Política
Del Sueño irlandés de Milei a la pesadilla de una gestión de cabotaje
Las incógnitas que abría el plan libertario empiezan a encontrar respuesta en el declive de la actividad y sus consecuencias sociales.
El domingo pasado, en la nota “El impacto del recorte en las políticas de niñez en la Irlanda que imagina Milei” se daba cuenta del hambre y sus consecuencias sobre la fuerza de trabajo futura, y su contraste con la “aspiración” del presidente Milei de lograr “ser Irlanda dentro de 35 años”. La nota se limitaba a las consecuencias de la gestión de la “cosa pública”. Entonces: ¿Qué viene pasando con la “cosa privada”, en la Irlanda que no será?
Algunos apuntes sobre la actividad económica, hoy
El 22 de mayo, a través de su EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) correspondiente a marzo de 2024, el INDEC informó que la actividad económica cayó un 8,4% en la comparación interanual y de 1,4% respecto a febrero.
Entre las actividades relevadas por el EMAE, son las de mayor demanda de trabajo las que aportan a la caída: la construcción (-29,90 % i.a.), la industria manufacturera (-19,60 % i.a.), el comercio mayorista, minorista y reparaciones (-16,70 % i.a.) y la intermediación financiera (-15,20 % i.a.).
Estas cifras no fueron novedad para las consultoras privadas. Entre ellas, la consultora Orlando J. Ferreres (OJF & Asociados) ya había relevado una caída en la actividad económica, en marzo, de un -9,70 % y un -1,30% respecto de febrero; y una contracción del primer trimestre del -3,9% respecto de cuarto trimestre de 2023.
Coincidieron con lo que el EMAE arrojó finalmente en que solo crecerían aquellos sectores típicamente relacionados el mercado externo (exportaciones), de baja incidencia sobre el empleo: agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con +14,10% ; y minas y canteras, con +5,90% (ambos datos EMAE).
“Se derrumba la actividad económica y, con ello, los ingresos públicos (recaudación)”, adelantábamos en la nota titulada “De motosierra y licuadoras”, del 24 de marzo. Los ingresos fiscales caían, en febrero del presente, por encima del 6% interanual en términos reales (es decir, incorporando a la inflación en la “cuenta”).
Comentábamos también que, por ende, la caída en la actividad económica no se veía compensada, en términos de recaudación, en la recaudación de tributos sobre el sector externo (comercio exterior e Impuesto PAIS), por la mejora en competitividad del tipo de cambio que suponía la devaluación de la moneda nacional respecto del dólar (de diciembre de 2023).
Pero también señalábamos que, aun cayendo los ingresos del Estado, se alcanzaba el superávit del sector público nacional, debido a un gasto público que se recortaba, en términos reales, en un 36,50% interanual, donde el principal componente recortado eran las jubilaciones y pensiones: un tercio del recorte total.
En febrero, los ingresos fiscales (tributos) relacionados con la actividad económica reflejaron el declive como un espejo: demostraron el comportamiento de menor recaudación del Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios, de un -2 %, en términos reales, y del -22 % respecto de Aportes y Contribuciones a la SUSS (aportes al sistema jubilatorio).
También el “IVA consumo” había caído, por lo que un crecimiento real del 9 % de la recaudación general del impuesto se explicaba, no por una mejora del nivel de consumo, sino por una mayor recaudación de IVA “aduanero”.
Todas las partidas presupuestarias del presupuesto vigente (que se aplica en 2024 pero es el de 2023, prorrogado, y que se definió a fines de 2022) se vienen subejecutando en términos reales (deflactado el incremento de precios interanual): jubilaciones, pensiones no contributivas, transferencias a las universidades, transferencias a las provincias, subsidios, obra pública, planes sociales, etc.
La caída de los ingresos del Estado debido a la reducción del gasto, por aplicación de modelos de ajuste que resultan en menor recaudación, debiendo realizar nuevos, sucesivos y cada vez más drásticos ajustes posteriores, nunca han dado buenos resultados. O no, por lo menos, para “arreglar la macro” (“refritando” un latiguillo con ya varios “refritos” encima) y, menos aún, para mejorar la calidad de vida de la sociedad.
Por qué ocupar un puesto de trabajo, hoy
Si el Estado, en todos sus niveles, no gasta y por ende, no compra (gasto público), y a esto se agrega la misma tendencia entre los jubilados, pensionados, las universidades y los hogares en general: ¿Por qué comprarían, ya sea para emplear en la producción de bienes y servicios, las empresas industriales, o para su reventa, las empresas dedicadas a comercio si no hay quién demande lo que ellos producen y venden o revenden?
Si no se compra ni se vende y, por ende, no se produce ni se revende: ¿Por qué emplear fuerza laboral? ¿Por qué sostener una imprenta si no se venden libros o una fábrica de autopartes livianas, si no se venden autos? ¿Para qué contratar un vendedor más para la casa de ropa? ¿Por qué un cajero más en la línea del supermercado?
Quizá puedan emplear trabajadores, en caso de aprobarse, las empresas beneficiarias del RIGI (el único elemento, aunque no sea justamente una “buena noticia”, que une a la Argentina con una potencial Irlanda; pero esto intentaremos desarrollarlo el próximo domingo). Pero el RIGI no solo contempla inversiones de más de USD 200 millones, sino que se encuentra destinado a generar inversión extranjera en actividades principalmente extractivas y, por ende, de poca generación de empleo (amén de que los dólares de exportaciones, en caso de sancionarse y promulgarse, dejarían de ser liquidados ante el B.C.R.A al tercer año de inscripto en el RIGI). En una nación donde más del 70 % del empleo registrado es generado por pequeñas y medianas empresas que no son sujetos pasibles de beneficiarse del régimen.
Algunas “preguntas y respuestas”
¿Quiénes van a seguir siendo empleados? ¿Qué puestos de trabajo van a continuar cubiertos? Entonces asoman otras preguntas. Preguntas que son realidad ya hoy. Que se formulan y contestan hoy. ¿Qué hogares se quedan sin ingreso, sin salario? ¿Qué hacen los integrantes de los hogares que se quedan sin ingreso, sin salario? ¿A qué bienes y servicios acceden? ¿Acceden a alguno? ¿A cuáles? ¿A alimentos? ¿Cuánto? ¿Con qué regularidad? ¿De qué calidad?
De nuevo: estas preguntas ya empiezan a encontrar respuestas. Se formulan y contestan hoy. Mientras usted lee esta nota. Mientras, desde la “cosa pública”, siguen sin recibir alimento los comedores ya auditados que no fueron impugnados por el Ministerio de Capital Humano. Mientras, desde la “cosa privada”, ACINDAR para totalmente la actividad de su planta por segunda vez en el año y Fate, Aluar, Mabe, Whirpool, (y siguen las firmas) suspenden, ofrecen retiros voluntarios o despiden, dando cuerpo a los números oficiales de empleo, que hablan del peor marzo desde 2002, con una caída interanual de -1,40 % en los primeros cuatro meses del nuevo Gobierno y de -0,60 % de marzo 2024 contra marzo 2023. Mientras un estallido social en Misiones, gestado al calor de salarios de indigencia, comienza a replicarse en otras provincias de la Nación.
¿Cómo se sostiene una Nación sin fuerza de trabajo? ¿Qué modelo de acumulación de riqueza sostenible en el tiempo se realiza sin fuerza de trabajo? ¿O con una que fuera sometida a carencias no subsanables, permanentes, desde sus primeros años de vida? ¿Cómo llegaremos a ser Irlanda dentro de 35 años?
Retomando, el lector y quien escribe, la nota del domingo pasado, “El impacto del recorte en las políticas de niñez en la Irlanda que imagina Milei”, en la Irlanda que no será “(…) el cuerpo tiene que tomar una decisión sobre cómo invertir la cantidad limitada de sustancias alimenticias disponibles. Primero está la supervivencia, luego el crecimiento. En cuanto a la nutrición, el cuerpo parece que está obligado a clasificar el aprendizaje en último lugar. Es mejor ser estúpido y estar vivo a ser inteligente y estar muerto. (C. Sagan, y A. Dryuyan, 1994, ob. cit.)”.




