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boca de pozo

¿Cuánto ganan nuestros gobernantes?

Hablar de los sueldos del poder sigue siendo tabú. Un debate hipócrita y fallido en Neuquen.

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La discusión no es nueva, pero volvió con fuerza y mucho ruido. Luego de que el presidente Javier Milei decidiera limitar el aumento de su propio sueldo y el de su vicepresidenta Victoria Villarruel, con quien hoy mantiene una relación política de convivencia más que de afinidad, se reactivó un debate tan viejo como aburrido: ¿Cuánto ganan realmente nuestros gobernantes?

En el plano nacional, este gesto fue leído como una señal hacia una sociedad harta de privilegios, ese núcleo duro de La Libertad Avanza y los que están afuera de la política, y como un gesto hipócrita para los detractores. Hasta el mismo Milei dejó de donar y «sortear» su sueldo ya hace tiempo, y creo que pocos lo recuerdan.

Pero también dejó al desnudo una verdad que la política evita decir, y es que el sueldo no es el principal beneficio del poder. Las verdaderas ganancias suelen estar en otro lado -contactos, relaciones públicas, influencia, negocios futuros-, es por eso que el salario o la dieta queda como un dato formal, casi decorativo.

 

Sin embargo, cuando se baja en la cadena del Estado, la cosa cambia. Porque todos cobran igual, ni todos pueden darse el lujo de “resignar” ingresos sin costo político como esos actos demagógicos. Y Neuquén se convirtió, en las últimas semanas, en una muestra  perfecta de esa contradicción. Porque no es lo mismo el sueldo de un ministro (más de 10 millones de pesos) al de un vocal de TSJ (se habla de mucho más), que el de un concejal de un pueblo perdido de ese «Neuquen profundo».

Rolando Figueroa, los intendentes y la política del “no aumento”

El último relato se dio con el gobernador Rolando Figueroa, quien, subido a la ola antipolítica y al rechazo social por los gastos superfluos, salió a marcarle la cancha al intendente de Junín de los Andes, Luis Madueño, luego de que el Concejo Deliberante aprobara un aumento salarial del 40% para las autoridades locales.

Vale aclarar que Madueño entró por el Frente Neuquinizate, la vieja alianzas de Figueroa de partidos que lo ayudaron a ser gobernador de Neuquen.

Figueroa no dejó lugar a matices. Dijo que no podía meterse en la autonomía municipal, pero manifestó su rechazo político al incremento. Un mensaje con destinatario directo, y disciplinado para cualquiera que intente aumentarse el sueldo en estos tiempos. Rápido de reflejos, el intendente veto la ordenanza (o eso dijo) y si bien hubo un coro de aplaudidores con la medida ejemplificadora, nadie hui formalmente el decreto del veto, ni se difundió en las redes sociales.

Pero todo nos quedó ahí. Días después, la misma escena se repitió en Vista Alegre, donde el intendente José Asaad (un niño mimado por ser uno de los pocos peronistas que ganó una intendencia y una especié de líder simbólico de ese refugio ideológico) quedó envuelto en otra polémica.

Sus concejales, en la última sesión del 2025 aprobaron la modificación de una ordenanza que incrementaba los sueldos del intendente y de los cargos de conducción. Asaad salió, a través de voceros e intermediarios, a decir que había vetado esa ordenanza, para no repetir la historia de su par Madueño, una medida casi para las redes sociales, al final del año, con pocas posibilidades de chequear Liu realmente ello ocurrió.

Nadie vio los vetos. Nadie los leyó. Pero eso, en términos políticos, es casi secundario. El solo acto de decir “no nos vamos a aumentar los sueldos” ya funciona como un como escudo protector ante el escarnio público,  y como gesto de corrección moral frente a la opinión pública.

¿Nadie sabía nada? El rol de los «delegados regionales»

Cuesta creer que el gobernador Figueroa no estuviera al tanto de las movidas salariales en los municipios. En una provincia chica, hipercomunicada, con delegados regionales, ministros, subsecretarios y líneas directas abiertas, la sorpresa suena poco creíble. ¿Quién falla entonces? ¿El delegado de la Región Pehuén? ¿El de Confluencia? ¿No hay diálogo político previo para anticipar decisiones que, se sabe, van a generar ruido?

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Si el gobernador se entera cuando el escándalo ya está en los medios, algo no funciona.

Figueroa salió a presionar por el veto de Junín de los Andes. Porque salir a poner la cara por el de Vista Alegre, ya era demasiado. Era fin de año, Navidad, un clima social sensible yahí apareció la narrativa oficial para mostrar austeridad frente a una sociedad cansada.

Pero aún hay preguntas que van mas ala de la demagogia. ¿Cuánto puede -y debe- ganar un político? ¿Cuánto es razonable para un intendente? ¿Es lo mismo gobernar una gran ciudad que una localidad como Junín de los Andes?

El discurso público demoniza el salario político, y mientras menos olas se levanten, menos tempestades para los que están callados, y con beneficios. Incluso, con salarios muchos más arriba que los de un intendente o el mismo gobernador.