boca de pozo
Un gobierno de incapaces que se quiere hacer pasar por otra cosa
Del dólar al acto en Moreno, Milei busca maquillar su incapacidad con relatos épicos y enemigos imaginarios.
El manotazo
El Ejecutivo arrancó la semana con una decisión de política económica con alto impacto: intervenir sobre el Mercado de Cambios con los dólares del Tesoro. Una medida que haría mear de la risa a cualquiera que viera el video en el que el presidente y todo el gabinete económico gritan que “el dólar flota”. Claro, si no fuera porque los dólares del Tesoro no son otra cosa que dinero de los contribuyentes.
Según analistas del mercado, la decisión anunciada por el secretario de Finanzas Pablo Quirno es otro manotazo de ahogado para contener la cotización del dólar hasta las elecciones. ¿Alcanzarán los manotazos? La información oficial sobre este punto no es clara, pero algunas fuentes del mercado calculan que el Ejecutivo intervino esta semana con más de 500 millones de dólares. Sin dudas, un ritmo insostenible.
La victimización
En el frente político, el Gobierno al fin reaccionó ante las acusaciones que recaen sobre la hermanísima. Puso en marcha un plan de victimización del que ya asoma un doble filo: el elenco libertario se presentaba como superpoderoso, pero ahora transita entre el “zurdos van a correr” y el zigzagueante José Luis Espert esquivando ramos de brócoli por el centro de Lomas de Zamora. Entre el riesgo kuka y el último clavo al cajón del kirchnerismo hay algo que no cierra.
La censura
Más allá de la narrativa, o como parte de ella, desplegaron dos denuncias: para una de ellas, golpearon la puerta del tribunal más endeble que encontraron, el del juez Alejandro Maraniello, y consiguieron una cautelar que censuró previamente la difusión de audios de Karina Milei.
Ese movimiento no mejoró la reputación del Gobierno, pero de pronto el debate giró en torno a la libertad de expresión, un tópico que no se asocia en nada con Karina Milei. En paralelo, las fuerzas libertarias bajaron dramáticamente al territorio y arrastraron al peronismo a una pelea que no le interesaba dar. Salvo algún acorde disonante de Máximo Kirchner, ellos estaban tranquilos, dejando que el adversario se equivoque en paz.
La alegoría
Lejos de las pruebas que involucran a la secretaria de la Presidencia con un entramado de corruptelas vinculadas a la Agencia Nacional de Discapacidad, la agenda, hasta la noche del jueves, giró en torno a la seguridad del Presidente.
En una entrevista con un podcast conducido por el hijo del expresidente francés Nicolas Sarkozy, Milei dijo que el kirchnerismo estaría dispuesto a matarlo. “Van a quemar las naves”, fue la alegoría que usó para cristalizar que sus “enemigos” dan una pelea a todo o nada.
Tal vez arrasado por emociones oscuras, el Presidente se mira al espejo y ve a sus contendientes; se da vuelta y dice “cuidado, van a hacer como Hernán Cortés”. La alegoría refiere al conquistador español que quemó sus propias naves para obligar a su tropa a luchar hasta el final. El detalle incómodo es que Cortés también se alió con algunos nativos para derrotar a otros, una historia que incomoda tanto a peronistas como a libertarios. Pero más incomoda a los macristas.
La conspiración
La escena que montó el oficialismo no prescindió de la extravagante ministra de Seguridad. Patricia Bullrich plantó la teoría de una conspiración entre ex espías rusos, venezolanos, periodistas y dirigentes kirchneristas. La respuesta de la cancillería rusa no tiene desperdicios.
❗️Rechazamos categóricamente las acusaciones sobre la posible grabación de conversaciones telefónicas en Casa Rosada por servicios de inteligencia rusos (y venezolanos), considerándolas infundadas y falsas.
🔗 Comentario completo: https://t.co/djI2Qmzsit pic.twitter.com/xdIUGJwLVq
— Embajada de Rusia,AR (@EmbRusiaEnArgEs) September 2, 2025
Por suerte son pocos los que creen que el kirchnerismo pueda estar atrás o adelante de una trama tan compleja. De lo contrario, el “riesgo kuka” que supuestamente invade a algunos agentes del mercado sería un juego de niños.
El potrero
A pesar de las supuestas amenazas que pondrían en riesgo su vida, Milei se obstinó en realizar un acto para 1500 personas en un potrero del conurbano bonaerense.
Contrario a los consejos del Ministerio de Seguridad de la provincia, llegó a Moreno de noche, rodeado de un operativo acorde a la visita de un mandatario a una zona de guerra. No llevó paz, pero algunos dicen que si llevó recursos. Recursos que los punteros se repartieron sin la correspondiente contraprestación que suponía llenar el potrero del club Villa Ángela. Como si el Presidente tuviese que sobreponerse a otra cosa que no sea la cosecha de su propia siembra.
El acto no fue todo lo tumultuoso que podía ser un acto de 1500 personas en el segundo cordón del conurbano bonaerense. La presencia de conspicuos barrabravas y punteros locales y visitantes contratados por el vértice más oxidado del triángulo de hierro no desencadenó ninguna fatalidad. Tampoco hubo un José Luis Espert huyendo a caballo de una moto. De hecho, no fue José Luis Espert.
Sí hubo un periodista herido, Cristian Mercante, pero eso ya se volvió parte de la normalidad.
Mucho despliegue para empujar una agenda pública que no tenga como único epicentro los escándalos de corrupción de Karina Milei y los Menem. El Gobierno tapa un elefante con otros elefantes y eso tampoco es una novedad.
La incapacidad
Se suele decir que la diferencia entre incapacidad y discapacidad es una cuestión de enfoque.
Mientras la incapacidad se refiere a la imposibilidad o limitación de una persona para realizar una tarea; la discapacidad se refiere a la interacción entre una persona con una condición de salud y las barreras del entorno que impiden la plena participación en la comunidad.
Así, el Presidente trata de vestir su incapacidad con la falta de adaptación del entorno, que, según su enfoque, parece no querer entender la conveniencia de sus decisiones. Para las elecciones, el Jefe de Estado reclama a través del voto su propio CUD, mientras firma decretos que dejan a otros a la intemperie, y sus amigos y familiares meten la mano hasta el fondo de la lata de cada persona ciega, sorda o muda que se cruza por ahí.
Brinda severidad y reclama misericordia.




