boca de pozo
Por la crisis del mercado laboral, explota el trabajo en apps y Rappi sumó repartidores por un 250%
Más personas recurriendo a las apps, mientras la ganancia por pedido se desploma y las condiciones se precarizan.
Los datos oficiales de Rappi revelan un crecimiento explosivo de la cantidad de repartidores en Argentina: en apenas un año, la plataforma pasó de 43.048 trabajadores en noviembre de 2024 a 151.874 en noviembre de 2025, un salto del 252%.
El fenómeno, difundido por la periodista Rosario Costantino, expone una radiografía cruda del mercado laboral bajo la crisis: más personas recurriendo a las apps para generar ingresos, mientras la ganancia por pedido se desploma y las condiciones se precarizan.

El incremento de trabajadores convive con otros dos datos preocupantes: los ingresos reales por pedido caen y el sector empieza a mostrar señales de agotamiento, lo que podría derivar en un crecimiento de la desocupación cuando las apps dejen de funcionar como “amortiguador social”.
Un crecimiento récord que no mejora los ingresos
La empresa informó que la cantidad de órdenes aumentó un 29,3% interanual, pero ese incremento resulta insignificante frente al salto en la cantidad de repartidores. Con más personas compitiendo por la misma demanda, la comisión individual se derrumba, según relatan los propios trabajadores.
Aunque el ticket promedio subió un 21%, ese número quedó por debajo de la inflación interanual del 24,5% medida a octubre. En términos reales, los usuarios gastan menos que el año pasado y el ingreso por pedido pierde poder de compra.
La cantidad de comercios adheridos a la plataforma también creció —un 39%—, consolidando a las apps como un actor relevante en un contexto de caída general de la actividad económica.
Las apps como “amortiguador social” de la crisis
Los analistas coinciden en que el salto en la cantidad de personas que se vuelcan a trabajar en plataformas digitales funciona como un indicador indirecto del deterioro del mercado laboral formal. La periodista Rosario Costantino lo definió como un “amortiguador social de la crisis productiva”, un refugio económico al que recurren quienes pierden su empleo, quienes no encuentran uno nuevo o quienes necesitan sumar ingresos.
Pero la expansión acelerada tiene un límite. La oferta laboral crece mucho más rápido que la demanda de pedidos, lo que empuja los ingresos a la baja y genera un escenario cada vez más difícil para quienes dependen exclusivamente de estas tareas.
Precarización en aumento y una advertencia de los propios trabajadores
El aumento de repartidores no vino acompañado de regulaciones ni mejoras en las condiciones laborales. Las apps funcionan sin un marco claro de protección social, sin aportes previsionales obligatorios, sin paritarias y bajo sistemas de penalización algorítmica que determinan premios, castigos y acceso a los pedidos.
En ese contexto, trabajadores advierten que si la tendencia continúa, la actividad podría volverse inviable para miles de personas, sin alternativas laborales a la vista.
Lo que surge como una salida inmediata ante la crisis se transforma, cada vez más, en un circuito de ingresos bajos, inestables y sin derechos.



