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El día en que la AFA llegó más lejos que el Estado
La liberación de Nahuel Gallo expuso un dato incómodo: mientras la diplomacia argentina acumulaba 448 días sin resultados, una gestión paralela encabezada por Claudio “Chiqui” Tapia logró destrabar su salida de Venezuela. Cómo se armó el operativo y por qué el Gobierno evitó mencionar a la AFA.
Durante 448 días, el nombre de Nahuel Gallo estuvo atado a una palabra incómoda: detención. El gendarme argentino había sido retenido en Venezuela el 8 de diciembre de 2024, en un contexto de creciente tensión entre el gobierno de Javier Milei y el régimen bolivariano. Desde entonces, la Cancillería activó gestiones diplomáticas, hubo contactos indirectos, reclamos formales y agradecimientos públicos a gobiernos como Estados Unidos e Italia, además del acompañamiento de la ONG Foro Penal. Pero el resultado concreto no llegaba.
La confirmación de su liberación sorprendió incluso en la Casa Rosada. No por la noticia en sí —que era esperada— sino por el camino que tomó. El regreso de Gallo no fue anunciado como fruto de una negociación oficial entre Estados, sino como parte de una operación en la que la Asociación del Fútbol Argentino tuvo un rol determinante. En otras palabras: el fútbol hizo lo que la política no había podido.
La trama silenciosa detrás del operativo
El movimiento empezó a tomar forma cuando Claudio Tapia, presidente de la AFA, activó un canal alternativo. El puente fue Jorge Giménez Ochoa, titular de la federación venezolana y hombre cercano a Delcy Rodríguez. En un escenario donde los vínculos diplomáticos formales estaban virtualmente congelados, el mundo del fútbol ofreció una puerta lateral.
La AFA tenía una delegación en Caracas por compromisos institucionales. Allí estaban Luciano Nakis y Fernando Isla Casares, dirigentes de confianza de Tapia. La posibilidad de que el gendarme fuera liberado bajo un “puente humanitario” vinculado a una entidad deportiva empezó a tomar cuerpo. Según trascendió, el propio Tapia evaluó viajar, aunque finalmente no pudo salir del país por una restricción judicial previa.
La escena final tuvo algo de película política: Gallo fue trasladado hasta el avión vinculado a la delegación argentina y desde allí emprendió el regreso. El Gobierno nacional confirmó la liberación y agradeció públicamente a los países que habían intervenido en gestiones previas, pero evitó mencionar a la AFA. El silencio no pasó inadvertido.
El trasfondo tampoco ayuda a la armonía. La relación entre la administración de Milei y Tapia viene cargada de tensiones. Desde cuestionamientos por el manejo de fondos hasta choques por el modelo de sociedades anónimas deportivas, el vínculo está lejos de ser cordial. En ese marco, que el presidente de la AFA aparezca como facilitador de una liberación internacional tiene una lectura que excede lo humanitario.
Un antecedente con aroma a déjà vu
Para quienes siguen la historia del fútbol argentino, la escena tiene ecos del pasado. En 2012, cuando la Fragata Libertad quedó retenida en Ghana por un reclamo del fondo NML Capital, la diplomacia argentina trabajaba contrarreloj para destrabar el conflicto. El caso escaló a tribunales internacionales y mantuvo al buque escuela 77 días varado en el puerto de Tema.
En paralelo a las gestiones oficiales, emergió una historia que con el tiempo se volvió casi leyenda: la intervención de Julio Grondona, entonces vicepresidente de la FIFA y presidente de la AFA.
Según el relato que circuló en ámbitos dirigenciales, Grondona habría utilizado su peso dentro de la estructura de la FIFA para presionar indirectamente a la federación de Ghana, cuyo presidente tenía vínculos con la justicia local. Sobre la mesa estaba una denuncia por irregularidades en categorías juveniles que podía derivar en sanciones deportivas. El mensaje, cuentan, fue claro: la fragata no podía seguir retenida.
Lo concreto es que, días antes de que el Tribunal Internacional del Mar ordenara la liberación “inmediata e incondicional” del buque, en los pasillos del fútbol internacional el tema ya estaba instalado. La Fragata Libertad finalmente regresó a la Argentina en enero de 2013, en medio de un acto multitudinario en Mar del Plata. Grondona no fue al puerto; la vio desde su casa, con una bandera argentina en la mano.
Fútbol, política y poder
Los dos episodios —separados por más de una década— muestran algo parecido: cuando los canales formales se traban, el fútbol argentino despliega redes propias. No es diplomacia clásica, pero funciona como un sistema de relaciones que atraviesa gobiernos, federaciones y organismos internacionales.
En el caso de Nahuel Gallo, la palabra clave es liberación. Esa es la síntesis que quedará en los titulares y en la memoria pública. La diferencia está en quién logró concretarla.
Mientras el Gobierno destacó las gestiones internacionales y evitó profundizar en los detalles del operativo, la AFA dejó en claro su agradecimiento a las autoridades venezolanas por la “sensibilidad” ante el caso. Dos relatos conviviendo sobre un mismo hecho.




