boca de pozo
Bajó la pobreza y la Argentina se mira en un espejo roto
El dato oficial marcó una reducción de la pobreza al 28,2% y de la indigencia al 6,3% en el segundo semestre de 2025.
La baja de la pobreza que informó el INDEC le dio al Gobierno un dato para mostrar en medio de una economía doméstica deteriorada y una imagen gubernamental golpeada, pero no consiguió cerrar la discusión política ni técnica alrededor de lo que efectivamente pasa en la base social. Según el organismo, la pobreza alcanzó al 28,2% de la población en el segundo semestre de 2025 y la indigencia al 6,3%, por debajo del 31,6% y 6,9% del semestre anterior. En términos absolutos, eso significa que más de 8,5 millones de personas siguen bajo la línea de pobreza y casi 2 millones en la indigencia.
La discusión no pasa sólo por el número, sino por lo que ese número logra capturar y por lo que deja afuera. Porque la mejora en la medición oficial convive con un escenario de caída del consumo, pérdida de empleo registrado, suba de la informalidad y salarios que no terminan de recomponerse. Ahí es donde el dato del INDEC empieza a chocar con otros indicadores de la economía real.

Una baja estadística que no despeja las dudas
El primer punto que abre el debate es metodológico. La medición oficial de pobreza sigue basada en un criterio unidimensional, atado a los ingresos, y se ordena a partir de la Canasta Básica Total. Para una familia tipo de cuatro integrantes, ese umbral ronda hoy los 1,4 millones de pesos mensuales, sin contar alquiler. Pero esa canasta sigue armada sobre patrones de consumo de 2004/05, lo que deja afuera transformaciones profundas en la estructura del gasto de los hogares.
En los últimos años crecieron con fuerza gastos como internet, telefonía móvil, tarifas y otros servicios, rubros que pesan cada vez más en la economía doméstica y que no aparecen plenamente reflejados en la medición. Distintas estimaciones privadas sostienen que, si la canasta se actualizara con una estructura de consumo más reciente, la línea de pobreza para una familia tipo podría ubicarse cerca de los 2 millones de pesos. Si eso ocurriera, una parte importante de la población hoy contada como no pobre volvería a quedar por debajo del umbral.
El impacto de las transferencias y la comparabilidad rota
Otro de los puntos que pesa sobre la lectura del dato lo repuso el colega Juan Garriaga en Página12, y es que desde comienzos de 2024 el relevamiento empezó a incorporar ingresos no laborales, como la Asignación Universal por Hijo o la Tarjeta Alimentar. La modificación es técnicamente válida, pero altera la comparabilidad histórica de la serie. Si esos ingresos hubieran sido incluidos en períodos anteriores, los niveles de pobreza también habrían sido más bajos.
Eso explica, en parte, por qué la indigencia muestra una caída aun en un escenario donde el empleo empeoró y los ingresos laborales siguen bajo presión. El problema es que el dato puede funcionar estadísticamente y, al mismo tiempo, no reflejar una mejora estructural en las condiciones de vida.
El relato oficial y el punto de partida elegido
La lectura política del dato también quedó atravesada por el uso que hace el Gobierno de la serie. Javier Milei suele afirmar que la pobreza bajó desde el 52,9%, pero ese valor corresponde al primer semestre de 2024, es decir, ya bajo su propia gestión. El cierre de 2023, previo a su asunción, había sido del 41,7%. La diferencia no es sólo cronológica: también define desde qué punto se construye el relato oficial sobre la mejora.
Por eso, más que una discusión cerrada, el dato del INDEC abre una pelea sobre qué se está comparando, bajo qué metodología y con qué efectos políticos.
El mercado laboral dice otra cosa
Si hay un lugar donde esa tensión se vuelve más evidente, es el mercado de trabajo. Hacia fines de 2025, la desocupación trepó al 7,5%, con más de 1,1 millones de personas sin empleo y un aumento de casi 300.000 desocupados en dos años. Desde la asunción de Milei, el desempleo subió desde el 5,7%, mientras que la informalidad pasó del 41% al 43%. También crecieron los subocupados y los ocupados que buscan otro empleo porque lo que ganan no alcanza.
Desde noviembre de 2023 se perdieron alrededor de 290.000 puestos de trabajo registrados y cerraron más de 22.000 empresas, con impacto especialmente fuerte en la industria, la construcción y el trabajo en casas particulares. En ese contexto, la mejora en la pobreza medida por ingresos empieza a verse como una foto parcial, incapaz de reflejar del todo la precarización del mercado laboral y el deterioro en la calidad del empleo.
Así y todo, mientras en el palacio prevalezca la desmesura, ya sea de oficialistas u opositores, si se esmeran demasiado en forzar la interpretación que mejor les cuadre a su relato, la Argentina difícilmente pueda ser un lugar para un destino común. Los datos estadísticos oficiales son, entre otras cosas, para dar cuenta de un estado más o menos indiscutible de un determinado ámbito de cosas, y eso, no estaría pasando.



