Neuquén
Subsidios: una grieta hipócrita del medio pelo argentino
El debate sobre renunciar a los subsidios del trasporte descolocó a un sector político. Escuelas privadas, trenes, colectivos, la basura, la luz y el gas tienen un aporte del Estado. La doble vara del beneficio para pobres y ricos.
La palabra subsidio tiene mala espina. Sobre todo para cierto sector, al que Arturo Jauretche llamaba “el medio pelo argentino”, ese sujeto aspiracional en sentido negativo, que se odia a sí mismo por la condición social que heredó: la clase media baja, hoy convertida en reaccionaria contra sus propios beneficios.
En estos días se puso en debate el tema de sostener los subsidios del estado, en distintos sectores de los servicios y la economía, a tal punto que generó una sorpresa.
Es decir, existen los subsidios por desocupación y programas para los llamados “planeros” y subsidios para otra clase, como el financiamiento por parte del estado, a los colegios públicos de gestión privada, o los que reciben los productores agrícolas, por temas climáticos para seguir produciendo. Es por nombrar algunos casos.
Los subsidios “feos, sucios y malos” son aquellos que van dirigidos a las personas pobres de países pobres. Por otro lado, están los subsidios “lindos, limpios y buenos” que son aquellos que benefician a personas ricas de países pobres”, explicaba el economista y docente de la UBA, Alejandro Barrios.
Pareciera que hay un “subsidio bueno” y un “subsidio malo”, dependiendo la vara con la que se mida a cada uno, y la clase y condición a quién alcance el beneficio estatal.
Esta semana, el gobierno nacional lanzó un registro para que los ciudadanos que no estén conformes con el beneficio de los subsidios estatales, renuncien a ellos, ante el debate generalizado de un sector que pretende un recorte de los subsidios al transporte, para cumplir con las metas fiscales quien propone el acuerdo con el FMI.
Por caso, el del transporte público, que es el más gráfico que tiene la Argentina, y también el resto del mundo, está subsidiado, en general y para una franja de personas, como jóvenes y jubilados.
En este mundo donde cuesta pensar en abstracto y la gente ve cosas concretas, pocos saben que el boleto de colectivo que se paga es una parte de la estructura de costos. Esto, más allá de las críticas que hace un sector de la oposición a las estructuras sindicales del transporte.
La Ciudad de Buenos Aires (CABA) es una de las mayores beneficiarias del subsidio al transporte. Casi el 85% del boleto tiene un componente que aporta el estado, en un servicio utilizado por todos.
Subsidios: el transporte para ricos y pobres
Sin subsidios, la tarifa mínima para viajar en un ómnibus urbano pasaría de 52,96 pesos (14 centavos de dólar al tipo de cambio oficial) a 700 pesos (1,91 dólares), mientras que el boleto mínimo en tren subiría de 33,28 pesos (9 centavos de dólar) a 1.100 pesos (3 dólares).
En Neuquén, las cosas son diferentes, pero el subsidio ayuda. Solo el 15% de los pasajes están subsidiados y la tarifa es mucho más cara. Cuesta 195 pesos cada boleto, es decir, cuatro veces más de lo que se paga en CABA y sin subsidios.
¿Por qué alguien quisiera renunciar a los subsidios a un servicio público? ¿Porqué quien no viaja en tren o en colectivo pretende sacar beneficios a quienes sí usan ese medio de transporte?
La discusión no es sólo en este país, sino que en todo el mundo. España ha implementado un descuento del 60% durante todo el 2023 para el pasaje de trenes (menos para turistas) con un boleto único para jóvenes de 8 euros al mes (Casi 10 mil pesos argentinos). Los niños y jubilados tampoco pagan el boleto.
Y el beneficio, más allá de cualquier perspectiva, lo implementó la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuiso, del Partido Popular, representante de la derecha más española más consolidada.
El mundo económico en argentina, sobre todo el de los servicios, está subsidiado. La tarifa eléctrica n o se paga completo el costo de la electricidad, y tampoco en el gas.
El agua, el gas y las escuelas privadas
En Neuquén, por ejemplo, el agua, un servicio esencial y que se empieza a encarecer por la escasez en todo el mundo, está subsidiada. Hasta el 2018, de acuerdo a la información del ENTE Provincial de Agua y Saneamiento (EPAS), el 70% de la factura del agua corriente estaba subsidiada.
Es decir, el EPAS tenía que poner la parte del valor completo. En ese momento, el punto de equilibrio para producir un litro de agua en Neuquén era de 9,17 pesos + IVA. Pero la gente, no con esos precios, pagaban la boleta. Apenas un 30% de cobrabilidad.
En el servicio de recolección de basura, sucede lo mismo. La Municipalidad de Neuquén recauda sólo el 15% del costo total del contrato, en un servicio que también está subsidiado, tanto para ricos como para pobres.
Quizá el caso más paradigmático sea el de las escuelas privadas o públicas de gestión privada, en las cuales los salarios docentes los cubre el estado y así la gente puede pagar una cuota más “accesible” en estos tiempos. Colegios donde muchos políticos suelen enviar a sus hijos a la escuela, donde las quejas por los subsidios y planeros están a la orden del día.
Así, la palabra subsidio tiene mala prensa, sabe a poco esfuerzo. Pero en realidad, cada uno tiene el subsidio que se merece ¿o no?




