boca de pozo
Figueroa en Houston: promesas grandes, preguntas sin responder
El gobernador salió a vender la provincia ante inversores con números que impresionan. Pero entre los datos y los anuncios, quedaron flotando algunas tensiones que no tienen respuesta fácil.
Rolando Figueroa viajó a Houston para la CERAWeek —la conferencia energética más importante del mundo— y habló como quien tiene todo bajo control. Deuda reestructurada, pobreza en baja, inversiones en camino y Vaca Muerta como carta mayor. El discurso fue prolijo y los números, concretos. Pero cuando se mira de cerca lo que dijo, aparecen algunas contradicciones que vale la pena poner sobre la mesa.
El gobernador prometió US$ 4.000 millones en obras de infraestructura hasta 2030, destacó que bajaron la deuda del 83% al 20% de los ingresos provinciales y habló de duplicar la producción en Vaca Muerta para fin de la década. Todo eso suena bien. El problema es que buena parte de ese horizonte depende de variables que Neuquén no maneja: el precio del petróleo, la estabilidad macroeconómica nacional y la voluntad inversora de empresas que tienen opciones en otros países. Figueroa lo sabe, y por eso estaba en Houston.

Lo que dijo y lo que no dijo
Uno de los puntos más llamativos de la entrevista fue su postura sobre el RIGI. Mientras muchos actores del sector piden que el régimen de incentivos sea permanente, Figueroa se diferenció: para él tiene que ser temporal, un empujón para acelerar decisiones, no una condición permanente. Es una lectura razonable, pero también deja abierta la pregunta de qué pasa cuando ese incentivo se termine y si las inversiones van a sostenerse sin él.
También habló del fenómeno migratorio interno con una franqueza poco habitual en un político. Reconoció que 21.000 personas por año piden cambio de domicilio a Neuquén, que eso genera una presión enorme sobre la infraestructura y los servicios, y que la provincia no está en condiciones de absorber más gente. «No promovemos para nada el asentamiento de familias en Neuquén», dijo sin vueltas. Es un dato importante que suele quedar tapado bajo los titulares del boom petrolero: el crecimiento tiene límites, y la provincia ya los está sintiendo.
El modelo que genera dudas
Figueroa pintó un cuadro donde el empleo privado crece, la pobreza baja y los jóvenes acceden a la universidad gracias al petróleo. Hay evidencia de que algo de eso está pasando: los números de empleo y los indicadores sociales muestran una tendencia positiva respecto al promedio nacional. Pero el modelo tiene una dependencia estructural que el propio gobernador reconoció de manera indirecta cuando dijo que «no saben por cuánto tiempo van a poder monetizar el subsuelo».
Una provincia cuya economía gira casi en su totalidad alrededor de un recurso no renovable, que recibe miles de migrantes por año que no puede contener, que necesita construir 160 aulas solo para los chicos que llegaron en 2025, y que planifica en base a que la producción se va a duplicar en cinco años… eso no es un problema, pero tampoco es un escenario sin riesgos.
Figueroa cerró la entrevista con una frase que resume bien el momento que vive Neuquén: «Siempre se dijo que los patagónicos nos quedemos tranquilos, que algo nos iba a tocar si al país le iba bien. Pero las cosas cambiaron. Si a Neuquén le va bien, a la Argentina le irá bien.» Puede que tenga razón. Lo que falta ver es si ese cambio tiene la solidez suficiente para durar más allá del próximo ciclo de precios del crudo.



