boca de pozo
Milei mantiene un núcleo duro, pero crecen el pesimismo económico y la percepción de riesgo
Un informe elaborado por AtlasIntel y Bloomberg muestra preocupación por la actualidad económica y la conflictividad social.
El último informe Latam Pulse Argentina – febrero 2026, elaborado por AtlasIntel y Bloomberg, expone una fotografía compleja del escenario político y económico. Javier Milei conserva un piso de apoyo significativo, pero los indicadores económicos y de percepción social muestran señales de desgaste que empiezan a consolidarse.
La encuesta se realizó entre el 19 y el 24 de febrero sobre 4.761 casos, con un margen de error de ±1 punto porcentual y 95% de confianza . Se trata de un relevamiento digital con reclutamiento aleatorio (Atlas RDR), metodología que la consultora destaca como representativa a nivel nacional. Vale decir, que este trabajo ha mostrado cierta eficacia a la hora de contrastarse con resultados electorales.
Estabilidad con polarización
En el capítulo de aprobación presidencial, Milei mantiene niveles de respaldo que, si bien no muestran una caída abrupta, evidencian un escenario de fuerte polarización. La serie temporal indica que la aprobación se sostiene dentro de un rango relativamente estable, con brecha marcada entre aprobación y desaprobación.
El dato central no es tanto la variación mensual sino la consolidación de un esquema binario: un núcleo que respalda el rumbo del Gobierno y un bloque crítico que mantiene rechazo alto. Esa polarización se replica en la evaluación general del gobierno, donde la valoración negativa supera ampliamente las posiciones intermedias.

La desaprobación al desempeño de Javier Milei ya supera el 55 por ciento.
La desconfianza del consumidor
El capítulo económico muestra uno de los puntos más sensibles. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) continúa en zona desfavorable, es decir, por debajo de 100 puntos, umbral que marca optimismo.
El informe desagrega el índice en situación actual y expectativas futuras. La situación presente aparece particularmente deteriorada, mientras que las expectativas muestran un leve diferencial, aunque sin alcanzar terreno claramente positivo.
Este contraste es clave para interpretar el momento político: el Gobierno conserva apoyo en parte porque aún hay expectativa de mejora, pero el presente económico es evaluado de forma negativa por una porción significativa de la población.

Más allá de las expectativas, el 62 por ciento de los encuestados evalúa que la situación económica actual es mala.

Un dato alarmante, es cómo los encuestados están interpretando la situación del mercado de trabajo: para el 77 por ciento, es mala.
Inflación y consumo
En la sección de inflación, el índice de percepción inflacionaria muestra que el sentimiento social respecto de los precios continúa siendo elevado .
Esto dialoga con la baja intención de compra de bienes duraderos, un indicador que suele anticipar enfriamiento del consumo y retracción en decisiones de gasto familiar.
Riesgo político: alerta estructural
El Índice de Riesgo Político (Atlas-PRI), un dato que miran inversores y grandes empresarios, evalúa estabilidad institucional, conflicto social y criminalidad/corrupción en una escala de 0 a 100 . Si bien el informe no describe un escenario de colapso, sí identifica vulnerabilidades estructurales.
El componente de conflicto social cobra relevancia en el actual contexto de debate por la reforma laboral y protestas en el centro porteño. El indicador mide frecuencia e intensidad de protestas y movilizaciones , una variable que en Argentina tiene fuerte impacto político y que venimos anticipando en Política Viral.
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Principales problemas: economía y seguridad
En la sección de principales problemas, la economía continúa encabezando las preocupaciones. Detrás de la inflación aparece el empleo, en tanto que el deterioro del poder adquisitivo mantienen centralidad. De estos tres problemas, el Gobierno sólo se centra en resolver uno, con la expectativa de que los otros dos se acomoden solos. De hecho está ocurriendo, pero de un modo desfavorable a la población.
Por otra parte, emerge la preocupación por la democracia y las instituciones: una demanda que en este momento no tiene representación política, dada la cercanía del radicalismo y el gobierno.
Imagen de líderes: competencia fragmentada
El informe también releva imagen de dirigentes nacionales. Milei mantiene un nivel de imagen consistente con su aprobación, mientras que figuras opositoras presentan altos niveles de conocimiento pero con saldos polarizados.
No se observa, según la serie temporal, un liderazgo opositor que capitalice de forma contundente el desgaste económico. Pero se equivoca el oficialismo si piensa que tiene un cheque en blanco o si concluye que saca demasiados cuerpos de ventaja sobre aquellos adversarios a los que supone parte del pasado.
Deterioro si, desplome no
El informe no muestra un derrumbe del oficialismo, pero sí evidencia un escenario más frágil que el de los primeros meses de gestión. El apoyo se sostiene más por expectativa futura que por satisfacción presente. El trillado «hay que pasar el invierno» que esbozara Alsogaray en junio de 1959, y que se reversionara una y otra vez con fórmulas como «el segundo semestre» o la luz al final del túnel, todavía tiene pregnancia.
La combinación es delicada: confianza económica en zona negativa, percepción de inflación elevada y conflictividad social latente. El Gobierno mantiene su núcleo duro, pero el margen de tolerancia social depende cada vez más de que la mejora prometida se materialice.
En términos políticos, Atlas-Bloomberg describe un equilibrio inestable: Milei no cae, pero el entorno económico y social se vuelve más exigente. En ese punto se juega la segunda etapa del mandato.
Otra lectura, que corre por cuenta de este cronista, tiene que ver con el distanciamiento creciente que existe entre los distintos tipos de riesgos y desafíos que enfrenta el Gobierno. Con la nueva configuración del Congreso, son pocos los que entienden que pueda presentarse un escenario de debilidad gubernamental en el parlamento, pero muchos los que advertien que habrá protestas, paralización de centros urbanos o revelaciones sobre grandes fraudes o hechos de corrupción.
Un combo que augura problemas de representación política y una dificultad creciente para canalizar la conflictividad a través de las instituciones.



