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Chile: la comunista Jara ganó por poco y enfrenta un balotaje contra la derecha unida
La candidata oficialista superó por apenas tres puntos a José Antonio Kast.
La elección presidencial en Chile dejó un resultado tan sorprendente como inquietante para el oficialismo de Gabriel Boric. Jeanette Jara, su candidata, logró evitar un balotaje totalmente dominado por dos postulantes de derecha y hasta ganó la primera vuelta con el 26,8% de los votos, frente al 23,9% de José Antonio Kast. Sin embargo, el magro margen está lejos de las expectativas que había despertado en las últimas semanas. Jara quedó apenas por encima del referente de la extrema derecha, quien en cuestión de minutos recibió el respaldo explícito del libertario Johannes Kaiser (13,9%) y de la conservadora Evelyn Matthei (12,5%): un bloque opositor que llega a diciembre con una ventaja aritmética contundente.
La figura de Kast vuelve a irrumpir en el tablero chileno con un discurso aparentemente moderado, aunque su historial lo desmiente: hijo de un simpatizante nazi refugiado en Chile tras la Segunda Guerra Mundial, hermano de un ministro de la dictadura de Augusto Pinochet y él mismo ex militante de la UDI, emblema del pinochetismo en los años 80. Ya como diputado, incluso impulsó un proyecto para indultar a militares condenados por delitos de lesa humanidad. En esta campaña, sin embargo, intentó mostrarse como el candidato del “sentido común”, centrando su mensaje en seguridad, crecimiento económico e inmigración: los tres temas que más preocupan a la ciudadanía según las encuestas.

El contraste con 2021 es evidente. En aquel entonces, las ansias de cambio social, tras el estallido social de 2019 y la brutal represión policial, se impusieron a los reclamos de orden y permitieron que Boric sumara apoyos decisivos en la segunda vuelta. Contó con los votos de la Democracia Cristiana, de sectores de la izquierda tradicional y de parte del electorado del tecnócrata Franco Parisi. Hoy, Jara llega sin un caudal aliado tan claro: no hay un bloque progresista amplio disponible para consolidar su crecimiento y la fragmentación de la centroizquierda dificulta aún más su escenario.
A esto se suma un factor inédito desde 2009: el voto obligatorio, que llevó la participación del 50% al 74%. Según los sondeos previos, uno de cada cuatro votantes definió su elección en las semanas anteriores, muchos de ellos ciudadanos alejados de la política que acudieron forzados por la nueva ley. Este componente imprevisible reforzó la volatilidad del escenario y cambió el peso relativo de electorados que tradicionalmente se movilizaban poco, afectando especialmente al oficialismo, que no logró reconstruir su conexión con la ciudadanía.
El desencanto con la gestión de Boric terminó por moldear un clima adverso. A pesar de avances concretos —mejora del salario mínimo, reducción de la jornada laboral y reforma previsional—, la derrota del proyecto de nueva Constitución en 2022 marcó un punto de quiebre. En ese vacío, la derecha se reagrupó y avanzó. La candidatura de Jara parecía revitalizar al oficialismo, tras imponerse sorpresivamente en las internas a Carolina Tohá, pero el escenario que enfrenta hoy es mucho más duro: un balotaje donde Kast ya llega con el respaldo explícito de toda la derecha y un oficialismo obligado a recomponer, en pocas semanas, un vínculo social que lleva años desgastado.
Fuente: NA






