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El día después de Messi: Argentina vuelve a ser terrenal
La derrota ante España en la final del Mundial cerró una era histórica y abrió un escenario de incertidumbre por el futuro de Lionel Scaloni. Sin su máxima figura, la Selección deberá demostrar que su grandeza está por encima de cualquier nombre.
El Mundial 2026 terminó de la manera más dolorosa para la Selección Argentina. La derrota por 1 a 0 frente a España, con un gol de Ferran Torres a los 106 minutos del tiempo suplementario, dejó al equipo de Lionel Scaloni a las puertas de una nueva estrella. Pero el golpe deportivo fue apenas una parte de la historia. El encuentro también marcó el último Mundial de Lionel Messi con la camiseta argentina y abrió un interrogante sobre el futuro del ciclo, luego de que Scaloni pusiera en duda su continuidad como entrenador al finalizar el partido.

Con ese escenario comienza una nueva era. Una etapa sin el futbolista que durante dos décadas fue capaz de cambiar el destino de un partido y, muchas veces, de amortiguar cualquier problema que pudiera surgir alrededor de la Selección.
Argentina será, por primera vez en mucho tiempo, una selección terrenal. En los últimos 20 años cualquier problema de gestión, de grupo o de nombres podía ser maquillado con la presencia del mejor jugador del mundo. Hoy esa etapa terminó. Ya no existe ese parche que, para bien y para mal, tapaba cualquier inconveniente que podía existir no solo dentro de la cancha, sino también afuera.
Pero Argentina debe ver una oportunidad en todo esto. Ya le tocó atravesar la difícil tarea de despedir al mejor jugador de todos los tiempos. Sin Diego Maradona llegaron las Copas América de 1991 y 1993, un invicto histórico y, pese al golpe que significó aquella noche frente a Colombia y el posterior repechaje, el fútbol argentino volvió a reinventarse.
Un año después de la despedida de Diego en Estados Unidos 1994 comenzó el ciclo de José Pekerman en las selecciones juveniles. Un proceso que le dio a Argentina tres Mundiales Sub-20 y que, además, sembró la base del cuerpo técnico que terminaría conquistando todo entre 2022 y 2026.
Mientras Pekerman hacía brillar a cada generación de juveniles durante los años noventa y principios de los 2000, la Selección mayor no lograba transformar en títulos todo lo bueno que construían Daniel Passarella y Marcelo Bielsa. Ya no aparecía otro Maradona, pero sí surgían Pablo Aimar, Juan Román Riquelme, Juan Sebastián Verón, Esteban Cambiasso o Javier Saviola. Estábamos en buenas manos. En realidad, siempre lo estuvimos.
Porque el éxito de la Selección nunca dependió exclusivamente de un solo nombre. Argentina fue una potencia antes de Maradona y siguió siendo protagonista después. Lo mismo ocurrió con Messi.
La Selección debutó en un Mundial hace 96 años. Hace casi un siglo ya estaba entre las tres mejores del planeta. Cuando se cumplan cien años de aquella primera participación mundialista, volverá a llegar instalada entre la élite, esta vez con una medalla de plata que confirma que sigue siendo una de las grandes potencias del fútbol mundial.
Probablemente no vuelva a aparecer otro Messi. Tampoco volvió a existir otro Maradona. Pero eso no significa que el talento vaya a desaparecer. Argentina siempre produjo jugadores capaces de gambetear, imaginar y entender el fútbol de una manera diferente. Esa identidad no depende de una persona; depende de un trabajo que debe sostenerse en el tiempo.
El futuro estará marcado por cómo acompañemos a esa nueva generación. Dependerá de los entrenadores que continúen el camino, de las categorías formativas de los clubes y de la capacidad para sostener un proyecto. Las señales son alentadoras. Argentina viene de realizar muy buenos Mundiales Sub-17 y es la actual subcampeona del mundo Sub-20. Futuro hay. Jugadores hay. Buenos técnicos también.
La renovación comienza con la tristeza lógica de saber que el mejor futbolista de todos los tiempos ya no estará dentro de la cancha. Pero también con la certeza de que quienes vienen detrás crecieron viendo a un equipo que aprendió a ganar. Messi dejó algo mucho más valioso que los títulos: dejó una cultura competitiva y un piso ganador. Ahora les corresponde a las nuevas generaciones intentar llevar a la Selección a un nuevo nivel.





