Internacionales
Francia impone toques de queda tras el desborde del fin de semana
El primer ministro Lecornu ordenó a los prefectos decretar restricciones horarias en varias ciudades luego de los saqueos del sábado y el domingo.
Sébastien Lecornu ordenó este lunes la imposición de toques de queda parciales en varias ciudades de Francia tras el fin de semana más violento desde que asumió como primer ministro, hace poco más de cinco semanas. La decisión se conoció al cierre de un comité de crisis que el jefe de gobierno encabezó en París y la anunció él mismo: “Pedí a los prefectos decretar varios toques de queda parciales”, dijo.

Las jornadas del sábado y el domingo dejaron un tendal de destrozos en los principales centros urbanos del país. Las protestas contra el costo de vida —que vienen escalando desde la asunción de Lecornu— tuvieron un eje de movilización masivo y pacífico, pero grupos radicalizados protagonizaron incendios de barricadas, ataques a la vía pública y saqueos en locales comerciales, según el mismo cable de la agencia Noticias Argentinas. El gobierno de Emmanuel Macron buscó desde el primer día de la semana contener el desborde sin decretar una emergencia general.
Marsella y Denain, las dos velocidades de la restricción
Las medidas que ya estaban vigentes al momento del anuncio de Lecornu mostraban más de un formato. En Marsella rige la prohibición de concentraciones públicas entre las 12:00 y las 20:00 del lunes. En Denain, localidad próxima al límite fronterizo con Bélgica, sí entró en vigencia una veda de circulación nocturna que se extendería hasta el domingo siguiente. Dos esquemas distintos para dos situaciones distintas, bajo el paraguas de una misma instrucción nacional.
Macron reconoció públicamente lo que resulta difícil esconder: las grietas en la respuesta policial durante los episodios del fin de semana. En ese sentido, instó a diseñar “nuevos modos operativos” para frenar los fenómenos de barricadas y saqueos, sin precisar en qué consistirían.
El gobierno de Macron llega a este punto con un presupuesto sin cerrar y un parlamento fragmentado en tres bloques que no alcanzan consenso. Las protestas que estallan ahora no son ajenas a ese cuadro: el rechazo al ajuste fiscal que le costó el cargo a François Bayrou (eyectado en septiembre con un plan de recortes de 44.000 millones de euros) nunca se disipó y mutó, en el margen, en violencia callejera.
Francia enfrenta así la paradoja habitual de los gobiernos de tinte social – liberal: el orden público como herramienta de gestión en un escenario donde la legitimidad política empieza a mostrar sus grietas.





