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Cultura

A 40 años de la Mano de Dios, el “Diego Iluminado” enciende a Maradona en la Villa 31.

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A cuatro décadas de aquellos dos goles que cambiaron para siempre la historia del fútbol, el Barrio Mugica (ex Villa 31 y 31 Bis) vuelve a poner a Diego Armando Maradona en el centro de la escena popular. Este 22 de junio, a las 18, en la esquina de Perette e Islas Galápagos, el Comité de Crisis Barrio Mugica inaugurará la escultura “Diego Iluminado”, una obra del artista Alejandro Marmo que inscribe el recuerdo del capitán de México 86 en el mismo territorio donde su figura sigue viva como orgullo villero, identidad colectiva y promesa de que desde los márgenes también se puede tocar la cima del mundo.

La fecha no es casual: se cumplen 40 años del histórico Argentina–Inglaterra en el Estadio Azteca, cuando Maradona anotó en un mismo partido la célebre “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”, en un contexto atravesado por la herida todavía abierta de la guerra de Malvinas. Lo que sucedió esa tarde no fue solo deporte: para millones de argentinos, especialmente de los sectores populares, esos goles condensaron una sensación de desquite simbólico contra una potencia que había humillado al país pocos años antes. Desde entonces, la imagen de Diego se multiplicó en tatuajes, remeras, murales, altares y banderas, y ahora también se hará luz en acero en uno de los barrios más estigmatizados de la Ciudad.

Marmo viene trabajando desde hace años en una serie de intervenciones que llevan figuras del imaginario popular —como Evita o el propio Diego— a espacios comunitarios de todo el país, con la idea de que el arte no sea un lujo de centro sino una herramienta de memoria en la periferia. En ese marco, define al “Diego Iluminado” como la representación de un sueño grande nacido en las orillas: un pibe que emerge de la pobreza, desafía los mandatos de clase y se vuelve símbolo planetario sin dejar de cargar con sus contradicciones. La obra, precisa el escultor, no busca un Maradona santificado sino un cuerpo humano atravesado por la gloria, la fragilidad, los excesos y la lucha. Se trata menos de construir un altar y más de dejar un recordatorio permanente de lo que las villas y los barrios populares le dieron a la Argentina.

El homenaje también dialoga con la lectura política que muchos hicieron históricamente de la Mano de Dios y del Gol del Siglo: en el cine, la literatura y la cultura popular se repite la idea de que, en esa jugada, un dios profano le devolvió la dignidad a un pueblo herido y humilló simbólicamente al poder imperial. No fue solo un regate interminable sino un gesto de rebeldía que se volvió mito. Marmo se apoya en esa mística para plantear que la historia argentina reciente no se puede entender sin la irrupción de Maradona: el chico de Fiorito que, en 1986, se convirtió para siempre en “cometa” sobre el pasto del Azteca y dejó una marca imborrable en la memoria colectiva.

La instalación de “Diego Iluminado” en el Barrio Mugica suma además una capa de sentido político en la disputa por el espacio público. El año pasado, el Gobierno de la Ciudad retiró de la villa una escultura de Evita creada también por Marmo, que luego fue reubicada por decisión de los propios vecinos. Que ahora sean Evita y Diego quienes vuelvan a aparecer en el paisaje urbano de la ex Villa 31 habla de una voluntad comunitaria de sostener sus propios símbolos frente a los intentos de borrarlos. Por eso, cuando se encienda la figura de acero de Maradona, no se estará recordando solamente un gol ni una copa del mundo: se celebrará la historia de un pibe de la periferia que llegó a lo más alto, y que, cuarenta años después, sigue iluminando —literalmente— la noche de un barrio que se reconoce en su reflejo.

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