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boca de pozo

Centenario, sin fiado

Los detalles en Política Viral sobre el pase de factura por la deuda del tratamiento de la basura.

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Se le terminó el fiado a Centenario, esa libreta de almacén que a veces circula entre los intendentes que no llegan a fin de mes y tiene que rendir cuentas con los más grandes. Se terminó el crédito, y Mariano Gaido le bajó el pulgar y dejó a Esteban Cimolai en posición adelantada, con las cuentas.

Desde marzo, Centenario empezó a acumular una deuda que hoy trepa los $644 millones por el uso del Complejo Ambiental de Neuquén (CAN). No es un tema menor: sin ese espacio, no hay dónde tirar la basura. Centenario nunca tuvo un centro propio, y lo poco que se intentó hacer quedó desmantelado y enterrado en su propio fracaso. Claro que también estaba metida la política.

En estas horas, se intenta renegociar una deuda para que le puedan abrir la tranquera a los camiones. La historia comenzó hace tiempo con viejas deudas, gauchadas políticas y protagonistas que ya no encuentran aliados en esta nueva etapa de la política de Neuquén.

Centenario tiene una deuda con el tratamiento de la basura con Neuquén capital. Se le cortó la libreta de fiado.

Es que la ecuación es simple para los intendentes que no quieren volcar las gestiones. Primero hay que asegurarse el dinero de los sueldos, y después de los grandes gastos, en este caso, el de la basura.

Centenario paga 136 millones por la concesión a Cliba SA, $36 millones por el depósito en Basaa y $180 millones por “tasa de introducción de residuos” que cobra Neuquén a municipios externos. En total son 400 palos al mes, una cifra impagable, si no se hacen bien las cosas.

Hasta ahora, todo se sostenía en la magia del “después vemos”, tras el ajuste que padeció la provincia y los municipios por la abrupta caída del precio del barril de petróleo y las regalías. Todos se asustaron y empezaron a ajustar. Pero la idea de no pagar más el canon de la basura no fue la mejor, quizás, ahora con el diario del lunes.

Gaido tiene espalda por la recaudación y la gran economía que tiene la ciudad de Neuquén, y le cambió el libreto con los intendentes. También tiene sus propias batallas económicas, pero no con los de abajo, sino con Javier Milei que le debe mucho dinero en obras. Así que en estos días empezó a cobrar las libretas de los fiados.“No puedo subsidiar intendentes ineficientes”, dijo.

Esteban Cimolai, Mariano Gaido y Rolando Figueroa.

El intendente de Centenario está un poco enojado con el mundo, porque no entendió el juego de la política. Su antecesor Javier Bertoldi le quedó debiendo fortunas al EPAS por el agua en bloque de la Mari Menuco durante la pandemia, y él se tuvo que hacer cargo de ese muerto. Pero tan aceitados tenía los engranajes del poder, que nadie le dijo nada al caudillo peronista. Además, porque cree que esto de la deuda de la basura implica a otros actores. ¿Plottier debe y no se sabe nada? Quizá.

Un sello sin tinta y aliados sin cara

Cimolai no llegó a ser intendente por el Frente Neuquinizate ni de la mano de Rolando Figueroa. Todo lo contrario. Armó su propio sello, que es Somos Centenario, un partido hecho a imagen y semejanza de su gestión 2015–2019 con el espíritu de los pioneros. Le ganó por 370 votos al pollo de Figueroa, un médico gastroenterólogo que hoy es Director de Prestaciones Médicas del ISSN.

Pero ese proyecto ya no existe, forma parte de «la casta» e incluso tampoco hay apoyo de los de antes. Se fue cerrando en un círculo muy pequeño y familiar, caso como lo que le sucedió al exintendnete Javier Bertoldi. Un mal hábito de los pueblos, donde la desconfianza se traslada a los armados de la política.

El partido está dado de baja, y nadie sabe si fue a propósito o por simple abandono administrativo.  Y ahora, para poder refinanciar esta deuda impagable, tendrá que ir a tocarle la puerta a sus antiguos enemigos y viejos mentores: la familia Bertoldi.

Los mismos que antes lo apadrinaron, luego lo enfrentaron y ahora lo miran desde la provincia con el poder que otorga el juego bien jugado. Justamente Tanya Bertoldi, exsecretaria de Gobierno de la Municipalidad de Centenario (diputada nacional por el peronismo), hoy titular de la UPEFE y por donde pasa el dinero de la obra pública en Neuquén.

Administración en piloto automático

La administración municipal es como una botonera vieja y Cimolai no hizo lo que debía —o no pudo— apenas asumió. No se sacó de encima a los 250 recategorizados que dejó la gestión anterior, ni evitó que 125 personas ingresaran a planta permanente. Entre ellos, familiares de funcionarios y otros con poco más que el currículum de allegados. Todo eso tiene un costo. Y el costo es plata, más allá de lo político.

El municipio es una caja de resonancia donde las decisiones pesan y el intendente de Centenario eligió no hacer ruido por unos meses.

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Mientras tanto, los camiones de basura siguen esperando que alguien destrabe la barrera. Pero en esta película, ya no hay pases libres. Y la cuenta la va a tener que pagar. Con intereses. Y con enemigos que ahora son su única vía de salida.

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