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boca de pozo

Neuquén obliga a las petroleras a reutilizar el agua que usan en el fracking

El Gobierno convirtió en política de Estado el reciclaje del agua para extraer petróleo y gas.

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Cada vez que una empresa petrolera perfora un pozo en Neuquén para extraer petróleo o gas, necesita millones de litros de agua. No para beber ni para regar, sino para romper la roca que guarda los hidrocarburos en las profundidades de la tierra.

Esa técnica se llama fracking, y es la que permitió convertir a Vaca Muerta en uno de los yacimientos más importantes del mundo. Pero tiene un costo: consume una cantidad enorme de un recurso que en la Patagonia escasea. El agua.

El Gobierno de Neuquén acaba de dar una respuesta a ese problema, que es controvertido y que genera amplío debate con partidos políticos y ambientalistas.

En definitiva, la autonomía que tiene la provincia en materia de ingresos por regalías, es por el incremento de la producción hidrocarburífera a través de la fractura hidráulica.

Loma Campana es el yacimiento insignia de Vaca Muerta donde comenzó el fracking.

Mediante el Decreto 792/2026, firmado el 4 de junio y publicado en el Boletín Oficial de la provincia, estableció como política pública prioritaria la reutilización, recuperación y recirculación del agua en la actividad hidrocarburífera no convencional, con el objetivo de reducir nuevas captaciones y mejorar la eficiencia en el uso del recurso.

Es decir que las empresas que operan en Vaca Muerta deberán reciclar el agua que usan en lugar de seguir tomando agua nueva cada vez que perforan un pozo.

¿Por qué se necesita tanta agua?

Para entender la magnitud del problema hay que explicar cómo funciona el fracking. La técnica consiste en inyectar agua a altísima presión —mezclada con arena y algunos químicos— dentro de la roca. Esa presión fractura la formación geológica y libera el petróleo o el gas que estaba atrapado.

Una sola perforación puede requerir entre cinco y veinte millones de litros de agua. Y en Vaca Muerta se perforan cientos de pozos por año.

Solo en transporte y almacenamiento de agua, las empresas gastan alrededor de diez millones de dólares por emprendimiento. Una cifra que da una idea de la escala del problema y también del incentivo económico que tienen las compañías para reutilizar el recurso en lugar de seguir comprándolo y trasladándolo.

¿De dónde viene toda esa agua?

Principalmente del río Neuquén y de otros cursos de agua de la región. El mismo río del que dependen las ciudades, los campos y los ecosistemas de toda la zona.

El agua para el fracking comenzó a ponerse en discusin liuego de varios años de perforaciones en Neuquén

A medida que Vaca Muerta crece, la competencia por ese recurso se vuelve más intensa. Las comunidades locales, los productores agropecuarios y las organizaciones ambientales llevan años advirtiendo que el agua no alcanza para todos. Distintas organizaciones han alertado sobre el riesgo de agotamiento del recurso hídrico, la posible contaminación de napas subterráneas y los temblores asociados a la actividad.

Qué cambia con el nuevo decreto

El decreto no prohíbe usar agua nueva, pero crea un sistema que desincentiva hacerlo. Por un lado, implementa un nuevo esquema de canon, es decir, un cobro, para los consumos de agua pública destinados a las tareas de perforación y explotación no convencional. Hasta ahora las empresas captaban agua sin pagar por ella de manera directa. Con esta medida, el agua tiene precio, y eso cambia el cálculo económico de las compañías.

Por otro lado, la norma declara de interés provincial los proyectos que incorporen mecanismos de aprovechamiento complementario del agua captada, lo que incluye la posibilidad de destinar parte del recurso tratado a actividades agropecuarias, forestales, industriales o de interés social.

Dicho de otro modo: el agua que una petrolera recicla después de usarla en el fracking podría terminar regando un campo o abasteciendo a una comunidad rural, en lugar de ser simplemente descartada.

¿Alcanza con esto?

La medida es un avance, pero la pregunta es si se aplicará con rigor. Neuquén vive un momento de expansión energética sin precedentes. Con el gasoducto ya operativo, el proyecto de exportación de gas licuado avanzando y cada vez más empresas internacionales llegando a Vaca Muerta, la cantidad de pozos que se perforan cada año no para de crecer. Más pozos significa más agua utilizada.

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Desde la administración provincial sostienen que la reutilización del agua representa una herramienta estratégica para preservar las reservas hídricas y consolidar un modelo de desarrollo productivo con menor impacto ambiental.

Lo que está en juego es el agua, un es el recurso más escaso y más vital de la Patagonia. Y de cómo se administre en los próximos años dependerá, en gran medida, que el boom de Vaca Muerta sea compatible con la vida de las comunidades que comparten el mismo territorio.

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