Política
El peronismo recuperó la mística y la calle
Bajo asedio judicial, Cristina ejerce liderazgo, Larreta se sube al ring y Macri y Alberto twittean.
Horacio Rodríguez Larreta valló las inmediaciones del edificio de la Vicepresidenta, se tragó las llaves, pero olvidó salir.
Confiado en que la feligresía cristinista se congregaría en el Parque Lezama y en algunas otras plazas de la Ciudad, el alcalde porteño quiso avanzar en el control territorial sobre el barrio de Recoleta, convulsionado desde que se conoció el pedido de condena de los Fiscales Mola y Luciani contra la Vicepresidenta.
La movida ejecutada por la Policía de la Ciudad alteró los planes del peronismo, que sin mediar mayores cabildeos se movilizó de manera orgánica (en sentido literal) hacia el edificio que habita Cristina Kirchner cuando no está en ejercicio de la Presidencia.
Lejos de aflojar, la Policía reforzó el operativo con camiones hidrantes y efectivos de la fuerza de infantería. Generó un innecesario clima de tensión que fortaleció la convocatoria.
Avanzada la tarde, las calles de la reconcheta se convirtieron en un hormiguero de gente que coreaba consignas celebratorias del peronismo, abrazos con cervezas en lata, familias enteras con lágrimas en los ojos hablando a las cámaras de televisión y olor a sángueches de chorizo. Una imágen distópica para quienes hasta ayer nomás caceroleban en la esquina de Juncal y Uruguay.
Las provocaciones de la policía y las intimidaciones escalaron sobre una militancia desprovista de la utilería y los conocimientos básicos para este tipo de roces. El contraste entre los uniformados y quienese se manifestaban, más la mutitud que comenzó a ocupar los planos más largos de las cámaras de televisión obligaron a que los funcionarios de seguridad porteña negocien una salida con autoridades federales.
Si la policía fue para establecer el orden, es difícil entender qué ordenaron como para explicar su posterior retirada.
Sin querer queriendo, Larreta se subió al ring por la esquina que habitualmente ocupa Mauricio Macri y quedó encerrado en una pelea incómoda con la Vicepresidenta.
La ayudó a construir un escenario en el que ella no tiene que dar explicaciones sobre la coyuntura económica ni las causas con las que la persigue la justicia. Y lo más peligroso para sus propósitos: el peronismo parece recuperar las funciones orgánicas básicas que le han permitido subsistir como especie en el ecosistema político.
Con todo, si bien el alcalde porteño terminó el primer round desplegando un incómodo retroceso (táctico?) también se llevó lo suyo: Cristina apareció como una figura identificada con la anomalía en un país que pide a gritos lo contrario.
En el plano interno, Larreta redujo ayer a su principal adversario, Mauricio Macri, a un perfil de twitter. Pero un perfil de twitter que lo prefigura y lo obliga a ser una caricatura de líder de antaño.
La épica que recupera el peronismo lo reordena y refuncionaliza con el propósito básico de garantizar la libertad de Cristina. Un primer paso que no alcanza para ganar elecciones.




