Neuquén
30.000 agujas en Neuquén: cómo la memoria tomó forma de bordado
A 50 años del golpe, colectivos de Neuquén bordaron los nombres de sus desaparecidos uno por uno. Detrás de cada puntada, una historia recuperada.
Había algo que Dora Seguel no hacía desde los 11 años: bordar. Punto yerba, punto cadena —esas cosas que se aprenden en la infancia y se guardan en algún cajón de la memoria. Pero cuando le pidieron que se sumara a recuperar los nombres de las personas desaparecidas de la comarca petrolera, volvió a agarrar el hilo. Y no paró.
Dora es sobreviviente. La secuestraron cuando estaba en la secundaria. Pasó por La Escuelita de Bahía. Sabe bien de lo que habla cuando dice que en cada bordado encontró «la gran cantidad de cosas que se pueden decir»: el nombre, la fecha, una frase, el puño cerrado, una estrella, algo que muestre quién era esa persona antes de que se la llevaran.

Este 24 de marzo, a 50 años del golpe cívico militar, Neuquén no solo marcha. Borda. Y lo que construyó en estos meses —entre plazas, escuelas, bibliotecas populares e iglesias— es algo que va mucho más allá de la artesanía.
Los colectivos de bordado de la región recuperaron decenas de nombres de desaparecidos y desaparecidas neuquinas, rastrearon sus vidas, compartieron sus historias en ruedas de trabajo que se multiplicaron casi solas. Algunos de esos bordados viajaron a Córdoba, otros se sumaron al paño de más de tres kilómetros que marchará en Buenos Aires. Los que quedan en Neuquén acompañarán la columna del 24M o formarán parte de la instalación en la avenida Argentina, cuando pase la marcha de las Madres a las 19:30.
Nombres que vuelven
Gladis Sepúlveda, integrante de la APDH y sobreviviente de las cárceles de la dictadura, armó un listado de casi medio centenar de personas detenidas y desaparecidas de Neuquén o secuestradas en la provincia. Lo que pasó después no lo tenía del todo calculado: «Al poco tiempo no teníamos más nombres para repartir», contó. La convocatoria creció en plazas, barrios, iglesias, bibliotecas. Cada nombre llevaba consigo una historia que había que buscar, y eso transformó el bordado en algo más: un acto de recuperación colectiva.
«A medida que se iban bordando los nombres, querían saber de la vida del compañero o compañera. Fue como traerlos a la vida», explicó Gladis. Elida Sifuentes, otra ex detenida, lo resume así: «Escuchamos sus historias y compartimos los aportes. Fue un proceso hermoso, emocionante. Fue decir: aquí están».
Entre los nombres bordados están los de Rodolfo Marinoni, Celestino Aigo, Oscar Andrada, Lilian Giménez, Alicia Pifarré, Rodolfo Teberna, Roberto Rigoni, Oscar Ragni, Sirena Acuña, Mirta Tronelli, Cecilia Vecchi, Jorge Candeloro y decenas más —hombres y mujeres que eran de Neuquén, que vivían acá cuando los secuestraron, o que fueron desaparecidos en otras provincias pero tenían sus raíces en esta tierra.
En Cutral Co, el grupo que trabajó junto a Dora bordó más de veinte nombres con la identidad de desaparecidos de la comarca petrolera. A la lista sumaron figuras como Mónica Morán —que estudiaba en Bahía pero había dado clases en la zona—, Caito y Quique Sapag —secuestrados en Buenos Aires pero criados en Cutral Co— y Hugo Gisler, un hombre de paso que encontró refugio en la parroquia del Padre Pepe hasta que una noche se lo llevaron.
También se bordaron nombres que exceden la geografía provincial pero que tocaron de cerca a quienes participaron del proceso: Leticia Veraldi, una estudiante secundaria secuestrada en Cipolletti cuando volvía del colegio, y Luis Enrique Valdéz, de Córdoba. Porque la memoria no tiene fronteras prolijas.
En este primer 24 de marzo sin Inés Ragni ni Lolín Rigoni —las últimas Madres de Plaza de Mayo del Alto Valle, presencias irremplazables durante décadas— hay algo que se siente con fuerza: la lucha no se detuvo. Se multiplicó. En pañuelos blancos, en nombres bordados a mano, en jóvenes que aprendieron a usar el punto cadena para que nadie quede en el olvido.
Como dijo Nora Maggi, bordadora y militante: «En los bordados encontrarán detalles que generarán preguntas, porque en cada uno hay datos de esas vidas, de su militancia. Son los que estamos buscando».



