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Internacionales

BRICS 2025: ¿Un Contrapeso Real o un Equilibrio Delicado?

Los BRICS representan el 39% del PBI global.

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La reciente Cumbre BRICS en Río de Janeiro, la 17.ª de su historia, nos dejó un panorama fascinante sobre el pulso del Sur Global. Este bloque, que nació como un club selecto de economías emergentes y hoy cuenta con la ambiciosa incorporación de Egipto, Etiopía, Indonesia, Irán, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, se consolida como una alternativa cada vez más relevante al tradicional G7. Pero, ¿hasta qué punto es un contrapeso real o un malabarismo constante?

Los números son elocuentes: los BRICS representan el 39% del PBI global, casi la mitad de la población mundial y un porcentaje significativo del comercio e inversión. Bajo el lema “fortalecimiento de la cooperación del sur global para una gobernanza inclusiva y sostenible”, la agenda fue ambiciosa: desde salud global y cambio climático hasta la inteligencia artificial y la reforma de la arquitectura multilateral. La ambición es clara, la pregunta es cuán unificada es la visión.

Ausencias notorias y agenda selectiva

La Cumbre 2025 tuvo sus ausencias destacadas. Ni Vladímir Putin ni Xi Jinping, dos pesos pesados del bloque, acudieron a la cita. La ausencia de Putin, bajo la lupa de la Corte Penal Internacional, es comprensible. La de Xi, sin embargo, sugiere una calculada cautela, quizá reacio a liderar el encuentro sin su contraparte rusa. Estas ausencias, aunque tácticas, revelan las complejidades internas y la necesidad de equilibrios dentro del bloque.

Y si de equilibrios hablamos, la Declaración de Río no hizo más que confirmarlos. La condena explícita a las acciones israelíes en Gaza contrasta notablemente con la ausencia de críticas a las operaciones rusas en Ucrania. Esta «selectividad» no es casual. Muchos miembros de los BRICS deben navegar entre sus alianzas con Rusia y sus vitales lazos económicos con Occidente. Adoptar una postura unificada en conflictos que involucran a estos actores es, simplemente, una misión casi imposible. La diplomacia, aquí, es un arte de equilibrios precarios.

La desdolarización: un proceso lento pero constante

Uno de los ejes que más interés genera es la búsqueda de una menor dependencia del dólar. La propuesta de un sistema de pago propio y el impulso al comercio en monedas nacionales son pasos concretos hacia una «desdolarización funcional», no una ruptura abrupta. Brasil, como anfitrión, ha liderado iniciativas como BRICS Pay, buscando fortalecer una infraestructura de pagos alternativa. Sin embargo, la idea de una moneda común, discutida en cumbres anteriores, sigue en estado embrionario, con India declarando que aún es prematuro. Las asimetrías económicas internas son un freno real.

Un sur global conectado, ¿y vigilado?

La cumbre también puso sobre la mesa la visión de un «Sur Global inclusivo y sostenible», con lazos que van más allá de lo económico. Desde la propuesta rusa de vender reactores nucleares flotantes a Brasil para la Amazonía, hasta los nuevos corredores ferroviarios y viales que conectarán Brasil con los puertos chilenos, la infraestructura se presenta como clave. Sin embargo, proyectos como la presa Coca Codo Sinclair en Ecuador, construida por China con graves fallas, nos obligan a levantar una ceja.

El ámbito tecnológico también generó debate. La cooperación espacial entre China y Brasil, con proyectos como el radiotelescopio BINGO, si bien se presenta como puramente científica, despierta preocupaciones sobre posibles usos militares o de espionaje, recordando el caso del Observatorio Radioastronómico Chino de Neuquén en Argentina. Y la propuesta de Lula de construir cables submarinos exclusivos para los BRICS, conectando directamente a sus miembros, si bien busca soberanía en el intercambio de datos, plantea interrogantes sobre la seguridad global, especialmente con la inclusión de regímenes autoritarios en el bloque.

Convergencia táctica frente a la presión occidental

Finalmente, la cumbre dejó en claro una convergencia táctica defensiva frente a políticas comerciales agresivas, como los aranceles unilaterales de Estados Unidos. Las amenazas de Donald Trump de imponer aranceles del 100% si se avanza hacia una moneda BRICS no son triviales; son señales de presión geoeconómica.

Esta cautela, visible en la moderación de Brasil e India, que evitan la confrontación directa con Washington, subraya una contradicción fundamental: la aspiración política de un orden multipolar versus la restricción estructural de lazos económicos profundos con Occidente. Los BRICS, más que un reemplazo del orden internacional, funcionan como un foro para la «disidencia calibrada», una plataforma donde los miembros pueden expresar su insatisfacción mientras se mantienen atados a las redes que garantizan su estabilidad económica.

La Cumbre BRICS 2025 nos mostró un bloque en crecimiento, ambicioso y cada vez más coordinado. Sin embargo, también nos recordó que su camino está marcado por la necesidad de equilibrar intereses diversos, sortear presiones externas y consolidar una visión unificada, mientras lidian con las asimetrías y sensibilidades internas. El futuro del Sur Global es, sin duda, complejo y fascinante.

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