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boca de pozo

Una filtración del Pentágono abrió una grieta sobre Malvinas. Milei busca capitalizarla pero está expectante

Según la filtración, Trump revisaría el respaldo diplomático a Gran Bretaña sobre las Malvinas.

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La novedad surgió de una filtración interna del Pentágono revelada por Reuters. Según ese reporte, dentro de la administración Trump se discutieron posibles represalias diplomáticas contra aliados de la OTAN que no acompañaron plenamente las operaciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán. Entre esas opciones figuró una especialmente sensible para la Argentina: reconsiderar el respaldo estadounidense a la posición británica sobre las Malvinas.

El dato no implica, por ahora, un cambio consumado de política exterior. Pero sí expone algo políticamente relevante: la cuestión Malvinas apareció mencionada en Washington no por una revisión de fondo del reclamo argentino, sino como una pieza de presión en una disputa mayor con el gobierno de Keir Starmer. Es decir, más como herramienta de castigo a Londres que como reconocimiento activo de los derechos argentinos. La filtración, tal vez, responda a esa misma dinámica.

Londres salió a cerrar filas

La respuesta británica fue inmediata. Un portavoz de Starmer dijo que la posición del Reino Unido sobre las Islas “no ha cambiado” y remarcó que la soberanía reside en Gran Bretaña, con el principio de autodeterminación de los isleños como eje de su postura. Reuters agregó que Londres recordó haber sostenido esa línea de manera “clara y coherente” ante sucesivas administraciones estadounidenses.

Ese reflejo muestra que, aun cuando en Washington se hayan abierto discusiones internas, el Reino Unido no está dispuesto a dejar pasar ni siquiera en silencio una insinuación de retroceso. Y también deja otra señal: en la disputa real de poder, la Argentina sigue mirando una conversación entre terceros sobre un territorio cuya soberanía reclama desde hace casi dos siglos.

Milei intentó leer una oportunidad

En ese contexto, Milei dijo que su gobierno está haciendo “todo lo humanamente posible” para que las Islas Malvinas vuelvan a manos argentinas y afirmó que “la soberanía no se negocia”, aunque planteó que hay que actuar “con cerebro”. También sostuvo que su administración viene realizando “avances como nunca se han hecho”, aunque admitió que el resultado “no depende solo de nosotros”.

La declaración busca mostrar iniciativa en un terreno donde la política exterior libertaria venía ofreciendo más señales de alineamiento automático con Washington y Tel Aviv que resultados concretos en el reclamo histórico argentino. Por eso el episodio deja al gobierno en una posición que, si bien a priori es favorable, es también incómoda. Aparece como testigo de un conflicto que le concierne.

Dicho esto, tampoco se puede omitir que el supuesto giro, o aunque sea la consideración de un cambio la postura norteamericana respecto a la soberanía sobre las Malvinas, llega en un momento de máxima cercanía entre el gobierno de Milei y la administración Trump, por más que el marco de la disputa tenga más que ver con lo que pasa en medio oriente que con el Atlántico Sur.

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