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Política

Una marca icónica de la industria del vidrio achica su producción y empieza a importar vajilla china

Un fenómeno que se repite en la industria nacional.

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La crisis industrial ya no se mide sólo en estadísticas generales o en advertencias empresarias y toma la forma de una marca centenaria que empieza a resignar producción local para traer productos terminados desde el exterior. Eso es lo que hoy ocurre con Rigolleau, uno de los nombres más emblemáticos de la industria del vidrio en Argentina, que enfrenta un escenario de pérdidas millonarias, caída del consumo y retroceso exportador.

La empresa, con sede en la zona sur del conurbano bonaerense y más de 120 años de historia, decidió reducir parte de su producción nacional e importar desde China algunos artículos terminados, especialmente en segmentos de menor valor agregado, como una forma de bajar costos y sostener competitividad.

La medida no aparece como un movimiento aislado, sino como el síntoma de un problema más estructural: producir en Argentina empezó a ser más caro que importar con embalaje incluido y hasta marcas como Lumilagro, o ahora Rigolleau, decidan cerrar o achicar sus plantas para convertirse en importadores.

En el caso de Rigolleau, la reestructuración pega especialmente en las unidades vinculadas a vajilla y productos de uso doméstico, donde la empresa busca reconvertir parte del negocio frente a una ecuación que ya no cierra.

La decisión es especialmente significativa porque no se trata de una firma marginal ni de una pyme de nicho. Rigolleau es, desde hace décadas, uno de los símbolos de la industria vidriera nacional. Que una empresa de ese tamaño elija importar en lugar de fabricar localmente dice bastante más sobre el modelo económico que sobre una simple estrategia empresaria.

Hornos apagados y menos trabajadores

Durante el último año, la compañía apagó tres hornos de producción, una señal concreta del freno en la actividad. La consecuencia más visible fue una reducción de personal de aproximadamente 100 trabajadores, lo que encendió la alarma entre los empleados y en el sector gremial.

Por ahora, según trascendió, no habría nuevos despidos previstos. Pero el dato no alcanza para disipar la preocupación: cuando una empresa apaga hornos, baja producción y opera por debajo de su capacidad, el fantasma de nuevos recortes aparece.

Los números del deterioro

Los balances de la propia compañía muestran con crudeza la magnitud de la crisis. En 2025, Rigolleau registró una pérdida neta de 5.596 millones de pesos, más del doble de los 2.599 millones negativos del año anterior.

Las ventas totales alcanzaron los 112.088 millones de pesos, pero eso representó una caída real del 19% respecto del ejercicio previo.

En términos productivos, la empresa despachó 117.452 toneladas de vidrio, un 11% menos en la comparación interanual, mientras que la producción total se ubicó en 114.305 toneladas.

Actualmente, la firma trabaja con cerca del 60% de su capacidad instalada, una cifra que por sí sola grafica el freno industrial.

Exportaciones en retroceso y mercado interno débil

A la retracción del consumo local se le sumó otro golpe: el derrumbe de las exportaciones. Según datos de la empresa, las ventas al exterior cayeron 37,8% interanual, profundizando un escenario que ya venía complicado.

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Ahí aparece uno de los nudos del problema. Rigolleau no sólo enfrenta una economía doméstica deprimida, sino también mayores dificultades para compensar esa caída con mercados externos. Es decir: se achica el mercado interno y tampoco alcanza con vender afuera.

Aun en este contexto, la compañía mantiene activas sus líneas consideradas estratégicas, en especial las vinculadas a envases para la industria farmacéutica y alimentaria, dos segmentos donde la demanda sigue mostrando mayor estabilidad.

Ese dato marca un límite dentro de la crisis: Rigolleau no está abandonando su núcleo industrial, pero sí empieza a resignar parte de su producción menos rentable para sobrevivir en un mercado cada vez más hostil para la manufactura local.

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