boca de pozo
Germán Abdala, treinta y tres años después
El dirigente que refundó ATE y sigue incomodando el presente.
Un peronista revulsivo, sindicalista de ATE, diputado nacional que rompió con el bloque de su propio partido para enfrentar a Menem, y uno de los fundadores de la CTA. Todo eso en 38 años de vida. Este lunes 13 de julio se cumplen 33 años de la muerte de Germán Abdala y su figura sigue incomodando el presente argentino, incluso el de quienes lo reivindican.

Nació en Santa Teresita, hijo de un comerciante siriolibanés peronista. A los veinte entró como pintor a los Talleres de Minería del Estado. En 1977 — todavía bajo la dictadura militar — cofundó la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de ATE (ANUSATE) junto a Víctor De Gennaro, entre tantos otros. En 1984, con la vuelta de la democracia, esa agrupación le arrebató la conducción del sindicato a la lista colaboracionista de la dictadura y Abdala fue elegido Secretario General de la Sección Capital. Ese mismo año le diagnosticaron un cordoma de sacro, un cáncer congénito poco frecuente. Trabajaría, militaría y legislaría los siguientes nueve años sabiendo que el final estaba cerca.
El que pega primero
En 1989 fue electo diputado nacional por el PJ. Fue la primera victoria del peronismo en la Ciudad de Buenos Aires. En diciembre asumió la banca. En marzo del año siguiente empezaba a separarse de Menem. En 1990 conformó, junto a Chacho Álvarez y otros seis legisladores, el «Grupo de los Ocho»: un bloque disidente dentro del propio peronismo que enfrentó las privatizaciones, la reforma del Estado y los indultos a los genocidas. Se desafilió del PJ.
Su gran obra legislativa lleva su apellido. La Ley 24.185 — la «Ley Abdala» — promulgada el 16 de diciembre de 1992, habilitó por primera vez en la historia argentina la negociación colectiva entre el Estado nacional y sus trabajadores. Salarios, escalas, condiciones de ingreso, concursos, estabilidad, régimen horario, licencias, capacitación. Todo lo que hasta entonces se resolvía por decreto pasaba a discutirse en paritaria. Los sindicatos estatales que hoy negocian con los gobiernos provinciales le deben a esa ley la existencia misma del marco jurídico que están usando.
La CTA y el diagnóstico anticipado
En noviembre de 1992, ya casi sin fuerzas, participó del congreso fundacional del Congreso de Trabajadores Argentinos, que devendría en la Central de Trabajadores de la Argentina. La CTA nació con una premisa que Abdala impulsó desde el primer día: la CGT oficialista no alcanzaba para enfrentar el modelo. Hacía falta otra herramienta.
Lo notable de Abdala es su carácter premonitorio y su determinación para actuar como si conociera los resultados de antemano. Habló de los costos sociales del ajuste antes de que el ajuste tuviera nombre. Advirtió sobre las privatizaciones de servicios públicos, recursos naturales y telecomunicaciones cuando la agenda todavía las presentaba como modernización. Y ubicó al problema no solo en la ideología económica, sino en la fractura del tejido colectivo: «Cambiar las conductas humanas, quebrarnos a nosotros en eso tan íntimo como es la voluntad de lo colectivo».
Treinta y tres años después, Abdala suena contemporáneo. Los estatales santacruceños que paran esta semana usan la ley que él escribió. Los intendentes que reclaman fondos por servicios básicos hacen las cuentas que él anticipó. La discusión sobre qué papel juega el Estado en la vida cotidiana argentina — que hoy vuelve a ocupar el centro del debate — la venía teniendo Abdala en programas de TV mientras Bernardo Neustadt lo intentaba ridiculizar.
Sus cenizas fueron entregadas al mar de Santa Teresita. Entre el viento y la arena de ese rincón bonaerense alguien repite su frase más citada: «Hay que vivir como se habla y actuar como se piensa».




