boca de pozo
Protegidos y descartados en La Neuquinidad
Maureira paga los platos rotos en el espacio de un Figueroa convencido del escenario 2027.
Karina Maureira llora en cámara, recibe amenazas de muerte y cierra sus comentarios en redes sociales. Julieta Corroza parece negociar en silencio y cuida su imagen. Pablo Cervi y Nadia Márquez recorren Neuquén sin que nadie les levante la voz.
Son cuatro legisladores nacionales con base en la misma provincia, con cuatro destinos completamente distintos.
Hay mucho contraste en la política neuquina, a no todos se lo mide con la misma vara y se los trata igual, aunque vayan a la misma fiesta. Esta es la fotografía de un espacio político, como es La Neuquinidad de Rolando Figueroa, que está pagando un costo que otros no pagan, y que empieza a mostrar sus primeras grietas internas.
Desde que circuló el video de Maureira llorando para justificar su voto a favor de la reforma laboral, la ex figura de Canal 7 quedó en el centro de una tormenta que aún no cede. Críticas masivas, escarnio público, una avalancha de trolls, (incluso colegas periodistas que le dieron la espalda) y, finalmente, amenazas de muerte que la obligaron a hacer una denuncia judicial. Hasta tuvo que cerrar temporalmente los comentarios en varias de sus redes sociales. Se replegó. Quedó expuesta y, sobre todo, quedó sola.

Desde que Karina Maureira votó llorando la reforma laboral, parte de su espacio comenzó a hacerle un vacío. Pocos la defienden l las críticas. No pasa lo mismo con Julieta Corroza.
Nadie desde La Neuquinidad salió a pararse al lado de ella con la misma visibilidad con la que se la atacó. Nadie absorbió parte del golpe. La imagen de una diputada nacional llorando frente a una cámara para explicar por qué votó lo que votó es, en sí misma, el síntoma de algo que no está funcionando dentro del espacio.
Desde fuentes ligadas a la política provincial trascendió a Política Viral que el trato que recibe Maureira dentro de La Neuquinidad es notablemente distinto al que tiene Corroza. “Hay algo que no cierra”, dijeron. “Pareciera que a Corroza se la cuida mucho más”. Ese ruido ya es un problema.
Qué es la ley de Zona Fría y qué quiere cambiar el gobierno
Antes de entender la pelea política, hay que entender qué está en juego. La ley de Zona Fría establece un subsidio sobre las tarifas de gas natural para las regiones del país con climas extremos: la Patagonia, Malargüe y la Puna.
El beneficio actual garantiza por ley un descuento del 50% sobre el precio final de la factura, lo que incluye el gas en boca de pozo, el transporte, la distribución y los impuestos.
El proyecto que el gobierno nacional impulsó y que Diputados ya aprobó cambia esa ecuación en dos puntos clave. Primero, el descuento dejaría de aplicarse sobre el precio final y pasaría a calcularse solo sobre el valor del gas en el Punto de Ingreso al Sistema, conocido como PIST. Concretamente, el transporte, la distribución y los impuestos quedarían fuera del beneficio, lo que se traduce en una factura más cara para el usuario final.

Julieta Corroza votó exactamente todo igual que Karina Maureira, pero parece que las críticas son algodonadas para la senadora.

Segundo, y más grave según los analistas, el proyecto reemplaza el artículo que fija el 50% de descuento como un derecho establecido por ley por una redacción que deja ese porcentaje a criterio del Poder Ejecutivo Nacional, que podrá modificarlo “con las modalidades que considere pertinentes”. Es decir: lo que hoy es una garantía legal podría convertirse mañana en una decisión discrecional del gobierno de turno.
Zona Fría: una votó, las dos cargarán el resultado
Maureira ya tiene la mano levantada y el voto registrado. Votó a favor del proyecto en Diputados, sin margen de maniobra. Corroza, en cambio, frenó. Trabaja con asesores y funcionarios del Ministerio de Energía provincial para analizar el impacto real y adelantó sin ambigüedades que no dará un voto que vaya en contra de la provincia.
“El gobernador Figueroa me pidió garantizar que no se toque el bolsillo de los neuquinos”, declaró la senadora. ¿Qué quiere decir eso?
En el Senado, el oficialismo no tiene los votos cantados. Con 21 senadores propios, necesita sumar a todos los gobernadores patagónicos, al PRO completo y a al menos siete de los diez radicales. La negociación está abierta, hay presión para introducir cambios y los gobernadores ya movieron sus fichas.
Si esos cambios llegan, Corroza se quedará con el rédito político de haberlos arrancado. Maureira quedará asociada para siempre a la versión más dura, la que generó el rechazo y que ella respaldó.
El costo que otros no pagan
Pero al tiempo que todo esto ocurre, Cervi y Márquez no pagan ningún costo. Es más, Márquez está recorriendo la provincia con el mensaje oficialista: ya estuvo en Plottier y Zapala, tiene prevista una visita a Centenario. Nadie la increpa ni tampoco la hostiga. Nadie le exige explicaciones con la misma virulencia que a Maureira.

El pastor Schlereth llegó a la política en 2023 de la mano del papá de Nadia Márquez, Hugo Márquez y Horacio «Pechi» Quiroga
La Neuquinidad termina absorbiendo el desgaste de defender posiciones que son, en rigor, las del gobierno nacional.
Los legisladores de Milei consolidan su vínculo con el territorio y el espacio de Figueroa (no todos) pagan los platos rotos. Los libertarios hacen la política como pueden y La Neuquinidad aguanta algunos golpes.
El síndrome del convencido
Nadie responde oficialmente es por qué. Una hipótesis que circula con fuerza en el ambiente político es que Figueroa está convencido de que 2027 pasa por la órbita de Milei y que alinearse hoy es la jugada correcta, aunque el costo lo paguen otros.
No sería la primera vez que el gobernador actúa con ese nivel de certeza. Cuando decidió meterse en las elecciones (luego de que la rectora saliente Beatriz Gentile fue candidata por Unión por la Patria) de la Universidad Nacional del Comahue, también estaba convencido. Los resultados dijeron otra cosa y ganó una lista que no le pidió permiso a los operadores provinciales.

Figueroa le entrega a Milei el decreto de «visitante ilustre».
La historia, por ahora, parece repetirse. Solo que esta vez el costo no lo paga Figueroa. Lo paga Maureira. Y con ella, parte de la credibilidad de todo un espacio que prometía ser algo distinto.



