boca de pozo
Otra pálida: Los salarios registrados volvieron a perder contra la inflación y ya acumulan seis meses de retroceso
Paritarias bajo presión y señales de un nuevo deterioro en marzo.
Los datos de febrero vuelven a dejar una conclusión incómoda para la Casa Rosada: la inflación puede haber bajado respecto de los picos del inicio de gestión, pero los salarios registrados siguen sin encontrar un piso firme.
Con seis meses consecutivos de retroceso real, una pérdida acumulada de 4,3% en el último semestre y un marzo que asoma todavía más contractivo, el ajuste sobre los ingresos sigue siendo la parte más visible de los efectos de la motosierra, mientras los que se incorporan a la casta salpican de argentinidad los hoteles más caros, arriban en jets privados, y se desloman firmando decretos y resoluciones en las que se adjudican salariazos . Lo dicho, empieza a impactar no sólo en el humor social, sino también en la credibilidad de una promesa central del oficialismo: que el sacrificio iba a empezar a sentirse cada vez menos en la vida cotidiana.
Febrero volvió a dejar a los salarios detrás de los precios
Los salarios registrados, que incluyen a trabajadores del sector público y privado formal, subieron 1,8% en febrero, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El problema es que en ese mismo mes la inflación fue de 2,9%, por lo que el ingreso real volvió a caer.
El resultado dejó una nueva pérdida del poder de compra, esta vez de 1,1% para el conjunto de los registrados. No se trató de un tropiezo aislado: fue la sexta baja real consecutiva y profundizó una tendencia que ya se arrastra desde hace medio año. Aún con indicadores que, según algunos analistas, morigeran real que tiene en los bolsillos de la gente el aumento de tarifas de los servicios públicos y de los consumos realmente existentes.
La foto se vuelve más sombría cuando se amplía el período de análisis. Desde el inicio del gobierno de Javier Milei, los salarios registrados acumulan una pérdida real de 8,87%.
Pero el promedio esconde una desigualdad clara entre sectores. Los trabajadores estatales aparecen como los más perjudicados, con una caída del 18,35% del poder adquisitivo. En el caso de los privados registrados, el retroceso fue de 3,54% real.
La distancia entre ambos sectores vuelve a mostrar que el ajuste sobre los ingresos no se repartió de manera homogénea y que el empleo público fue uno de los principales blancos de la licuación salarial.
La serie de informales volvió a generar dudas
Uno de los datos más llamativos del informe oficial volvió a aparecer en el segmento de trabajadores no registrados. Según el INDEC, los salarios informales habrían aumentado 4,6% en febrero, es decir, muy por encima de la inflación y del comportamiento de los salarios formales.
Ese resultado reavivó cuestionamientos sobre la forma en que se construye esa serie estadística. En un contexto de caída general del consumo, deterioro de ingresos y mayor fragilidad del mercado laboral, el salto de los informales aparece como un dato difícil de conciliar con el resto de la dinámica económica. Puesto así, se podría imaginar que a un vendedor ambulante le fue mejor que a un trabajador industrial.
Marzo asoma todavía peor
Las perspectivas para marzo no son alentadoras. El economista Luis Campos ya anticipó que se espera una nueva caída del poder adquisitivo, en línea con una inflación que trepó al 3,4%, su nivel más alto desde marzo de 2025.
A eso se suma otro dato relevante: la consultora Equilibra señaló que los gastos fijos subieron 5,1% durante ese mes. Es decir, aun cuando el salario nominal haya mostrado cierta corrección, el ingreso real disponible habría vuelto a deteriorarse, especialmente por el peso creciente de tarifas, transporte y otros consumos difíciles de postergar.
El cuadro se agrava además por el cepo sobre las negociaciones salariales. Con paritarias cada vez más condicionadas por la estrategia oficial de evitar cualquier rebote inflacionario, los aumentos nominales vienen corriendo desde atrás y consolidan un escenario de pérdida sostenida del salario real.
La lógica del Gobierno es conocida: contener ingresos para intentar anclar precios. Pero ese mecanismo también erosiona la demanda y agrava el malestar social, especialmente cuando la desaceleración inflacionaria ya no se traduce en una mejora palpable del bolsillo.




