Política
Tomas de colegios: alumnos del Pellegrini y el Nacional Buenos Aires profundizan las protestas contra el ajuste educativo
En el marco de un paro nacional universitario, los estudiantes secundarios exigen el cumplimiento de la Ley de Financiamiento.
El conflicto en el sector educativo sumó un nuevo capítulo con la decisión de los estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA) y de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini de tomar sus respectivos establecimientos. La medida de fuerza fue resuelta el martes por la noche tras asambleas masivas en los tres turnos de ambos colegios. Con esta acción, las comunidades de estas reconocidas instituciones preuniversitarias vinculadas a la Universidad de Buenos Aires (UBA) decidieron trasladar el malestar de las aulas hacia una protesta directa contra las políticas de ajuste aplicadas por el Gobierno nacional.
La drástica resolución estudiantil se inscribe dentro de una jornada de lucha mucho más amplia que mantiene paralizada a la educación superior en todo el país. Paralelamente a las tomas de los colegios secundarios, comenzó un paro nacional de docentes universitarios convocado por gremios como Conadu y Conadu Histórica. Asimismo, la jornada del martes incluyó la realización de clases públicas frente al Palacio de Tribunales bajo la consigna «Señores jueces, que Milei cumpla la ley», con el objetivo de presionar por la efectiva aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario aprobada por el Congreso y actualmente judicializada.

Los estudiantes denuncian que la falta de actualización del presupuesto nacional está provocando un preocupante éxodo de profesionales debido a los bajos salarios. Según relataron representantes del Centro de Estudiantes del Pellegrini, en lo que va del año ya renunciaron 27 docentes porque sus sueldos no les permiten llegar a fin de mes. Para la comunidad educativa, la calidad académica de estas instituciones se encuentran bajo serio riesgo de desmoronamiento si no se frena la sangría del personal capacitado y con vocación pedagógica.
Más allá del impacto salarial en la planta docente, las protestas también exponen un severo deterioro de la infraestructura escolar y de los servicios esenciales de contención. Los estudiantes alertaron sobre el grave estado edilicio de las escuelas, que sufren problemas de goteras, paredes destruidas y agujeros en los techos. A esto se le suma una alarmante reducción del 50% en el cuerpo de psicólogos de la institución, una situación que los manifestantes calificaron como un «abandono total» a las herramientas de salud mental necesarias para asistir a los adolescentes ante problemáticas familiares, de consumo o de vulnerabilidad social.
Con el inicio de estas tomas y la extensión del paro universitario, la juventud se reinserta en la primera línea de la resistencia contra el recorte de fondos a la educación pública. Mientras las federaciones gremiales aseguran que defenderán el sistema «con uñas y dientes», el descontento de los estudiantes secundarios evidencia que la crisis presupuestaria ya trascendió las aulas universitarias.



