Connect with us
http://politicaviral.ar/wp-content/uploads/2022/06/apaisado-sin-fondo-politica-viral.png

boca de pozo

Se desploma la economía y Caputo hace el ridículo para justificar la caída

Publicado

en

Caputo FMI

La economía argentina cayó 2,6% en febrero respecto de enero, según informó este miércoles el INDEC a través del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). Se trató del peor retroceso mensual desde diciembre de 2023 y llevó a la serie desestacionalizada a su nivel más bajo desde julio de 2025.

En términos interanuales, la actividad también retrocedió: la baja fue de 2,1%, la peor marca desde septiembre de 2024. El dato cortó el relato lineal de recuperación que el oficialismo venía intentando instalar y volvió a poner en primer plano la debilidad de la demanda interna y el deterioro de sectores clave. Desde la cartera económica, hacen malabares para interpretar otra cosa y justificar el desastre.

Industria y comercio encabezaron el derrumbe

La baja de febrero tuvo responsables claros. La industria manufacturera cayó 8,7% interanual y el comercio retrocedió 7%, dos sectores decisivos para medir el pulso real de la economía.

Cuando se hunden la industria y el comercio, lo que se resiente no es sólo una planilla estadística: también se enfrían el empleo, el consumo y la circulación de ingresos en buena parte del mercado interno.

En el otro extremo, las principales incidencias positivas vinieron de energía y minería (+9,9%), agro (+8,4%) e intermediación financiera (+6%). Pero incluso en el agro, que sigue siendo uno de los motores del esquema oficial, la mejora perdió intensidad frente a los saltos de dos dígitos que se habían visto en diciembre y enero.

La foto de febrero volvió a mostrar una economía quebrada entre ganadores y perdedores. Mientras exportaciones, energía y algunas actividades vinculadas al frente externo siguen sosteniendo parte del nivel de actividad, los rubros más ligados al mercado interno continúan bajo presión.

La industria opera en niveles de crisis

El freno no sorprende si se mira lo que ya venía mostrando el frente fabril. En el primer bimestre, la industria utilizó apenas 54,1% de su capacidad instalada, el nivel más bajo desde comienzos de 2002, en plena crisis posterior al estallido de la convertibilidad.

En febrero, los rubros industriales más golpeados fueron los de insumos para la construcción y productos siderúrgicos (-11,8%), vehículos y autopartes (-7,3%) y productos de metal, maquinaria y equipo (-5%). En este último caso pesaron especialmente las bajas en maquinaria agrícola y electrodomésticos, dos sectores en los que crecieron las importaciones.

El dato deja una advertencia política evidente: el ajuste y la apertura importadora no están generando un nuevo ciclo productivo, sino una estructura más flaca, con menor uso de capacidad y menos músculo industrial.

Los propios empresarios no ven una mejora cerca

La última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC tampoco ofreció alivio. Los industriales no mostraron expectativas favorables para la producción, el empleo, la demanda interna ni las exportaciones de acá a mitad de año.

Entre los factores que más limitan la producción aparecen dos que resumen bastante bien el momento económico: demanda interna insuficiente y competencia de productos importados.

Es decir, el problema ya no pasa sólo por un mes malo o por un dato aislado. Lo que aparece es un cuadro más persistente de debilidad, con empresas que no ven señales firmes de reactivación y con un mercado interno que sigue sin reaccionar.

Advertisement

El Gobierno buscó relativizar el golpe

Frente al mal dato del INDEC, el ministro de Economía, Luis Caputo, salió a poner paños fríos. Su principal argumento fue que la tendencia-ciclo mostró una suba de 0,1% mensual y que ese indicador acumula casi dos años de expansión ininterrumpida.

Además, agregó dos explicaciones coyunturales: que febrero de 2026 tuvo dos días hábiles menos que febrero de 2025 y que en el mes se registró un paro general. La lupa con la que el ministro busca un detalle para matizar la interpretación de un dato que a todas luces es negativo, la pierde cuando aparece algún dato mínimamente positivo. Allí, prima la euforia y la evocación de una imaginería en la que el elenco económico se pasea desnudo o en bata, según la fantasía del enunciador.

Aunque la respuesta oficial intenta correr la discusión desde el derrumbe concreto del EMAE hacia indicadores más amables o factores circunstanciales, el dato duro sigue ahí: la economía cayó 2,6% en un solo mes y mostró su peor baja desde el arranque del actual gobierno.

La explicación de Caputo puede servir para matizar una parte del resultado, pero no alcanza para borrar el cuadro general. Porque lo que muestran los números no es sólo un traspié estadístico: muestran una economía que viene creciendo poco, con sectores enteros en retroceso y una recuperación demasiado concentrada en actividades puntuales.

Tampoco ayuda demasiado refugiarse en la tendencia-ciclo cuando el indicador que refleja la actividad efectiva del mes marca un golpe tan fuerte. Mucho menos en un contexto donde el consumo no despega, la industria opera en mínimos históricos de utilización y los empresarios no esperan una mejora clara en el corto plazo.