Neuquén
El inevitable destino de Gloria Ruiz
Los diputados pretenden inhabilitarla esta semana. Solo un as judicial bajo la manga la salvaría.
La imagen que dejó Gloria Ruiz en la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Legislatura no fue la de una vicegobernadora en busca de justicia. Fue la de una funcionaria a la espera de un jaque mate de la política. Una política que usó todos los recursos para sacarla del tablero. Un juego que podría traer consecuencias, insospechadas en las elecciones de 2025.
El relato de la vicegobernadora suspendida es endeble y hasta casero, frente a la profesionalidad Rolando Figueroa, el gobernador que «no se mete» por el discurso de la intromisión de podres, pero que tiene un ejército de diputados (y diputadas) que está dispuesto a llevarle la cabeza de Ruiz. Será precisamente antes de las fiestas.
La defensa de Ruiz recuerda mucho el debate presidencial en el balotaje entre Javier Milei y Sergio Massa, donde el actual presidente libertario fue ridiculizado por el peronista. Hoy Milei, justamente, es querido por esa falta de profesionalismo político. Es que la gente rechaza todo lo que tiene que ver con la política, por eso Milei es presidente.
Gloria Ruiz, defensa poco profesional: ¿A quién le sirve?
Durante la larga ornada de defensa, Ruiz tuvo más discursos extravagantes que pruebas o argumentos sólidos. La jornada, esperada como una instancia clave para esclarecer las graves acusaciones que pesan sobre ella, terminó siendo un espectáculo impropio de la gravedad institucional del caso.

Gloria Ruiz y Rolando Figueroa terminaron el 2024 de la peor manera. A los carpetazos.
El protagonismo recayó en Carlos Broitman, abogado de la suspendida vicegobernadora, quien convirtió el recinto legislativo en un escenario de confusión. Pero Broitman no es ningún improvisado. Solo se equivocó en subestimar el poder corporativo que hay en Neuquén.
Y es probable que la causa de Ruiz en el fuero federal, tome algún color en estos días, más allá del desplazamiento de la vicegobernadora, que sabe que ningún funcionario, y menos los diputados, pasan el escáner de la trasparencia. Si no salta nada, es porque desde el mismo poder estarían amparando esa protección, según dicen desde el entono de Ruiz.
Entre términos jurídicos mal empleados y referencias a competencias que poco tenían que ver con la situación, la intervención de Broitman dejó más interrogantes que certezas. A esta altura, la pregunta es inevitable: ¿a quién beneficia este espectáculo?
Lo cierto es que Ruiz, en lugar de responder con claridad a las acusaciones que se desprenden del informe de la comisión investigadora, optó por un discurso que rayó en lo absurdo. Propuso llevar el proceso al recinto, con la presencia “del pueblo neuquino”, como si un juicio político pudiera convertirse en una asamblea popular.
Y remató asegurando que los diputados ya tienen decidida su destitución, sugiriendo una conspiración en su contra. Pero ni ella ni su abogado dedicaron una sola palabra a desmentir las pruebas que el informe detalla. Hasta ahora.
Ese documento, elaborado tras meses de trabajo, señala con precisión irregularidades que comprometen la confianza pública en las instituciones. Entre los puntos más graves se encuentran: Desvío de fondos públicos, con transferencias a cuentas personales de funcionarios cercanos; contrataciones directas irregulares, infladas con sobreprecios; falsedad en declaraciones patrimoniales; designaciones discrecionales y negativa sistemática a permitir auditorías externas.
“Sobran argumentos para declarar su inhabilidad moral”, comentaron varios legisladores en estricto off. Para ellos, las pruebas son tan contundentes que cualquier intento de defensa no haría más que postergar lo inevitable.
El diputado Marcelo Bermúdez fue de los pocos que llamó al orden en medio del caos, al señalar que lo que está en juego no es menor. Y lo que se esperaba de Ruiz era simple: responder a las acusaciones con hechos y no con teorías conspirativas.
La escena del viernes dejó una sensación de agotamiento. Como si todos los actores —incluida Ruiz— ya supieran cómo terminará esta historia. Este miércoles, la vicegobernadora suspendida tiene la última oportunidad de presentar una defensa concreta y creíble. Pero lo cierto es que hasta ahora no ha mostrado nada que pueda cambiar el curso de los acontecimientos.
En política, como en la vida, los espectáculos tienen un límite. Y el de Gloria Ruiz parece haber llegado a su final. Al menos en esta temporada.




