boca de pozo
Plottier: pensar la ciudad más allá de la interna política
Se relanzó el Pacto de Gobernanza para priorizar al ciudadano y las urgencias del retraso.
Hay preguntas que casi nadie se hace cuando se habla de Plottier. ¿Cómo vive hoy el vecino su propia ciudad? Se discuten pactos, gestiones y responsabilidades políticas, pero hay una parte de la historia que suele quedar afuera. Es la del ciudadano de a pie, el que paga sus impuestos, el que eligió Plottier para vivir y todavía espera que esa elección se sienta en su calle, en su vereda, en su barrio.
Plottier dejó de ser, hace tiempo, aquella localidad chica y tranquila que muchos recuerdan. En los últimos años se transformó en el destino elegido por buena parte de la clase media profesional que no encontró en Neuquén capital un lugar accesible para vivir.
Médicos, docentes, empleados de Vaca Muerta, familias jóvenes. Todos empezaron a mirar a Plottier como una alternativa más cómoda, más barata, más tranquila. Y la ciudad respondió como pudo, pero sobre todo, creciendo. Pero creciendo rápido, sin pausa, sin que la planificación acompañara ese ritmo.

Malena Resa relanzó el PActo de gobernanza para levantar Plottier.

El resultado está a la vista para cualquiera que recorra sus calles. Una ciudad megadispersa, estirada en loteos que se multiplicaron sin la misma velocidad en los servicios. Barrios enteros que todavía esperan alumbrado, que todavía esperan que pase el camión de la basura con la regularidad que corresponde, que todavía esperan una vereda transitable.
Es la contradicción de Plottier, una ciudad elegida por miles de familias, pero que muchas veces no logra devolverles esa elección con la calidad de vida que merecerían.
El verdadero problema no es de un color político
Y acá aparece lo más importante de todo esto. Este no es un problema de una gestión en particular, ni de una interna, ni de una pelea entre dirigentes. Es un problema estructural que viene acumulándose con los años, mientras la ciudad seguía sumando vecinos.
Plottier funciona, para muchos de sus habitantes, casi como el patio trasero de Neuquén capital, el lugar donde se vive, pero no necesariamente el lugar donde se invierte con la misma intensidad que en la ciudad grande. El dormitorio de la Confluencia, le dicen algunos. Un lugar para volver a dormir después de trabajar en otro lado, más que una ciudad pensada para el día a día completo de sus vecinos.
En ese contexto, el pacto de gobernanza firmado entre la Provincia y Plottier aparece como algo distinto a lo habitual: un gesto que, más allá de cualquier cálculo político, pone sobre la mesa obras concretas para una ciudad que las viene necesitando desde hace años.

El Jefe de Gabinete del gobierno de Neuquén, Juan Luis Ousset.
Cien cuadras de pavimento, un Paseo Costero, una comisaría nueva, un Centro Deportivo Comunitario. Son, ante todo, respuestas a necesidades reales, no a necesidades de campaña.
Y quizás ahí esté el punto para pensar. Es dejar de mirar Plottier a través de la pelea política y empezar a mirarla a través de la vida cotidiana de quienes la habitan.
El pueblo de Plottier no necesita más internas, sino una ciudad que funcione. Son cosas chicas, cotidianas, pero son las que terminan definiendo si una ciudad es habitable o si sigue siendo, para muchos, un lugar de paso.
Plottier tiene todo para ser una de las mejores ciudades de la Confluencia. Lo que le falta, todavía, es que esa deuda pendiente entre gobernantes y gobernados empiece, de una vez, a saldarse.



