Cultura
¿Hay un descenso del entusiasmo argentino de cara al Mundial 2026?: lo que dicen las redes
El análisis del engagement en las redes sociales revela una caída de casi el 50% en la interacción con la Selección.
A pocos meses del inicio de la Copa del Mundo 2026, el clima en las calles y en las redes sociales de Argentina dista mucho de la efervescencia que precedió a Qatar 2022. Lo que hace cuatro años era un «fervor innegociable» hoy parece haberse transformado en una atención pasiva. Política Viral analizó los datos de interacción digital en la cuenta oficial del Instagram de la Selección y el interés por la «Scaloneta» parece haber experimentado un retroceso significativo: ¿está el país demasiado agotado para soñar?
Menos «likes», más distancia
Un relevamiento de las métricas en la cuenta oficial de Instagram de la Selección Argentina (@afaseleccion) muestra un fenómeno paradójico. A pesar de contar con casi un 60% más de seguidores que en marzo de 2022, el engagement rate (tasa de interacción) se desplomó en los últimos meses.

Los anuncios de las listas de convocados y las fotos de los entrenamientos, que antes superaban los 3 millones de «me gusta» con facilidad, hoy rascan los 2 millones. Esta caída del 40% al 50% en la participación activa de los usuarios es el reflejo de una audiencia que, aunque sigue presente, ha dejado de reaccionar con la misma intensidad.
| Interacción Marzo 2022 (Promedio) | Interacción Marzo 2026 (Promedio) | Variación | |
| Anuncio de Lista de Convocados | 1.8M Likes / 25k Comentarios | 950k Likes / 12k Comentarios | -47% |
| Foto de Entrenamiento (Messi) | 3.5M Likes / 40k Comentarios | 2.1M Likes / 18k Comentarios | -40% |
| Festejo de Gol (Reel/Video) | 5.2M Reproducciones | 3.1M Reproducciones | -40% |
| Gráfica de Resultado Final | 1.1M Likes | 600k Likes | -45% |
La billetera vacía: es la economía, estúpido
Con una inflación que no da tregua y un poder adquisitivo pulverizado, el sueño de viajar a las sedes de Estados Unidos, México o Canadá se ha vuelto una quimera para la ínfima clase media argentina. Según los últimos datos del Indec, los salarios volvieron a perder contra la inflación en el inicio de 2026. El índice del organismo registró una suba del 2,5% en enero, por debajo del 2,9% del IPC.
Más aún, según el último informe del Observatorio de la Deuda Social (ODSA-UCA), titulado “Estabilización, mejoras sociales y desigualdades persistentes”, la pobreza medida por ingresos estaba en el 36,2% en el tercer trimestre de este año. La cifra contrasta con la Encuesta Permanente de Hogares – Total urbano (EPH) del Indec, que para el mismo período situó la pobreza en torno al 28%. En la indigencia la diferencia es sólo de décimas: la universidad habla de 5,9%, mientras que el organismo, de 5,6%.
En este escenario de escasez y precarización de la vida, la fiebre del mundial parece perder temperatura.
Crisis humanitaria y fatiga informativa
No se trata solo de un fenómeno local. El contexto internacional de 2026, marcado por crisis humanitarias persistentes y una inestabilidad geopolítica creciente, desplazó al fútbol de su lugar. La audiencia global padece lo que los expertos llaman «fatiga por crisis», donde el bombardeo de noticias negativas reduce la energía emocional disponible para invertir en eventos de ocio. En este escenario, el Mundial deja de ser el centro de atención para convertirse en un evento más en una agenda global saturada y convulsionada.
En ese sentido, se puede también argumentar que los ataques que Estados Unidos e Israel llevan adelante en territorio Iraní también impactan en la agenda mundialista. A medida que pasan los días, el conflicto va cruzando fronteras: un dron iraní se estrelló contra una base aérea militar británica en Chipre, país perteneciente a la Unión europea.
Según decenas de medios norteamericanos, las autoridades estadounidenses también advierten actualmente del aumento de la amenaza de atentados y de la activación de células durmientes. Si el conflicto escala a nivel global, con magnitudes similares a una guerra mundial, la Copa de la FIFA correrá peligro también: de hecho, solo dos Mundiales se suspendieron a lo largo de la historia. Fueron los de 1942 y 1946, en plena Segunda Guerra.
Del «hambre de gloria» a la saciedad del campeón
Finalmente, existe un componente psicológico inevitable: la saciedad. En la previa de Qatar, Argentina arrastraba casi tres décadas de sequía y la urgencia por ver a Lionel Messi levantar la copa. Logrado el objetivo máximo, el «hambre» ha disminuido. La mística del esfuerzo y el sufrimiento que unía al pueblo en 2022 fue dando paso a una suerte de «paz deportiva» que también podría atentar contra el engagement.
La falta de una narrativa de «revancha» o «necesidad», sumada a las preocupaciones tangibles del bolsillo y la política, han enfriado un motor que parecía inagotable. El desafío de la AFA y del equipo nacional no será solo deportivo: le tocará a este Selección recuperar el vínculo emocional con una sociedad que hoy parece tener la cabeza —y el corazón— en otra parte.



