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Internacionales

Trump anticipó una salida militar de Irán en “dos o tres semanas”

Aseguró que no intervendrá en la reapertura del estrecho de Ormuz.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anticipó que las fuerzas militares de su país podrían abandonar Irán en un plazo de “dos o tres semanas”, una vez concluida la ofensiva que, según su propia definición, busca destruir la capacidad nuclear y militar de Teherán. La declaración fue parte de una nueva señal de repliegue después de más de un mes de guerra, aunque sin un acuerdo político cerrado y en medio de una región todavía al borde de una escalada mayor.

La frase marca un giro, pero no exactamente una desescalada. Trump no habló de una retirada producto de una pacificación duradera, sino del final de una operación que considera prácticamente cumplida. Para otros analistas, se trata de la aceptación de una derrota. Reuters consignó que el mandatario sostuvo que Estados Unidos se iría una vez que Irán quede lo suficientemente debilitado como para no volver a representar una amenaza nuclear. En paralelo, el New York Post publicó que Trump dijo estar negociando con sectores “más razonables” y “menos radicalizados” del poder iraní.

El dato político más fuerte no es sólo que Trump hable de salida, sino desde qué lugar lo hace. Según sus propias declaraciones, la negociación llega después de una ofensiva que Washington presenta como demoledora. En distintas apariciones públicas de las últimas horas, el presidente sostuvo que la operación ya destruyó miles de objetivos y que a Irán le llevaría años reconstruir parte de su infraestructura militar. Reuters, por su parte, señaló que la Casa Blanca sigue enviando mensajes ambiguos: a veces habla de acuerdo, otras veces plantea que el final de la guerra puede llegar incluso sin un entendimiento diplomático formal con Teherán.

Así y todo, Estados Unidos no pudo terminar con el régimen, que sigue al frente de Irán y con capacidad de daño.

Ormuz, el punto más delicado de la crisis

En ese marco, otra definición de Trump expuso un límite de la estrategia estadounidense: dijo que Estados Unidos no se hará cargo de reabrir ni de asegurar el estrecho de Ormuz una vez que se retire, y que esa tarea deberá recaer sobre los países de la región o sobre los Estados que dependen del paso marítimo. AP y el New York Post señalaron que el mandatario afirmó que la reapertura llegará “automáticamente” después de la salida estadounidense o que no será un problema que Washington asuma como propio.

Ese punto no es menor. El estrecho de Ormuz es uno de los corredores energéticos más sensibles del planeta y por allí circula cerca de una quinta parte del petróleo y del gas que mueve al mercado global. Que Trump anuncie una retirada mientras descarga sobre otros actores la responsabilidad por la seguridad de esa vía muestra hasta qué punto la administración republicana busca una salida rápida, pero sin asumir el costo completo del “día después”.

El repliegue que Trump quiere vender como éxito

El mensaje presidencial parece diseñado para un doble destinatario. Hacia adentro, Trump busca mostrar eficacia militar y capacidad de imponer condiciones. Hacia afuera, intenta que el retiro no se lea como retroceso, sino como misión cumplida. El problema es que la región sigue atravesada por ataques, cierres de rutas energéticas, tensiones con aliados y una guerra que ya impactó sobre los precios del petróleo, la estabilidad financiera y la política exterior estadounidense.

Por eso, más que un anuncio de final ordenado, lo de Trump suena hoy a otra cosa: una salida apresurada que quiere presentarse como victoria, mientras la negociación apenas empieza y el conflicto todavía no terminó de mostrar todas sus consecuencias.

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