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Fátima El Mansouri: primera ministra de Marruecos entre presiones
Fátima El Mansouri enfrenta resistencia religiosa y conservadora como primera ministra de Marruecos, mientras jóvenes celebran el nombramiento…
Fátima Zahra El Mansouri se convirtió en la primera ministra de Marruecos, un hito histórico que expone las tensiones profundas entre modernización política y resistencia conservadora en un país de mayoría musulmana donde el poder ejecutivo sigue concentrado en manos del monarca.

El nombramiento de El Mansouri, cuyo partido Autenticidad y Modernidad (PAM) ganó las elecciones parlamentarias de septiembre con la mayor cantidad de escaños, desató reacciones encontradas. Su coalición controla 207 de los 395 escaños del parlamento marroquí, lo que le otorga una base legislativa sólida. Sin embargo, la designación de una mujer en el cargo político más alto del país —aunque el rey Mohammed VI de 63 años mantiene el poder ejecutivo real— reavivó argumentos religiosos contra el liderazgo femenino.
Mustafa Ramid, exministro de Justicia en un gobierno liderado por islamistas, citó a principios de octubre un proverbio islámico que afirma que «un pueblo que confía sus asuntos a una mujer nunca tendrá éxito». En una extensa publicación de Facebook, cuestionó si una mujer debería ocupar el cargo político más alto del país, argumentando que Marruecos había encontrado un equilibrio al reservar la posición suprema del rey solo para hombres.
Las reacciones en la calle reflejaron esta división. La cadena local Chouf TV entrevistó a hombres marroquíes sobre su opinión respecto a una mujer al frente del gobierno. Varios dudaron antes de responder; algunos aceptaron la decisión porque provenía del rey. Un hombre de cabello canoso declaró: «Me resulta extraño tener a una mujer como jefa de gobierno. No estoy seguro de que me parezca bien». En Marruecos, criticar a la monarquía conlleva riesgos legales, ya que el código penal tipifica como delito determinadas formas de ofensa contra el rey, la familia real y la monarquía.
En internet, el nombramiento se convirtió en blanco de sátira política. Un video que mostraba a dos mujeres tirándose del pelo circuló ampliamente, con subtítulos que sugerían así serían los desacuerdos parlamentarios entre El Mansouri y sus colegas. Esta burla refleja una resistencia más profunda: la dificultad de una sociedad para aceptar autoridad femenina en espacios históricamente dominados por hombres.
Contrario a las reacciones conservadoras, muchos jóvenes marroquíes, especialmente mujeres, acogieron con satisfacción la designación de El Mansouri. Esta brecha generacional marca un cambio gradual en las actitudes, aunque las opiniones conservadoras siguen siendo influyentes en sectores amplios de la población.
El caso de Marruecos ilustra un dilema común en monarquías constitucionales del norte de África y Medio Oriente: la tensión entre reformas políticas formales y estructuras de poder que permanecen intactas. Aunque El Mansouri encabeza el gobierno, el rey mantiene el control ejecutivo real, lo que limita su capacidad de decisión independiente. Esta configuración permite al monarca presentarse como modernizador sin ceder poder sustancial.





