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Deportes

Argentina vs Inglaterra: una cita con la historia y algo más

El miércoles a las 16:00 hs la selección se enfrentará a su clásico rival mundialista.

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Argentina e Inglaterra volverán a encontrarse en una Copa del Mundo. Será este miércoles, por una de las semifinales del Mundial 2026, en un duelo que definirá a uno de los finalistas y que volverá a poner frente a frente a dos selecciones que construyeron una de las rivalidades más fuertes de la historia del fútbol. La Selección de Lionel Scaloni llega con puntaje ideal. Ganó los seis partidos que disputó en el torneo: superó a Argelia, Austria y Jordania en la fase de grupos, eliminó a Cabo Verde en dieciseisavos de final, dejó en el camino a Egipto en octavos y derrotó a Suiza en cuartos para meterse entre los cuatro mejores del campeonato.

Sin embargo, el recorrido argentino dejó sensaciones encontradas. Más allá de los resultados, el equipo todavía no mostró el nivel de juego que acostumbró en los últimos años. En varios pasajes del Mundial dependió más del talento de sus individualidades que de un funcionamiento colectivo sólido. Hasta ahora, esa jerarquía le alcanzó para imponerse ante rivales, al menos en los papeles, de menor nivel futbolístico.

Inglaterra, por su parte, también llega invicta, aunque con un camino bastante más trabajado. Debutó con un triunfo frente a Croacia, luego empató con Ghana y cerró la fase de grupos con una ajustada victoria sobre Panamá. En la etapa eliminatoria sufrió para vencer a República Democrática del Congo, dejó en el camino a México y necesitó del alargue para derrotar a Noruega y meterse en las semifinales.

El conjunto inglés tampoco terminó de convencer desde el juego. Sin desplegar un fútbol brillante, fue construyendo su campaña a partir de la inteligencia táctica, la paciencia y una notable capacidad para defender las ventajas cuando consiguió ponerse arriba en el marcador. Esa solidez en los momentos decisivos le permitió sostener cada resultado hasta llegar a esta instancia.

Un duelo con historia

Hay partidos que duran noventa minutos. Y hay otros que empiezan mucho antes del pitazo inicial y siguen jugándose décadas después. Argentina e Inglaterra pertenecen a esa segunda categoría. Cada vez que se cruzan en un Mundial no se enfrentan solamente once jugadores contra otros once. También se encuentran los recuerdos, las alegrías, las heridas y una historia compartida que el tiempo nunca terminó de cerrar.

Hasta hoy, argentinos e ingleses jugaron cinco veces por la Copa del Mundo. El historial favorece a Inglaterra por tres victorias contra dos. Pero los números, en este caso, cuentan apenas una parte de la historia.

El primer capítulo fue en Chile 1962, con triunfo inglés por 3 a 1. Cuatro años después llegó el recordado cruce de los cuartos de final del Mundial de 1966. Inglaterra ganó 1 a 0 en un partido que quedó marcado por la expulsión de Antonio Ratín y por un arbitraje que todavía hoy genera discusiones. Aquella Selección Argentina era considerada por muchos como uno de los equipos que mejor jugaba de ese Mundial, pero el sueño terminó antes de tiempo frente al anfitrión, que luego levantaría la Copa del Mundo.

La noticia de la muerte de Ratín, justamente en la previa de un nuevo Argentina-Inglaterra, le agrega un detalle imposible de ignorar. Uno de los protagonistas de aquella rivalidad ya no estará para ver un nuevo capítulo.

Los años siguieron pasando hasta que la historia dejó de hablar solamente de fútbol. En 1982 llegó la Guerra de Malvinas. Un episodio que marcó para siempre a la Argentina y dejó una herida que todavía permanece abierta en la memoria colectiva.

Dos años después apareció un pequeño anticipo de lo que vendría. Independiente derrotó 1 a 0 al Liverpool en la Copa Intercontinental de 1984 gracias al gol de José Percudani. Fue una victoria deportiva, sí, pero en Argentina se vivió como algo más. Porque todavía era demasiado reciente el dolor y cualquier triunfo frente a un equipo inglés encontraba un significado diferente.

Pero el destino tenía preparada otra historia. México 1986. Estadio Azteca. Cuartos de final.

Hay tardes que parecen escritas por alguien que sabe de memoria cómo late el corazón de un país. Esa fue una de ellas. Diego Armando Maradona convirtió primero la Mano de Dios y después el Gol del Siglo. Dos goles separados por apenas unos minutos que, todavía hoy, siguen siendo probablemente los más famosos en la historia de los Mundiales.

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La Mano de Dios encontró una explicación distinta en la imaginación popular. «Al ladrón que le roba a un ladrón, cien años de perdón», repetirían durante años miles de argentinos. Era una forma de entender un momento que excedía cualquier análisis táctico o reglamentario. Y después llegó el otro gol. El imposible. El eterno. El que dejó ingleses desparramados por el césped antes de que la pelota descansara en el arco de Peter Shilton. Un gol que ya no pertenece solamente a Maradona, sino a la memoria colectiva de todo un país.

Aquella victoria no borró el dolor de la guerra. Ningún partido de fútbol puede hacer semejante cosa. Pero durante un rato le permitió a un pueblo sonreír después de mucho tiempo. Tal vez por eso sigue siendo uno de los encuentros más importantes de la historia del deporte argentino.

Doce años más tarde, Francia 1998 volvió a reunirlos.

Fue un partido extraordinario. Gabriel Batistuta abrió el marcador de penal. Inglaterra reaccionó con goles de Alan Shearer y Michael Owen. Antes del descanso, una jugada preparada entre Juan Sebastián Verón y Javier Zanetti terminó con una definición inolvidable del lateral argentino para establecer el 2 a 2.

El encuentro siguió siendo intenso, cambió con la expulsión de David Beckham y terminó resolviéndose desde los doce pasos. Allí apareció Carlos Roa, que les contuvo los penales a Paul Ince y David Batty para darle la clasificación a la Selección.

Quizá aquella victoria no ocupe el lugar que merece porque pocos días después llegaría la eliminación frente a Holanda. Pero fue otra página feliz en una rivalidad que siempre deja imágenes difíciles de olvidar.

El último antecedente fue en Corea-Japón 2002. Inglaterra ganó 1 a 0 con un penal convertido por David Beckham. Argentina terminaría despidiéndose en la fase de grupos y aquella derrota quedó asociada a una de las mayores frustraciones mundialistas de la Selección.

Ahora la historia vuelve a escribir una página más. Será el sexto enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra en una Copa del Mundo. Una nueva oportunidad para igualar el historial y seguir alimentando una rivalidad que ya forma parte del patrimonio del fútbol.

Lionel Scaloni fue claro al decir que esto es solamente un partido de fútbol. Y tiene razón. No debe confundirse una cosa con la otra. Pero también es cierto que hay partidos que llevan sobre los hombros el peso de la memoria. Que despiertan recuerdos en quienes los vivieron y curiosidad en quienes los heredaron. Partidos que no inventan la historia, pero sí dialogan con ella.

Argentina e Inglaterra vuelven a verse las caras. Otra vez una pelota empezará a rodar. Otra vez millones de personas estarán mirando el mismo partido desde lugares distintos del mundo. Y, como ocurre con las grandes historias, el resultado dirá quién ganó. Pero será el tiempo, una vez más, el que decida cómo será recordado.

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