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Brasil convoca al embajador argentino y retira a su enviado en Buenos Aires tras los dichos de Milei contra Lula
La Cancillería brasileña llamó a consulta a su embajador Julio Bitelli y citó a Guillermo Raimondi en Brasilia, en un gesto inusual de protesta por los insultos de Milei al presidente Lula y a un juez del Supremo Tribunal Federal, mientras en la Casa Rosada admiten un quiebre político pero descartan, por ahora, impacto en el vínculo económico bilateral
El gobierno de Brasil profundizó la escalada diplomática con la Argentina al citar en Brasilia al embajador Guillermo Daniel Raimondi para que dé explicaciones por las expresiones de Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva y autoridades del país vecino, y al retirar temporalmente a su propio representante en Buenos Aires, Julio Bitelli, en señal de protesta. La Cancillería brasileña, conducida por Mauro Vieira, formalizó ambas decisiones luego del acto político que el presidente argentino encabezó en San Pablo, donde lanzó descalificaciones directas hacia el jefe de Estado brasileño y a un juez del Supremo Tribunal Federal.

En su discurso durante la convención del Partido Liberal, Milei respaldó la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro y volvió a cargar contra Lula, al que tildó de “ladrón” y “presidiario”, además de asociarlo a un supuesto “Riesgo Lula” para la economía brasileña por la falta de ajuste fiscal. También atacó a un magistrado del Supremo Tribunal Federal, identificado como Alexandre de Moraes, a quien aludió en términos insultantes, y denunció que Brasil financia una “campaña antiargentina”, lo que el gobierno de Lula consideró una injerencia inaceptable en asuntos internos. En una nota oficial, Itamaraty sostuvo que “no hay precedentes” de un mandatario extranjero que, en territorio brasileño, acumule agresiones contra el presidente, las instituciones democráticas y el pueblo del país.
La reacción de Brasil incluyó el llamado a consultas de Bitelli, que deberá regresar a su país en las próximas horas, y la convocatoria al embajador argentino en Brasilia para transmitirle el malestar por los dichos de Milei, un procedimiento habitual cuando se considera que la relación bilateral ha sido afectada. En la Casa Rosada, en cambio, procuran minimizar el impacto económico de la crisis y sostienen que el quiebre es principalmente político, al reiterar que “lo diplomático y lo comercial corren por cuentas separadas” y que, por ahora, no hay definiciones sobre eventuales cambios en la representación argentina en Brasil.
Las declaraciones de Milei provocaron una fuerte respuesta del oficialismo brasileño y del Poder Judicial. El presidente del Supremo Tribunal Federal, Luiz Edson Fachin, repudió los agravios dirigidos a Alexandre de Moraes, mientras figuras del Partido de los Trabajadores, como Edinho Silva, calificaron de inadmisible que un jefe de Estado extranjero se refiera en términos irrespetuosos a las instituciones de Brasil. El ministro de Relaciones Institucionales, José Guimarães, lo acusó públicamente de desmantelar derechos sociales en la Argentina y sostuvo que un gobernante debe ocuparse de cuidar a su pueblo, en un claro mensaje político hacia Milei.
En la Argentina, el incidente encendió alarmas en sectores políticos y empresariales por el peso de Brasil como principal socio comercial y destino clave de exportaciones industriales. Referentes diplomáticos como el exembajador Jorge Argüello describieron la situación como “la mayor imprudencia diplomática desde 1983” y advirtieron que pone en riesgo la confianza construida en décadas de integración. Dirigentes opositores y analistas alertan que una escalada prolongada podría afectar el comercio, las inversiones y el funcionamiento del Mercosur, aunque el gobierno libertario insiste en que el vínculo económico no se verá alterado en lo inmediato.
La visita de Milei a Brasil se desarrolló sin contactos con el gobierno de Lula y se concentró exclusivamente en el universo bolsonarista: fue recibido por el gobernador de San Pablo, Tarcísio Gomes de Freitas, y condecorado con la Orden de Ipiranga en grado de Gran Cruz, en un gesto de fuerte alineamiento político con la derecha local. Ese posicionamiento, sumado a los insultos proferidos en suelo brasileño, profundizó una brecha ideológica que ya venía condicionando la agenda bilateral y dejó la relación política entre Buenos Aires y Brasilia en uno de sus momentos más delicados desde la recuperación democrática, con un “enorme malestar” que en ambos países muchos temen que pueda trascender el plano retórico.




