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Cultura

La Justicia archivó la denuncia por antisemitismo contra Tomás Rebord

El conductor celebró la desestimación de la causa penal y calificó el proceso como un despropósito impulsado desde el oficialismo.

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Rebord

Tomás Rebord celebró en su habitual sala de streaming de jueves por la noche: la Justicia resolvió archivar la causa penal que se había iniciado en su contra. La denuncia original apuntaba a presuntas expresiones de carácter antisemita vertidas por el conductor en el marco de sus habituales editoriales en redes y streaming. Al conocerse el dictamen que puso fin al trámite formal, el propio Rebord recurrió a las plataformas digitales para expresar su satisfacción por el desenlace y manifestar que la resolución del conflicto representa un fuerte respaldo institucional a la libre circulación de ideas.

El origen del conflicto legal se remonta a los comentarios emitidos por el conductor radial en su programa habitual, donde había analizado con tono irónico la reiteración de las comitivas oficiales encabezadas por el presidente Javier Milei hacia territorio israelí. En aquella oportunidad, las críticas de Rebord se centraron en cuestionar la frecuencia y los propósitos espirituales de dichos traslados oficiales, lo que despertó un inmediato rechazo en sectores alineados con la Casa Rosada. A partir de allí, se articuló una presentación en los tribunales que pretendía encuadrar el análisis político y satírico bajo figuras delictivas vinculadas a la discriminación religiosa.

La denuncia contra Tomás Rebord fue presentada por el abogado Jorge Monastersky—con el entusiasta aval de Javier Milei, quien la calificó de «Masterclass» y arrobó a la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas). ¿Qué comentarios impulsaron la denuncia? Concretamente, en su «Edibordial» de Blender, Rebord puso la lupa sobre la extraña necesidad del Gobierno de aclarar que «los judíos no tienen nada que ver» con los incendios en la Patagonia y bromeó sobre la frecuencia mística de los viajes presidenciales a Israel. «¿Cuántas veces te podés emocionar con una pared de piedra?», lanzó sobre las visitas del mandatario al Muro de los Lamentos.

Tomás Rebord denunciado: la criminalización del malentendido

La denuncia contra Rebord se apoyó en la Ley de Actos Discriminatorios, una norma nacida en 1988 para proteger a grupos vulnerables de persecuciones reales. Sin embargo, su uso en este contexto resulta problemático por dos razones. Por un lado, configura una banalización, en este caso, del antisemitismo: si todo es odio, nada es odio. Al etiquetar una parodia sobre la obsesión de un mandatario como un «acto discriminatorio», se vacía de contenido la lucha muy necesaria y muy real contra el racismo y la discriminación cultural y religiosa.

Sobre esto, Rebord dijo: «Este tipo de denuncias son las que banalizan los problemas serios de antisemitismo. Si vos tenés una política persecutoria para con este tipo de expresiones no le estás haciendo ningún bien a las comunidades que son perseguidas por discursos de odio. Para qué sirve la ley de Actos Discriminatorios entonces: para evitar la organización de personas en pos de la discriminación, violencia, convocatoria a la violencia. Nada que tenga que ver con esto».

Por otro lado, genera un efecto disciplinador: cuando una figura como la del primer mandatario de Estado celebra estas denuncias opera sobre la libertad de expresión. A este segundo argumento, se le puede sumar la gravedad del doble estándar. El mandatario celebra una denuncia como la de Monastersky contra Rebord y, al mismo tiempo, visita foros internacionales y utiliza esa plataforma para calificar a todos los homosexuales como pedófilos.

Tras notificarse del cierre definitivo del expediente, Rebord ironizó sobre los intentos de magnificar el peso del armado judicial y cuestionó la lucidez de quienes consideraron que la denuncia original tenía fundamentos sólidos o representaba una lección jurídica relevante. En sus descargos públicos, vinculó este episodio con otros cruces previos que mantuvo en el plano virtual con la máxima autoridad del Poder Ejecutivo, recordando disputas anteriores en las redes sociales que incluso derivaron en restricciones de contacto digital por parte de la cuenta oficial de la presidencia.

El desenlace de la causa fue capitalizado por el comunicador como un triunfo en dos andariveles distintos, asociando la victoria tanto al terreno de la discusión en las plataformas digitales como al ámbito estrictamente formal de los pasillos de tribunales. Para el conductor, la desestimación de los cargos no solo despeja su panorama personal frente a las acusaciones de discriminación, sino que además frena lo que consideraba un peligroso precedente de persecución discursiva hacia las voces críticas del actual modelo de gestión gubernamental.

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