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boca de pozo

Unas lágrimas y a seguir

La periodista Karina Maureira votó llorando la reforma laboral. La política la puso a prueba.

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Hay momentos en la política donde no hay vuelta atrás. Donde se cruza una línea invisible y ya no sos lo que fuiste. El jueves por la noche, en el Congreso, Karina Maureira cruzó esa línea. Pero era esperable, porque ya lo había anunciado.

Votó a favor de la ley de Modernización laboral y rompió en llanto. Ya había anticipado en notas lo que iba a hacer, incluso para darle «previsibilidad a la patronal». Algo difícil de digerir entre los peronistas del gobierno, como su excompañero de fórmula, Joaquín Perren, alineado con el Movimiento Evita y otras yerbas. El espacio de Neuquén tapa cualquier tipo de diferencias, como el mariscal Tito en la ex Yugoslavia.

La diputada nacional por La Neuquinidad, el espacio del gobernador Rolando Figueroa, acompañó una reforma que -más allá de las grietas- amplios sectores sindicales consideran inclinada hacia el empleador y escasamente discutida con los gremios.

Maureira debe ser la periodista más conocida en Neuquén por su cara en la pantalla de Canal 7, con muchos años de conductora, redes sociales con miles de seguidores y un trabajo social que fue más allá del periodismo. La gente le mandaba mensajes, era el nexo entre el pueblo y la política. Pero todo eso, ya no está más, a juzgar de muchos y de la época que odia a los políticos.

La diputada nacional Karina Maureira es periodista y parte de La Neuquinidad.

Figueroa la eligió justamente por eso, por saber de los lazos con los dirigentes y la gente. Pero en estos tiempos, hoy cruzar la línea hacia la política, es un gran riesgo. La eligió por ser una outsider.

La comunicadora tuvo flashes de reconocimiento, cercanía incluso con el Sindicato de Prensa de Neuquen. Era parte de un colectivo, afectuoso, que hoy mira con desconfianza la reforma que ella terminó acompañando. Y sin embargo, votó.

El límite del capítulo 26

Su intervención en la noche del jueves pasó por los matices, que poco importa ya entre el hecho consumado. El rechazo al capítulo 26, el que deroga la ley 12.1908 del Estatuto del Periodista. Allí se quebró. Allí apareció la emoción.

“Es lo único que tenemos para poder salir adelante en nuestro trabajo”, dijo. “Estamos ante una regulación sectorial con una norma vinculada con el ejercicio de la libertad de expresión y con el derecho de la sociedad a estar informada”.

No fue una defensa corporativa. Intentó darle un marco institucional: la independencia profesional frente a presiones económicas o políticas. “La libertad de expresión no es solamente un derecho individual del periodista, es un derecho colectivo de la ciudadanía”, sostuvo.

Pidió que rechacen el 26 y lo hizo casi implorando, pero después confirmó su voto positivo general. “Voy a acompañar a mi provincia”, cerró, con una frase que nm realidad se entiende poco, o mucho. Es decir, acompañar a la provincia es acompañar a esta reforma laboral.

No hay teoría seria que diga qué le pasa a una persona cuando lloran en estas circunstancias. Las emociones no prueban el contenido de una decisión. Pero sí pueden revelar conflicto.

Estar en la misa y en el baile, no se puede: ¿o si?

Maureira fue periodista. Hoy es diputada. Antes representaba a un colectivo laboral. Hoy representa a un espacio político con responsabilidades de gobernabilidad, acuerdos nacionales y alineamientos.

Hay una diferencia grande entre opinar frente a cámara y levantar la mano en el recinto. En la televisión uno analiza. En el Congreso uno decide. Y decidir implica pagar costos.

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Cuando lo que uno fue choca con lo que uno vota, aparece algo que en psicología se llama disonancia cognitiva: el malestar que surge cuando identidad y acción no coinciden del todo.

Para el registro histórico, Karina Maureira votó a favor de la reforma laboral. Podrá argumentar que defendió artículos, que marcó límites, que pidió excluir el capítulo 26. Pero en la memoria política se escribirá otra historia. Aunque todo, casi absolutamente todo, siempre se olvida. Un llanto y a seguir.

 

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