Neuquén
Cosecha en el Alto Valle: miles llegaron a trabajar y terminaron sin empleo ni techo
Un informe del RENATRE advierte que más de 3.000 personas quedaron varadas durante la última temporada frutícola en Río Negro y Neuquén, en un escenario marcado por viviendas precarias y falta de planificación laboral.
La postal que dejó la temporada frutícola 2025-2026 en el Alto Valle no es la de los camiones cargados ni la del movimiento en las chacras. Detrás de esa imagen clásica, el cierre de campaña expuso una situación que preocupa y que, lejos de ser nueva, se profundiza: miles de trabajadores llegaron con la expectativa de conseguir empleo y terminaron sin trabajo, sin techo y, en muchos casos, sin recursos para volver a sus provincias.
El dato más contundente surge de un relevamiento del RENATRE: más de 3.000 personas quedaron varadas en la región. El número refleja un desajuste evidente entre la cantidad de trabajadores que arribaron y la capacidad real del mercado laboral para absorberlos. A eso se suma otro problema igual de crítico: las condiciones de alojamiento, cada vez más deterioradas y, en algunos casos, directamente inhabitables.

Viviendas en mal estado y controles que no alcanzan
Durante los primeros meses del año, el organismo realizó decenas de inspecciones en establecimientos rurales. Allí se detectaron falencias repetidas: instalaciones sin mantenimiento, espacios reducidos y condiciones que no cumplen con los estándares mínimos para alojar trabajadores temporarios.
Desde el organismo explicaron que, si bien el control formal de las viviendas depende de otras áreas del Estado, los informes se elevan cuando la situación lo amerita. El problema, según remarcan, no es nuevo, pero sí cada vez más visible. La falta de inversión en infraestructura termina impactando directamente en quienes llegan desde otras provincias con lo justo, muchas veces sin una red de contención.
En paralelo, el flujo de trabajadores creció por encima de lo habitual. Cada temporada, el Alto Valle recibe entre 20.000 y 25.000 personas. Este año, sin embargo, la cifra superó ese rango y dejó en evidencia la fragilidad del sistema. Sin un contrato previo, muchos viajaron con la expectativa de conseguir empleo en destino, algo que finalmente no ocurrió.
Sin trabajo y sin pasaje de vuelta
Uno de los puntos más delicados de la temporada se vio en localidades como San Patricio del Chañar, donde la situación se volvió más visible. Allí, trabajadores y familias enteras permanecieron en espacios públicos, sin acceso a alojamiento ni ingresos. Terminales de transporte y centros de salud se transformaron, de hecho, en lugares de espera improvisados.
El problema no termina en la falta de empleo. Para muchos, volver a casa tampoco es una opción sencilla. El esquema actual facilita el traslado hacia la región —principalmente desde provincias del norte—, pero no garantiza el regreso en caso de no conseguir trabajo. Así, quienes no logran insertarse laboralmente quedan atrapados en una situación de vulnerabilidad difícil de resolver.
Desde el sector plantean que una posible salida sería coordinar mecanismos de retorno para quienes no consigan empleo, aprovechando los mismos circuitos de transporte. También se apunta a reforzar los controles en origen, promoviendo que los traslados se realicen con contratos previamente acordados.



