Política
El impacto del recorte en las políticas de niñez en la Irlanda que imagina Milei
Los recortes en comedores y políticas dirigidas a las infancias podrían tener repercusiones devastadoras sobre varias generaciones.
Dentro de 35 años, en la Irlanda que promete el Gobierno, gran parte de una generación de alrededor de 40 años de edad va a haber sufrido los efectos de la malnutrición en la primera infancia (0 a 8 años). Efectores devastadores y prácticamente permanentes.
La malnutrición y, muy en particular, la malnutrición infantil, impide el desarrollo cognitivo, echa por la borda todo proceso de aprendizaje y el rendimiento escolar, y atenta contra la función reproductiva.
Además de los efectos físico-fisiológicos, pensar analíticamente, aprender, socializar y adaptarse a nuevos ambientes, se “marcan” negativamente de manera casi indeleble. Ante la insuficiencia de nutrientes en el cuerpo, “(…) el cuerpo tiene que tomar una decisión sobre cómo invertir la cantidad limitada de sustancias alimenticias disponibles. Primero está la supervivencia, luego el crecimiento. En cuanto a la nutrición, el cuerpo parece que está obligado a clasificar el aprendizaje en último lugar. Es mejor ser estúpido y estar vivo a ser inteligente y estar muerto.» (“Alfabetización: el camino hacia una vida más próspera (…)”, C. Sagan, y A. Dryuyan, 1994).
El crecimiento retardado del cerebro, además del bajo peso al nacer, es una limitación fisiológica que es consecuencia directa de la malnutrición infantil. También lo son el crecimiento físico y motor retardados, el desarrollo cognitivo deficiente reflejados en índices de coeficiente intelectual magros (inferiores en más de 20 puntos en casos de desnutrición severa), habilidades sociales y conductas deficientes en edad escolar, así como atención disminuida y aprendizaje deficiente.
“Existe fuerte evidencia que sugiere que cuanto más temprano empiece el niño a beneficiarse de programas de nutrición, mejor será su desarrollo conductual. Con respecto al crecimiento físico, los programas de nutrición pueden ser efectivos mas solamente durante el embarazo y los primeros dos o tres años de vida. Sin embargo, en lo que se refiere al desarrollo conductual, los programas de nutrición pueden presentar beneficios en las edades siguientes, aunque bastante reducidos.” (Martorell, R. 1996, “Desnutrición durante el embarazo y la primera infancia y sus consecuencias para el desarrollo conductual.”; ponencia para conferencia “Desarrollo Infantil Temprano: Invirtiendo en el Futuro” del Banco Mundial, 8 y 9 de abril de 1996).
La posibilidad de total permanencia de los efectos de la malnutrición infantil depende de cuánto tiempo se demore en corregirse tal situación. En los países donde son pocos los niños que llegan a experimentar una mejora en su situación socioeconómica, una vez que los efectos se establecen en la infancia temprana, se tornan permanentes.
El potencial intelectual de dichos niños al momento de ingreso a la escuela probablemente ya se encuentre dañado.
Los programas de nutrición y estimulación temprana tienen estrecha relación con la habilidad cognitiva en el corto y largo plazo, y funcionan mejor cuando los niños se benefician de ellos simultáneamente. Decisiones políticas en el sentido contrario, debilitan así la futura productividad de la fuerza de trabajo de la nación.
Una supuesta auditoría del Ministerio de Capital Humano señaló, recientemente, que unos 1.247 comedores y merenderos populares que recibían alimento y apoyo del ex Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, sobre unos 2.646 establecimientos relevados (52,3 %) eran «inexistentes». Y que el restante 47,7 % correspondían a comedores que ya no se encontraban funcionando como tales y datos erróneos entre las inscripciones de los mismos y su situación real.
Según el informe, los funcionarios a los que correspondía autorizar y controlar la distribución de alimentos, no lo hicieron como hubiera correspondido. So pretexto de esta supuesta realidad, se montó la decisión de, lisa y llanamente, cortar toda asistencia alimentaria a comedores y merenderos populares por parte del Estado nacional, en el marco del plan de «motosierra y licuadora».
Pero no se trata de partidas de alimentos a comedores. Esta decisión es, ya, “sello de gestión” de la cosa pública del gobierno de Milei – Villarruel.
Hace poco más de un mes, en el informe “Situación de niñez y adolescencia: 2023-2024. Pobreza, presupuesto y suficiencia del sistema de protección de ingresos.”, UNICEF (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia) dio cuenta de que la pobreza y la indigencia infantil en la Argentina habían saltado del 57,5 % al 70,8 % y 19,4 % al 34,4 %, respectivamente, sólo en el primer trimestre de 2024. Y que, según el indicador de pobreza multidimensional de Unicef, 7 de cada 10 niños experimentan carencias monetarias u otras cualitativas; en tanto, el 31 % sufre carencias de ambos tipos, en forma conjunta. Esto es: menores de 18 años en cuyos hogares no se logra costear una canasta básica de bienes y servicios y/o en cuyo ambiente de vida se encuentran privados de derechos básicos como la educación, la protección social, una vivienda o un baño adecuado, al agua o un hábitat seguro.
El análisis que UNICEF hizo de las partidas presupuestarias destinadas, en 2024, a niñez, muestra una caída del 75 % del crédito vigente, en comparación al mismo periodo en 2023. Menor crédito que “implica restricciones vinculadas a políticas sensibles para la niñez y la adolescencia, como asignaciones familiares, políticas alimentarias, apoyo al Plan Nacional de Primera Infancia, fortalecimiento de jardines infantiles, infraestructura, equipamiento educativo, etcétera” y que, “(…) de no ampliarse las partidas presupuestarias, existe un riesgo de disminución en la cobertura y calidad de prestaciones clave para la garantía de los derechos de niños, niñas y adolescentes en el país”.




