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Neuquén

Roedores frenan las clases en escuelas rurales de Neuquén

La reaparición del problema sanitario dejó inutilizado el comedor compartido y obligó a interrumpir el ciclo lectivo en dos establecimientos del área rural, en medio de reclamos de las familias.

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Cuando el mismo problema aparece dos veces en pocos meses, la paciencia se agota. Eso es exactamente lo que está pasando en dos escuelas del área rural de Neuquén, donde la presencia de roedores en el espacio compartido volvió a dejar a los alumnos sin clases y sin comedor. No es la primera vez, y eso es justamente lo que más indigna a las familias.

Las escuelas 213 de Aucapán Centro y 287 de Nahuel Mapi Abajo comparten un quincho donde se sirven las comidas y se hacen los actos escolares. Cuando aparecieron los roedores, ese espacio quedó fuera de uso, y sin ese espacio, no hay forma de garantizar la alimentación de los chicos. Sin comedor, no hay clases. Así de simple, y así de complicado.

Lo que hace más difícil de entender la situación es que esto ya pasó antes. Meses atrás, el mismo foco sanitario obligó a suspender actividades. Se anunciaron trabajos, se prometieron soluciones, y aparentemente el problema quedó sin resolver del todo. Porque los roedores volvieron, el quincho volvió a inhabilitarse, y las familias volvieron a quedarse esperando.

La Escuela 287 tiene una particularidad adicional: funciona en tráileres dentro del mismo predio y depende completamente de ese quincho compartido para funcionar. No tiene alternativa. Si el espacio está inhabilitado, la escuela queda paralizada. Eso explica por qué el reclamo de las familias de Nahuel Mapi es tan urgente.

Familias que decidieron hacer ruido

Desde las comunidades educativas, la postura es clara: si nadie los escucha en privado, van a hacer visible el problema. «Decidimos hacerlo visible porque es la forma más rápida de que nos escuchen», dijeron desde las comunidades. Y al reclamo sanitario se le suma otro: en los últimos espacios de diálogo con autoridades del área rural, esas autoridades brillaron por su ausencia.

El contexto agrava aún más la situación. Las escuelas rurales neuquinas tienen un calendario escolar diferenciado que va de septiembre a mayo, lo que significa que cada jornada perdida pesa más que en el circuito urbano. No hay margen para perder días por problemas que podrían haberse resuelto meses atrás.

Mientras tanto, las dos instituciones siguen sin poder funcionar con normalidad, los chicos siguen sin clases, y las familias siguen esperando que alguien aparezca con una solución concreta. No con anuncios, sino con resultados.

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