vi a un hombre llorar. Me llamó la atención porque no es una imagen habitual en la calle, tampoco es habitual en el trabajo y bueno, tampoco en el hogar. Seguí caminando hasta que recibí un mensaje de mi editor: «Parece que se murió el Indio». Frené. Volví a leer. Ahora que lo pienso, con cierto grado de descreimiento y algo de esperanza, los dos acordamos esperar una confirmación. Llegó a los cinco minutos.

Carlos Alberto “Indio” Solari, uno de los artistas más populares de la historia del rock argentino, había muerto a los 77 años. La información fue confirmada por fuentes de la Fiscalía N2 de Ituzaingó. Solari padecía mal de Parkinson, una enfermedad que él mismo había hecho pública en 2016 y que lo alejó progresivamente de los escenarios. Su última gran presentación presencial fue en Olavarría, en 2017.
Mi primera reacción fue volver a ponerle la correa a la perra: «Vamos negrita», le dije. Seguí caminado por Uriburu y la vereda repitió el paisaje: otro chabón llorando y fumando un pucho. En esta oportunidad yo ya estaba al tanto de la noticia pero un pibe que venía cargando un carro desde la otra esquina, no. El pibe frenó. Algo de ver a un tipo llorando en la calle también llamó su atención. «Flaco, ¿estás bien?», le preguntó con el carro en sus manos. «Se murió el Indio, loco», respondió el oficinista. Lo que siguió fue un abrazo.
Carlos Alberto Solari fue un motor creativo: el vocalista y eje fundamental de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una agrupación que trascendió el plano estrictamente musical para transformarse en un movimiento social, ideológico y de identidad colectiva. A través de composiciones, un perfil marcadamente esquivo a la exposición pública y una masa de fieles que peregrinó detrás de su propuesta por años, forjó un personaje sin precedentes en el cancionero rioplatense.
Luego de la disolución de la mitológica banda, sostuvo su camino artístico al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, un proyecto que le permitió prolongar su catálogo y consolidar esa fidelidad incondicional que su público le profesó desde el primer día.
«A la hora de irme, me gustaría hacerlo a la manera de Leonard Cohen: levantándome a la mitad de la partida de poquer sin llamar la atención, dejando las cartas sobre la mesa, sin interrumpir el juego y con la confianza de que mis compañeros no darán vuelta los naipes para adivinar qué me traía entre manos. Me gusta por lo austera esa idea: irse callado, sabiendo que llegó tu momento de perder y sin distraer al resto de los jugadores que merecen seguir adelante. ¡Con lo que cuesta armar un full!», decía el Indio hace unos cuantos años.
Su partida fue bastante así. Se fue callado, sin distraer, aunque nadie parece tener armado ningún full. Su muerte entristeció la ciudad. Su despedida se está gestando para las 18 horas en Plaza de Mayo. Se espera una multitud.
Las huestes ricoteras convocan a Plaza de Mayo para despedir al Indio Solari



